Por: Juan Sánchez-Mendoza20/11/2011 | Actualizada a las 22:23h
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Aun cuando en México existe una amplia y sólida
estructura jurídica que norma la conducta entre los individuos a través de
instituciones diversas, se adolece de cultura para acatar y respetar las leyes. Tan pronto entra en vigor un nuevo ordenamiento,
inmediatamente se incumple pese a tener conciencia de estar actuando al margen
de la ley; y que en razón de ello podría venir una sanción. Reza un principio jurídico que la ignorancia del
precepto no exime de la culpa al infractor, por lo que nadie se salva de verse
inmerso en problemas legales, en un momento dado, si como frecuentemente ocurre
soslayamos nuestras obligaciones como personas y ciudadanos. Lo peor del caso es que como “buenos mexicanos”
tenemos especialización en retorcer leyes y reglamentos, o en encontrarles las
interpretaciones que más nos favorezcan. Otra salida es recurrir al “influyentismo” o de
plano al cohecho, a fin de no ser alcanzados por el brazo de la justicia ante
un ilícito cometido. En el colmo del cinismo, hemos oído hasta la
saciedad la ordinaria frase que se sostiene que las leyes se hicieron para
violarlas; y a fuerza de tanto escuchar el absurdo algo se queda en el
colectivo social, como si fuera motivo de orgullo. De ahí que las autoridades todas, hoy quieran
inculcar de manera sistemática valores cívicos a los niños, adolescentes y
adultos, porque tarde se han dado cuenta de que la problemática corroe el
tejido social y no encuentran la forma de que la ley se respete. La descomposición En honor a la verdad, lejos estamos de alcanzar el
ideal propuesto por los tres niveles de gobierno –federal, estatal y
municipal--, toda vez que el mal es profundo. Contribuyen a la descomposición las marcadas
diferencias de clase, injusticias y falta de oportunidades para importantes
segmentos sociales que, en definitiva, no ven por ninguna parte la famosa y
pregonada equidad; menos el respeto a sus elementales derechos. Digamos a la salud, el trabajo y la educación. Claro que el camino para el respeto a la legalidad
no es la revuelta o la desobediencia pública ante tanta marginación y
desigualdad, pero sí la exigencia de que la autoridad cumpla lo establecido en
la ley y predique con el ejemplo. Ocurre que en reiteradas ocasiones los encargados
de aplicar la ley ignoran éstas, tanto o más que las organizaciones civiles y
los partidos políticos. Es aquí, entonces, cuando surge la necesidad de
recomendarle a las autoridades que abreven en la sentencia de que el juez, por
su casa empieza. Ya ve Usted que hay cuñados y hermanos, compadres,
socios y hasta asesores que cotidianamente quebrantan el marco legal y nadie
dice ni hace nada pa’ meterlos en cintura. Hartazgo beneficia al PRI Tomando en cuenta que el
Partido Acción Nacional (PAN) no puede o no quiere despegarse de la ubre
presidencial --por su costumbre añeja de al mismo tiempo mamar y dar de
topes--; que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) suele enamorar
únicamente al electorado de las entidades que le interesa gobernar; y que la
“chiquillada” –como se le llama peyorativamente al Movimiento Ciudadano (antes
Convergencia) y los partidos del Trabajo (PT), Verde Ecologista de México
(PVEM) y Nueva Alianza (Panal)--, pesca a río revuelto, las expectativas
de triunfo se allanan para el Revolucionario Institucional (PRI). No por el trabajo del
fragmentado Comité Ejecutivo Nacional (PRI) que preside Humberto Moreira
Valdez, aclaro; ni por la ambivalencia de los caciques sectoriales; tampoco por
la actuación del resto de los jerarcas que despachan y se despachan a lo grande
en la sede tricolor, sino por el hartazgo del electorado que ya no cree ni en
los partidos ni en la permanente campaña presidencial de Andrés Manuel López
Obrador. A ello obedece la apatía
electoral mostrada hasta el momento, y en eso, también, se fundamenta la
hipótesis de que los pocos votos que se registren el próximo 1 de julio del
2012 surgirán en el campo y a través del corporativismo político-partidista,
dado que el sufragio duro, el que se da en la urbe, desde hoy está negado para
los membretes y muchos de sus orondos aspirantes a las cámaras de Senadores y
diputados. Las encuestas más recientes
–las publicadas, porque sé de buena fuente que hasta la víspera comicial
seguirán elaborándose para el consumo interno de cada organización--, coinciden
en que el PRI se alzará con una victoria del 35%, mientras el PRD alcanzaría el
30% de la votación, el PAN un 20% y el resto de los partiditos se repartirían
el porcentaje sobrante, en el caso de los comicios para elegir senadores y
diputados, pues en el asunto del hándicap presidencial aparecen dos
coaliciones. Y es obvio que ese 100 por
ciento correspondería sólo al escrutinio final y no al padrón electoral ni a la
lista nominal, que, según advierten los especialistas, suma tres veces más el
número de sufragios previstos a ser emitidos. De cualquier forma la apatía
no desaparece ni hay un entusiasmo desbordado por el proceso electoral –al
menos en la comunidad en la que nos desenvolvemos--, pues los ciudadanos
coinciden en que el PRI, PAN y PRD son más de lo mismo, al tiempo que
desprecian la sola mención de la “chiquillada”. Convenio inhumano La emigración de mexicanos hacia los Estados Unidos
es un fenómeno que se registra cotidianamente a lo largo de la frontera que
compartimos con la potencia económica más importante del mundo. Nuestros compatriotas exponen su vida propia y en
ocasiones la de su familia, en su búsqueda de un empleo que les permita sobrevivir. Durante años y pese a las leyes, vigilancia y hasta
la represión recurrente de parte de las autoridades y los rancheros del vecino
país del norte, los ilegales han estado dispuestos a poner en riesgo su vida al
cruzar la frontera, aun sabiendo que del otro lado encontrarán el exacerbado
racismo que se esconde tras el aparente paraíso de la libertad. Pero puede más la necesidad que los temores a caer
en las garras criminales y así se lanzan a la aventura; incluso estando
conscientes de que no existen las condiciones ni garantías de que su humanidad
pueda ser respetada. Los medios de comunicación regionales, estatales y
nacionales, a diario dan cuenta de la fatalidad que persigue a los
indocumentados, que, cuando no sucumben en las aguas del Río Bravo o mueren
deshidratados en el desierto de Arizona y Nuevo México, son “cazados” por
bandas de fascistas que han incubado un odio desmedido en contra de razas
distintas a la suya, “orgullosamente blanca y superior”, según su infame
percepción. Incluso la patrulla fronteriza no se anda con
miramientos cuando captura a los indocumentados, a quienes somete de manera
avasalladora y represiva. Organismos independientes de ambos lados de la
frontera exhiben constancia de ello, al igual que lo han hecho los medios de
comunicación que recogen testimonios de la forma cruel e inhumana en que actúan
los uniformados en contra de nuestros compatriotas y hermanos latinoamericanos. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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