Por: Juan Sánchez-Mendoza02/11/2011 | Actualizada a las 23:32h
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La apertura
democrática en México no se dio en agosto de 1990 --con la expedición del
Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe)--, como
erróneamente lo divulgan consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE), sino
durante el sexenio de José López Portillo, al ser creada la Ley Federal de
Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (Loppe) –cuya autoría se
atribuye a Jesús Reyes Heroles--, que otorgó legalidad a las fuerzas políticas
antes proscritas. Hacia la segunda
mitad de la década de los setentas, el mosaico político sólo contemplaba con
registro oficial a los partidos Acción Nacional (PAN), Popular Socialista
(PPS), Comunista Mexicano (PCM), Socialista de los Trabajadores (PST) y
Revolucionario Institucional (PRI). Pero con la Loppe
otras expresiones alcanzaron el grado de partidos nacionales como el
Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Mexicano de los Trabajadores
(PMT), al igual que en su oportunidad lo hiciera el Auténtico de la Revolución
Mexicana (PARM). El reconocimiento
oficial a esos membretes, por cierto, mereció la anuencia gubernamental sin
ningún problema. Y es que desde
mucho antes de ser creada la Comisión Federal Electoral (1973) –que en poco o
nada participó en la redacción de la ley en la materia--, áreas específicas de
la Secretaría de Gobernación y la Presidencia de la República se manejaban a su
libre arbitrio –por ser las responsables de los procesos comiciales--,
otorgándoles registros a las organizaciones afines a ellas pese a que éstas,
regularmente, no cubrían los requisitos mínimos exigidos por la misma autoridad
gubernamental; y al mismo tiempo ponían trabas a los grupos que consideraban
peligrosos. Es decir, se daba
una auténtica simulación democrática, pues en realidad los partidos tenían que
mantenerse sujetos a la supervisión gubernamental, que concedía y cancelaba
proyectos basado en la conveniencia del sistema. Ese rosario de
membretes sirvió de válvula de escape a miles de mexicanos que empezaban a
sufrir el hartazgo y la imposición de un solo partido, “el oficial” --ostentaba
el orgullo de ser heredero de la Revolución Mexicana--, aún con toda la
manipulación y el control ejercido desde los altos mandos de la estructura gubernamental. La también llamada
“primavera política” --hay teóricos y analistas que insten en citarla así--,
que trajo la Loppe, propició que muchos rebeldes que optaron por la vía armada
a fin de modificar el “status Quo”, una vez aminorada la represión, pidieran su
incorporación a los partidos afines a la ideología que profesaban, además de
ser absueltos por los delitos cometidos durante el tiempo de su asonada. Ello acabó con la
distensión del ambiente que privó a lo largo de casi dos décadas en el país,
abriendo la posibilidad de que todos los partidos tomaran parte en los procesos
electorales y se disputaran el poder, aun cuando existieran condiciones
limitadas para ello merced al minucioso control político gubernamental. Algunos dirigentes
de izquierda y derecha coincidieron en señalar que con esa apertura las
autoridades pretendían redimir pecados, pero de ninguna manera buscaban
compartir en condiciones de equidad y menos abandonar el poder vía las urnas. Decisiones
verticales De esta forma, los
más difíciles conflictos electorales en la época de López Portillo, Miguel de
la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari se resolvieron en las oficinas de
Gobernación y no en las urnas, como se supone debería ser; y los problemas
registrados en los procesos del 2000 y 2006 tocó sancionarlos al Instituto
Federal Electoral (IFE), que tampoco canta mal las rancheras en eso del
autoritarismo y la parcialidad para inclinar la balanza. No obstante la
aceptación de los partidos bajo el amparo de la ley, el establecimiento de
nuevas reglas de participación política y la (cuestionable) autonomía que hoy
distingue a los órganos electorales, hay avance democrático. Pero quizá sólo en
la letra, pues en la práctica la legislación vigente mantiene prácticamente
amordazada toda expresión político-partidista que no comulgue con el actual
señor de Los Pinos. Elección de Estado Un comentario
harto socorrido en las contiendas políticas más recientes, sobre todo en las de
nivel federal, subraya la existencia de una elección de Estado. Pero más que eso,
lo que se quiere denunciar es una serie de problemas que impiden a las
instituciones electorales cumplir a cabalidad su encomienda, o bien
desacreditar su participación en las justas electorales por el costumbrismo de
pescar a río revuelto. Leamos algunos
motivos que alientan la hipótesis: Existe la
presunción de que los organismos electorales no actúan de manera imparcial y
que inclinan su preferencia hacia un segmento de los contendientes,
generalmente hacia el membrete albiceleste; 2) Subyace la idea
de que los órganos electorales que se dicen imparciales son una prolongación
del gobierno federal, y que por lo tanto defienden a ultranza los intereses que
representan; y 3) Se presume que
la nueva ley y las modificaciones que se llevan a cabo en materia electoral,
tienen por finalidad mejorar y transparentar los procesos electorales, pero los
opositores al régimen cuestionan en forma permanente esta circunstancia, ya que
afirman que ello se realiza en aras de favorecer al partido que detenta el
poder. Lo señalado,
repito, es parte de los que algunos políticos manejan como una elección de
Estado, misma que aparte de lo anterior consiste en utilizar la fuerza del
Gobierno Federal y sus recursos a favor del Partido Acción Nacional (PAN). Buscando
imparcialidad Con respecto al
proceso electoral actual, todas las corrientes antagónicas al albiceleste
elevan su voz con el propósito de ser escuchadas en sus demandas de
imparcialidad. Piden que el
Gobierno Federal no incidan en la contienda que se hoy vive a través de sus
delegados; y que las visitas que los colaboradores del señor de Los Pinos hagan
a las entidades federativas no estén orientadas a la manipulación ciudadana. Esto lo han denunciado
hasta distinguidos militantes priistas, quienes sostienen que en la provincia
mexicana ya empezó a funcionar la elección de Estado que pretende sacarle el
mayor provecho al proceso cuyos comicios están programados para desarrollarse
el uno de julio de 2012, pero en las instancias electorales, porque en las
urnas, a como se ven las cosas, resultaría casi menos que imposible. Se hace camino al andar *** Aprovechando el “puente” del día de muertos,
los senadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) finalmente dieron
su aval para sacar avante el paquete económico propuesto por Felipe calderón
Hinojosa para el ejercicio fiscal del 2012. *** Y eso que cuando buscaron el voto que los
llevara al Congreso de la Unión, igual que los diputados federales, prometieron
que en su ejercicio constitucional defenderían los intereses del pueblo. *** Ya ve Usted que no. Que todo fueron promesas
vanas para conseguir su objetivo y ya en ambas cámaras poco o casi nada quieren
saber de sus representados, pues lo que más cuenta para ellos es no quedar
fuera del reparto del pastel electorero, aun cuando sus actitudes sean lesivas
para quienes los elegimos. *** A ver, entonces, cuándo con todo cinismo
vuelven a mendigar nuestros sufragios para ocupar nuevos espacios, pues para
ellos el pueblo no tiene memoria. En fin… Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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