Por: Juan Sánchez-Mendoza21/11/2011 | Actualizada a las 22:29h
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El rumor es un recurso utilizado por quienes suelen
propagar versiones con la aviesa intención de distorsionar la realidad, pues
sólo de esta forma los antropófagos contienen la rabia que les produce no
acceder a las posiciones que por méritos propios les están negadas. Es también, el rumor, un mecanismo de comunicación
que se reproduce con rapidez entre los grupos formales e informales, llegando
incluso a sembrar inquietud y, en ocasiones, obligando al afectado a
desmentirlo públicamente. Por lo general provoca inestabilidad y viene a
llenar el vacío que genera la falta de información objetiva en torno a un
trance o tema. Su desplazamiento por el tejido social es paulatino
--y en ocasiones efectivo--, por lo que una vez que ha prendido tiene que ser
aclarado mediante una estrategia contundente que lo sitúe en su justa y real
dimensión. La fijación de los rumorólogos consiste en acuñar
un mensaje o una serie de versiones que tengan consistencia y algo de
credibilidad –hasta lógica, según sea el caso--, aunque partan de supuestos y
sean contrarios a la verdad, ya que ellos tratan de ganar la atención de la
opinión pública. De manipularla y hacerla copartícipe de sus intereses oscuros,
sin el menor pudor de que en ello va implícito el engaño, porque es
precisamente la hablilla malintencionada su mejor arma para buscar poder. De ahí que los servidores públicos, políticos,
operadores y profesionales de la comunicación, tengan que estar alertas ante
cualquier expresión que falte a la veracidad y trate de dañar una imagen
pública tergiversando los hechos. Surgido de mentes perversas, el rumor se convierte
en un arma que incluso puede llegar a afectar un proyecto político y a la
persona que lo encabeza. Habitualmente el rumor no tiene autoría en lo
individual, pero se incuba y reproduce entre los grupos de interés que lo
magnifican. Sobre todo cuando se trata de nulificar a “la
presa” y trazar una ruta hacia el logro de un propósito, normalmente
relacionado con el poder. De esta manera los funcionarios públicos son un
excelente caldo de cultivo para que se propaguen verdades a medias o mentiras
completas y fluyan de boca en boca hasta prender en el conjunto social. Más cuando los caníbales desempleados van en pos de
huesos con carnita pa’ tener ofrendas qué llevarle a su rey. Eso lo saben y bien en Palacio. Mando único policial Hay en Tamaulipas puntos de vista diferentes en
cuanto al Mando Único Policial –aun cuando éste ya cuenta con presupuesto--,
entre los integrantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Pero lo cierto es que todavía no hay fecha definida
para que el Congreso de la Unión reforme por enésima vez el artículo 115
constitucional, a fin de que la seguridad pública municipal no sea más
responsabilidad de los ayuntamientos, sino trabajo exclusivo del Gobierno Estatal,
a través de una corporación que le rendiría cuentas sólo a al organismo federal
creado ex profeso. Y de que habrá la supresión de distintas
corporaciones para crear una policía única, claro que se llevará a cabo. Esto vendría a coadyuvar al saneamiento de las
corporaciones cuya corrupción tanto ha exhibido la delincuencia organizada en
los cinco años más recientes, y, por consiguiente, derivaría en la creación de
una sola policía. De cualquier forma y hasta donde sé, la Secretaría
de Seguridad Pública de Tamaulipas ya puso en marcha un proyecto encaminado a
“limpiar” las corporaciones policíacas que en la entidad operan. En principio se han aplicado exámenes de evaluación
a todos los efectivos de la Policía Estatal Preventiva (PEP), policías preventivas
municipales, Policía Rural, Policía Integral y al personal de los centros de
readaptación social, a fin de relevar a los malos elementos que (se compruebe)
mantengan cualquier roce con el hampa. Y esa medida, por donde quiera vérsele resulta
sana. En el ámbito nacional marca el inicio de un
verdadero combate a la corrupción policial, y, por consiguiente, daría un nuevo
