Por: Juan Sánchez-Mendoza15/11/2011 | Actualizada a las 22:40h
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En cuanto se enteraron que Andrés Manuel López
Obrador ganó las dos encuestas para definir la candidatura presidencial de
izquierda –aunque, en estricto apego a la verdad, esa medición se hizo para
sólo determinar la nominación del Partido de la Revolución Democrática (PRD)--,
quienes aspiran ser postulados por los membretes albiceleste y tricolor
adoptaron poses triunfalistas. Algunos sin razón, pues ambas candidaturas aún
están en veremos. De cualquier forma es interesante citar algunos de
esos desplantes. Enrique Peña Nieto, luego de darse a conocer la
convocatoria priista para elegir candidato presidencial, confirmó estar
dispuesto a enfrentarse a cualquier candidato de la oposición, por estar seguro
de que su partido ganará la contienda del 2012. Santiago Creel Miranda (PAN) igual dijo estar listo
para competir y ganarle a cualquiera, aun cuando “El Peje”, hace algunos años,
lo hizo morder polvo en su disputa por la jefatura de Gobierno del Distrito
Federal. Josefina Eugenia Vázquez Mota (PAN) se mostró
indolente ante el resultado de la encuesta, pues más que por López Obrador,
dice estar preocupada por la apatía ciudadana para participar en los comicios. Quien se vio más agresivo fue Ernesto Javier
Cordero Arroyo (PAN), pues aseguró que no hay de qué preocuparse con la
candidatura del mentado “Peje”, pues Acción Nacional ya le ganó en el 2006. ¿Y al respecto, por qué calló el senador Manlio
Fabio Beltrones Rivera? Contienda parejera El proceso electoral 2011-12, se supone, es el más
parejo de cuantos se han registrado en nuestro país desde que los militares
fueron obligados (por sus propios pares) a no participar abiertamente en
política (1945). De entonces a la fecha los civiles se han
enfrascado en luchas encarnizadas por acceder a Los Pinos. Pero fue a partir de 1988 cuando la otrora llamada
oposición al fin pudo acariciar la posibilidad de instaurarse en la jefatura
del Ejecutivo federal. En esa época el candidato presidencial del señor de
Los Pinos por vez primera tuvo que enfrentar un movimiento ciudadano espontáneo
que, azuzado por presuntos redentores políticos de extracción priísta, se volcó
en las urnas para sufragar en busca de un cambio. ¿Hacia dónde?. El grueso del electorado jamás pudo responder a la
pregunta, aunque su participación electoral se dio a tal grado que el propio
sistema político mexicano trastrabilló hasta que al entonces secretario de
Gobernación (Manuel Bartlett Díaz) el presidente (Miguel de la Madrid Hurtado)
le ordenó apagar las computadoras que minuto a minuto registraban la derrota
del abanderado tricolor (Carlos Salinas de Gortari) ante el candidato del
Frente Democrático Nacional (Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano). El desenlace es por todos conocido: se impuso el
poder omnímodo de Los Pinos y el hijo del “Tata” Lázaro no dijo ni pío, pues se
dice, supone y hay incluso quien dice tener las pruebas, de que a cambio de la
Presidencia de la República ganó en asuntos monetarios. Luego vino otra transición entre priístas: “El
innombrable” impuso como sucesor a Ernesto Zedillo Ponce de León, capitalizando
el descontento ciudadano por la muerte de Luis Donaldo Colosio. Su asunción al poder --el del político que se
retorcía de placer cuando le decían “la neta”--, lució tanto o más que la caca
del perico –que ni huele ni hiede--, pero en cambio cumplió cabalmente con la
intención de la corriente neoliberal de echar al PRI de la Presidencia de la
República. La actuación suya y de su parentela en el poder le
facilitó las cosas, pues bien pudo otra vez despertar al “México bronco” del
que tanto habló en vida el luchador social Manuel de Jesús Clouthier del
Rincón, hasta el grado de que el PRI sufrió en el proceso electoral del 2000 la
