Por: Juan Sánchez-Mendoza22/11/2011 | Actualizada a las 22:29h
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La declinación
de Manlio Fabio Beltrones Rivera de ningún modo extraña a los analistas
políticos –y es que su actitud de los últimos días asomaba claramente
indiferencia ante la justa selectiva priista--, pero decepciona a los grupos
que secundaron su temprano interés de buscar la candidatura presidencial. Sobre todo
cuando el senador posee más experiencia administrativa que Enrique Peña Nieto.
Y más oficio político, como lo aseguran quienes dedicados están a la medición
de ambos ejercicios. Sin embargo
Manlio Fabio aduce haber tomado su determinación en aras de la unidad tricolor
y, sobre todo, para contribuir (él dice) al retorno del PRI a la residencia
oficial de Los Pinos. Pero
difícilmente habrá quien crea en sus palabras. Y no porque
renunciar a la aspiración de dirigir el destino de México durante seis años
--teniendo los atributos y cualidades para ello, las vías legales a su alcance,
la estructura partidista y la simpatía ciudadana--, el conglomerado social lo
considera una cobardía, más que reconocer en la determinación un desplante para
garantizar la estabilidad política no sólo hacia el interior del Revolucionario
Institucional, sino de la Patria misma, tan cansada ya de los mentados
gobiernos del cambio. Que Beltrones
Rivera no era la mejor opción, tiempo de sobra hubo para disuadirlo de su
pretensión. Y nadie pudo
lograrlo. Por el
contrario, desde hace más de un año y hasta anteayer, inclusive, dentro y fuera
del país hubo expresiones de apoyo a su aspiración inmediata. Incluso el mismo
Peña Nieto ha reconocido que Beltrones Rivera es un político valioso del
tricolor –mucho más que muchos otros--, y “digno aspirante a la candidatura
presidencial priista”. Entonces, ¿qué
pasó? Acuerdo en lo
oscurito Hace días, en
este mismo espacio, le comenté que Manlio Fabio no se inscribiría como
aspirante a la candidatura presidencial del PRI, pues sus desplantes reflejaban
claramente su separación de la justa. Hoy la decisión
está tomada. No sé si para
bien, o para mal. Lo cierto es que
se aparta del camino cuando sus simpatizantes no se lo esperaban –sí los
analistas políticos--, arguyendo que se retira por el bien nacional. ¡Bah! ¿Así de
fácil? No lo creo –y sé
que Usted tampoco--, por lo que deduzco que hay un trasfondo más peliagudo en
el asunto. Tanto que se le
pudo convencer de abandonar la contienda, siendo que Manlio Fabio no tiene en
su pasado mancha mala en lo político. Por el
contrario, él abrevó en don Fernando Gutiérrez Barrios (qepd) todo su
aprendizaje y lo ha practicado a la perfección. Es decir, los
entretelones del poder los conoce y maneja como pocos. Incluso es la
segunda ocasión en que rehúsa buscar la Presidencia de los Estados Unidos
Mexicanos. La primera vez
en que declinó fue en 1994 –tras el homicidio de Luis Donaldo Colosio
Murrieta--, cuando en su casa de la Ciudad de México un grupo de gobernadores,
senadores, diputados federales y secretarios del gabinete del entonces
presidente Carlos Salinas de Gortari, le ofrecieron ser candidato presidencial sustituto. Manlio Fabio se
negó –y ahí están los archivos hemerográficos que no admiten lugar a dudas--,
sugiriendo a Ernesto Zedillo Ponce de León como abanderado. En aquella época
mucho se especuló acerca de su decisión, pues en el momento Beltrones Rivera
estaba considerado el gobernador (de Sonora) más influyente de México –incluso
el político más fuerte, sobre los secretarios del gabinete federal--, y haber
rechazado la oferta lo hizo aparecer como un político mexicano ejemplar. Visto a la
distancia, el desplante del sonorense aún no se ha definido del todo. Por eso tampoco
podría determinarse con precisión qué motivos tuvo para el lunes 21 de
noviembre de este 2011, por la tarde-noche, hacer pública su segunda
declinación en la oferta que estuvo en sus manos de acceder a la candidatura
presidencial priista. ¿Qué hay de
fondo? ¿Por qué se rajó
Manlio? Sólo él lo sabe. Lo cierto es que
como él, hay contados políticos con tantos méritos. Cosa de dos Manlio Fabio
Beltrones Rivera, en su manifiesto, reconoce que la izquierda, pese a sus
contradicciones y haciendo política, las diversas corrientes han logrado
unificarse en torno a una candidatura que ha permitido superar sus diferencias
y ponerse de acuerdo. Obvio, la de
Andrés Manuel López Obrador. “Esto nos obliga
a acelerar el paso en la definición del candidato priista. Es una realidad que
no se puede ignorar, pues para ellos el adversario a vencer es el PRI, y en sus
observaciones o ven como el enemigo principal”, Esto quiere
decir que al mentado “Peje” Beltrones Rivera le concede toda posibilidad de
ganar las elecciones del 1 de julio de 2012. Por tanto, el
PRI obligado está a considerarlo realmente el enemigo a vencer. Del membrete
albiceleste, no hay siquiera motivo para ocuparse. Esto, simple y
llanamente, ya es un asunto de dos: López Obrador vs. Peña Nieto. Respuesta tardía Hasta donde sé,
el Gobierno Federal ya decidió fortalecer los operativos permanentes de combate
a la delincuencia organizada –por presiones del Tío Sam, cierto--, y en la
nueva acometida podrían intervenir agentes estadounidenses, pues para el
desmantelamiento de cárteles sólo se lograría si los dos países conjuntan
esfuerzos. En cuanto a la
disposición que esta vez muestra la Federación, debo advertir que ya era tiempo
de que les cayera el veinte allá en Los Pinos y dejaran al margen la lucha
estéril por imponer jerarquías, colocando en última instancia la seguridad y
tranquilidad de la población. Sé que hubo la
necesidad de que hiciera crisis esta problemática delincuencial y se
convirtiera en noticia diaria para que la Unión Americana obligara al señor de
Los Pinos a reconocer que en todo el país ya estaban prendidos los focos rojos. Por tanto, es
recomendable que las elites policíacas de la Federación se apliquen a fondo y
no sólo salgan de paseo o a dar exhibiciones paramilitares. E-m@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeados@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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