golpe a la delincuencia que tanto daño causa a la sociedad en los más de dos
mil municipios que existen en la República Mexicana. Con acciones como la aquí consignada, el gobernador
Egidio Torre Cantú (igual) confirma que en Tamaulipas se ejerce realmente una
cruzada contra los transgresores de la ley; y que en tierra cueruda no hay
impunidad ni se encubre a nadie, como lo ofreciera al inicio de su mandato y lo
ha cumplido cabalmente en los cerca de once meses que lleva al frente del Poder
Ejecutivo estatal. Por si fuera poco, sé que el mandatario ha dado
instrucciones de combatir frontal, eficaz e incansablemente toda conducta
delictiva; erradicar la inmunidad; aplicar las estrategias planteadas para con
ellas elevar los niveles de seguridad; y que todos los cuerpos policiales, sin
distingo de ninguna índole, brinden el apoyo necesario a las instancias
federales en la realización de su trabajo contra la delincuencia organizada. Problema inacabado Una de las complicaciones más graves que enfrenta
el país, precisamente es la inseguridad pública, aun cuando se cuenta con
reglamentos, policías y órganos avocados a proteger al individuo y a la
sociedad en su conjunto. Hasta hoy la delincuencia organizada y hasta la
común le siguen ganando la partida al Gobierno Federal. Con ello se evidencia que los planes, programas y
acciones de la Federación no pasan de ser un catálogo de buenas intenciones y
un argumento discursivo de los políticos. Habitualmente los medios de comunicación masiva,
nacionales y locales, dan cuenta de las atrocidades causadas por los maleantes,
sin que exista poder alguno que pueda frenarlos. A todas luces priva la impunidad. Y la irritación ha llegado a tal límite que la
sociedad ya salió de su marasmo y tomado las calles para expresar su
descontento ante la indolencia presidencial, pues el señor de Los Pinos, Felipe
Calderón Hinojosa, más que reconocer su tropiezo en la materia endilga el
fracaso a los gobiernos estatales. Incluso, el gobierno federal se ha dedicado a
emitir planes y más proyectos comprometiéndose a profesionalizar las policías;
concluir el registro personal de elementos; coordinar esfuerzos con las
diversas instancias de gobierno; publicar los datos relativos a la incidencia
de delitos federales; incrementar el uso del tiempo de que dispone el estado en
los medios, a fin de profundizar en la cultura de prevención y denuncia del
delito; depurar la PGR y la Secretaría de Seguridad Pública, entre otras
medidas. Sobre los resultados de tantos planes, hace días el
Presidente informó de cara a la sociedad que ha cumplido con lo propuesto. Sin embargo el grueso de los mexicanos opinan lo
contrario. Movimientos obsoletos Desde que Calderón Hinojosa asumió el compromiso de
combatir frontalmente al hampa, los delitos federales se han incrementado
considerablemente en relación a los índices registrados anteriormente. Y hay cosas peores: ante la evidente frustración en
el tema que hoy nos ocupa, el Presidente trata de enmascarar su gran mentira
aduciendo que su Gobierno, de ninguna manera, considera a la seguridad pública
como un asunto terminado, ya que en este rubro ningún avance es suficiente. Por fortuna la sociedad civil ya no se deja engañar
con la simulación a que es proclive el (segundo) “gobierno del cambio”. De ahí que algunas organizaciones no
gubernamentales (ONG’s) hayan cuestionado de inmediato los supuestos logros, al
considerar que el régimen federal simplemente desarrolla acciones desde el
punto de vista virtual y burocrático para “curarse en salud”. Quizá el señor de Los Pinos, su grupo de asesores y
los genios en seguridad pública tengan buenas intenciones, pero ocurre que es
una asignatura en la que sólo encontramos justificaciones incoherentes,
infundadas y por supuesto mediocres. Lo que sí hay que reconocerle al grupo en el poder,
es su gusto por la imagen, la mercadotecnia, las relaciones públicas y la
propaganda, aunque, claro, ello resuelve nada. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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