peor paliza electoral de que se tenga memoria. Y no tanto porque el candidato albiceleste haya
sido Vicente Fox Quesada –esto debe quedar muy en claro--, sino porque de nueva
cuenta el pueblo mexicano se volcó en las urnas para emitir su voto de castigo
en contra del membrete que desde la llamada posrevolución se hubo enquistado en
el poder para vender al país y sangrar aún más la deplorable economía de
millones de compatriotas. Obvio es que el antaño bronco, arisco, elemental e
inculto Fox Quesada –aclaro: lo es todavía--, se vio beneficiado con el
descontento ciudadano. Y tan es así que pese a sus torpezas, banalidades,
frivolidad y ausencia de rumbo, estuvo durante seis años al frente de una
administración que jamás debió asumir, pero por azares del destino cayó en
manos suyas y de su segunda mujer, Marta María Sahagún Jiménez. Él mismo contribuyó en el mayor porcentaje a
revivir el descontento del pueblo; al hartazgo por la política; al surgimiento
de falsos líderes como Felipe Calderón Hinojosa, Roberto Madrazo Pintado y
Andrés Manuel López Obrador, sin considerar a otros oportunistas como Patricia
Mercado, Roberto Campa Cifrián y los que manipulan los sindicatos empresariales
y las gavillas sectoriales de los partidos con registro oficial. Su delfín en el proceso electoral del 2006,
Santiago Creel Miranda, fue incapaz de ganar el proceso interno del PAN, por lo
que Calderón Hinojosa se convirtió en candidato presidencial. En la contienda éste no logró alzarse con una
victoria contundente sobre el abanderado de izquierda, Andrés Manuel López
Obrador –quien sí ejercía y ejerce todavía un liderazgo ciudadano auténtico--,
pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (también conocido
como Trife) decidió proclamarlo vencedor de la contienda, ante el descontento
del pueblo mexicano que otra vez se sintió burlado en su participación
electoral. Ausencia de propuestas En plena víspera del año electoral, es evidente que
ningún partido ha logrado penetrar con fuerza en el ánimo sociopolítico y sí,
por el contrario, sus aspirantes presidenciales y al Congreso de la Unión
generan hartazgo al exhibir bajo nivel de competencia en su búsqueda de las
candidaturas (los primeros) y precandidaturas ( los otros), con el rollo de que
están esperando las convocatorias respectivas. Esto ocurre también porque los mentados, sus
panegiristas y uno que otro aprendiz de político han sustituido la sana
competencia con el pleito callejero. A la menor provocación se lanzan a la yugular del
adversario –con todo--, sin que les importe que los ojos de la ciudadanía estén
puestos en ellos ni que sus riñas motiven la crítica fundamentada de los medios
de comunicación masiva, que ante lo insulso de las ofertas optan por destacar
otros acontecimientos. Más cuando todos sabemos cuáles son los problemas
centrales que aquejan a la población; y enseguida porque el mensaje de los
“suspirantes” no aporta mucho, aun cuando en las entrevistas de prensa o en su
perorata saquen a relucir la trillada letanía: empleo y seguridad, justicia y
educación; amén de un sinnúmero de apoyos, aumentos, disminuciones, becas y la
creación de instituciones. Así, lo que ve, lee y escucha el elector, en todo
caso no pasa de ser un catálogo de buenas intenciones, cuya diferencia entre
uno y otro proyecto lo marca el énfasis que cada cual aplica a su discurso. El problema de bajo perfil que registra su
proselitismo no se da porque expongan las necesidades de los segmentos
poblacionales que habitan en el país, sino por la manera ambigua en que
plantean superar dichas carencias y rezagos. Es decir, no exponen con claridad cuáles son sus
estrategias específicas, partiendo de lo que hasta ahora se ha realizado y
dejado de hacer. Esto es lo que podría distinguir a un proyecto de
otro. E-m@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeados@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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