Por: Juan Sánchez-Mendoza26/10/2011 | Actualizada a las 22:33h
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Va pa’ largo creación de mando único Egidio hace la tarea en tiempo y forma Arrogancia yanqui ante la inseguridad Hacienda no ve contrabando de autos No hay fecha aún definida para que el Congreso de
la Unión reforme por enésima vez el artículo 115 constitucional, a fin de que
la seguridad pública municipal no sea más responsabilidad de los ayuntamientos,
sino trabajo exclusivo del Gobierno Estatal. Pero de que habrá la supresión de distintas
corporaciones para crear una policía única por entidad federativa, claro que se
llevará a cabo. Esto vendría a coadyuvar al saneamiento de las
corporaciones cuya corrupción tanto ha exhibido la delincuencia organizada en
los años más recientes, y, por consiguiente, derivaría en la creación de una
sola policía estatal. De cualquier forma y hasta donde sé, aquí en
Tamaulipas la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) desarrolla un proyecto
encaminado a “limpiar” las corporaciones policíacas que en la entidad operan. Y como parte de éste desde hace algunas semanas se
aplican exámenes de evaluación a todos los efectivos de la Policía Estatal
Preventiva (PEP), policías preventivas municipales, Policía Rural, Policía
Integral y al personal de los centros de readaptación social, a fin de relevar
a los malos elementos que (se compruebe) mantengan cualquier roce con el hampa. La medida, por donde quiera vérsele resulta sana,
pues marca el inicio de un verdadero combate a la corrupción policial y, por
consiguiente, daría un nuevo golpe a la delincuencia que tanto daño causa a la
sociedad en los 43 municipios que existen en el estado. Con acciones como la aquí consignada, el gobernador
Egidio Torre Cantú (igual) confirma que en Tamaulipas se ejerce realmente una
cruzada contra los transgresores de la ley; y que en tierra cueruda no hay
impunidad ni se encubre a nadie. Por si fuera poco, sé que el mandatario ha dado
instrucciones de combatir frontal, eficaz e incansablemente toda conducta
delictiva; erradicar la inmunidad; aplicar las estrategias planteadas para con
ellas elevar los niveles de seguridad; y que todos los cuerpos policiales, sin
distingo de ninguna índole, brinden el apoyo necesario a las instancias
federales en la realización de su trabajo contra la delincuencia organizada. Así lo acordó con la instancia federal y lo cumple
en tiempo y forma. Embate yanqui La arrogancia con la cual Estados Unidos pretende
calificar la actuación de México en la lucha contra la delincuencia organizada,
merece el rechazo y la desaprobación unánime de nuestro pueblo y las
autoridades gubernamentales y legislativas, cuando menos, porque el tráfico de
drogas encuentra su origen precisamente en la enorme demanda de estupefacientes
que cotidianamente reclaman los viciosos allende el Río Bravo. Sin embargo el costo social y las consecuencias de
la “ley del narcomercado” y su solución pretenden endosarla a nuestro país,
que injustamente sufre problemas en materia de seguridad pública,
criminalidad, violencia y hasta desprestigio. Además resulta totalmente reprobable identificar
con las instituciones a los servidores públicos que de manera individual
sucumben ante la tentación de ganancias fáciles provenientes del narcotráfico
y/o diversos delitos. El pueblo de México, por fortuna, se ha convertido
en el “pararrayos” que evita una mayor oferta de drogas para el ávido mercado
norteamericano. Véanse si no las estadísticas sobre los cientos de
toneladas de enervantes decomisados, destruidos e incinerados en los últimos
años; y compárense con el consumo doméstico. Más todavía: de manera dolosa el gobierno gringo ha
encontrado en las acusaciones sin fundamento un rico filón para presionar a
México porque está interesado de que sometamos nuestra soberanía a los dictados
de sus corporaciones policíacas como la DEA, CIA y FBI. ¿Y qué hace al respecto el Gobierno Federal? El poder de la información Una sociedad bien informada, como la nuestra, poco
caso hace a las injurias de quienes anhelan el poder que les está negado. Ya por no confiar en la oposición, o porque simple
y llanamente no está dispuesta a dejarse engañar, otra vez, con acusaciones
simplonas producidas al calor de la impotencia. Por ello esta ciudadanía bien informada, en lo
sucesivo, podría dar real sustento a la política y restarle poder a las
camarillas, a la filtración, al rumor y otros instrumentos de política arcaica. Los tamaulipecos ya no deseamos confusión. Todos merecemos estar enterados del alcance y los
objetivos de la acción gubernamental y de las acciones partidistas, para
enseguida dar lugar a interpretaciones responsables que remonten nuestra dañada
credibilidad. No para continuar confundidos, ni ser de nuevo
presa fácil del oportunismo que por siempre ha caracterizado a quienes son
oposición, al menos en el estado. Si usted ha observado en los últimos tiempos los
aceleres de quienes dicen mandar en los partidos Acción Nacional (PAN) y de la
Revolución Democrática (PRD), o de sus testaferros, arlequines, corifeos y
panegiristas, de inmediato se dará cuenta que sólo buscan desestabilizar a la
entidad. Por eso hay que frenarlos. Los “chocolates” La permanencia de
vehículos extranjeros en territorio nacional no es asunto privativo de
Tamaulipas. Se da en casi
todas las entidades del país, aunque registra mayores índices en los estados
fronterizos con la Unión Americana: Tamaulipas, Baja California, Sonora,
Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Refiero lo
anterior porque según estimaciones de la propia Secretaría de Hacienda y
Crédito Público (SHyCP), a lo largo y ancho de la República Mexicana (1’ 972,
547 kilómetros cuadrados) circulan alrededor de dos millones de vehículos
“chocolates” irregulares (entre camionetas, camiones y automóviles), y en el
caso particular de Tamaulipas, se maneja una cantidad superior a las 350 mil
unidades. Estas cifras, sin
embargo, no han podido corroborarse porque las autoridades fiscales, como de
costumbre, se muestran indolentes para levantar un censo que nos permita
conocer con mayor precisión de cuántos vehículos irregulares estamos hablando;
su procedencia, su verdadera situación legal, y, por supuesto, en manos de
quien están esos automotores que no han sido decomisados aun cuando su
presencia en el país es ilícita. Lo peor del
caso es que la mayor parte de sus poseedores no sabe manejar y menos conoce el
reglamento vial, por lo que cotidianamente provocan accidentes sangrientos y su
chatarra es abandonada en el lugar de los hechos. Sé de casos
concretos en que conductores de “chocolates” han atropellado motociclistas y
peatones, se han impactado con casas-habitación y comercios, además de otros
vehículos de procedencia nacional y modelos recientes, y en lugar de responder
por su falta de pericia ante el volante, lo menos que hacen es lloriquear su
irresponsabilidad en busca de la conmiseración humana que los saque del
problema que ellos mismos ocasionaron, aunque lo más grave es que enseguida de
la colisión los poseedores de esos “chocolates” abandonan la unidad y huyen de
la zona para no pagar por su delito. A muchos los puede
ver en los estacionamientos de los centros comerciales, pues suelen circular en
sentido contrario, usar los cajones destinados a los minusválidos y mujeres
embarazadas y barrer con la mira a los transeúntes que osan cruzarse en su
camino. Sólo los
inspectores de Hacienda no los ven. ¿Pa’ no
infraccionarlos o, de plano, evitar decomisarles la chatarra que por ley debe
recogérseles por ser evasores fiscales sorprendidos in fraganti? Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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