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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Encuestas a modo

Por: Juan Sánchez-Mendoza 26/09/2011 | Actualizada a las 22:26h
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Las usan pa’ influir en procesos electorales
Hubo casos en que se alteraron resultados
La Federación oculta devaluación del peso
Beneficio a los propietarios de automotores
 
En los últimos meses el país entero ha sufrido la invasión de algunas empresas encuestadoras que de una u otra forma pretenden influir en la sucesión presidencial adelantada --quizá instruidas por sus contratantes o tal vez con el ánimo de generar confusión entre el sufragante--, sin que nadie atine a explicar cómo les nació tanto interés por una justa desigual, tomando en consideración que el PRI aventaja por mucho a sus opositores antes de arrancar siquiera la cerrera formal.
 
Hasta donde sé, las encuestas deben ser tomadas en cuenta para medir las preferencias sobre un artículo, persona o tema específico, por ser parte indisoluble de la mercadotecnia orientada a su venta –claro que siempre y cuando se hagan con el profesionalismo requerido--, pero aquí se da el caso de que los muestreos de opinión pretenden utilizarse para distraer la atención y cuidar el objetivo de fondo.
 
En un estudio riguroso de los procesos y las tendencias sociales, las encuestas podrían ser un instrumento muy valioso a condición de que se realicen con metodología científica, pero en el caso que nos ocupa su excesivo manejo echa por tierra la objetividad e imparcialidad, al tiempo que las deslegitiman y causan desconfianza entre sus receptores.
 
Como beneficiarios o víctimas de la cascada de encuestas –ahora se le llama a este fenómeno “la encuestitis”--, surgen los aspirantes a las candidaturas presidenciales de los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y del Revolucionario Institucional (PRI) que las encabezan, pues el sufragante común muestra indiferencia ante sus resultados, mientras la clase política llega el hartazgo y en lugar de darles crédito empieza a pitorrearse de ellas.
 
No obstante y en menoscabo de los membretes que aparentemente dan la cara, debo reconocer que los sondeos sí reflejan el sentir ciudadano.
 
Menospreciar sus resultados sería una acción irresponsable, por ser (casi) copia fiel de lo que se palpa, se ve, se escucha todos los días sobre el tempranero hándicap presidencial 2012.
 
Que si fulano de tal ha venido de más a menos, o que si suben los bonos del otro ¿a quién interesa realmente?, pues a decir verdad las cifras poco o nada aportarían en la decisión final, salvo que satisficieran a quien en verdad tiene la decisión en sus manos.
 
Credibilidad cuestionada
 
Todas las encuestadoras pretextan hacer un trabajo independiente y no por encargo, lo que se antoja casi imposible si consideramos que para el levantamiento de un muestreo como el que realizan se requiere, cuando menos, pagar salarios a los encuestadores, coordinadores y especialistas en el manejo de los cuestionarios aplicados; viáticos (transportación, hotel, alimentos, teléfono, papelería, etcétera); gastos de operación y los imponderables que surjan durante el tiempo del levantamiento y/o la ejecución del estudio.
 
Y es el anonimato de sus financiadores, precisamente, lo que despierta la sospecha en cuanto a su credibilidad. Eso y el hecho de que los remitentes de los documentos no den la cara.
 
Por otro lado, se dice que las encuestas son malas consejeras, pero todavía así nuestra sociedad es bombardeada con la “encuestitis” aguda.
 
Encuestas van y vienen, simulando ser retratos instantáneos de la percepción del común de la gente ante los acontecimientos y sus actores en México.
 
Las encuestas normalmente no reflejan la realidad, pero sí un supuesto de ésta.
 
Así tenemos que la realidad puede cambiar. Por ejemplo, disminuir drásticamente las preferencias electorales de un actor, pero la percepción de la gente no cambia, por lo que para el grueso de la población otras son las imágenes que siguen igual o están creciendo.
 
De igual forma, las opiniones del común de la gente que nutren las encuestas normalmente están contaminadas por lo que publican los medios de comunicación masiva que tienen el poder de hacer aparecer el negrito en el arroz, cambiando la percepción de la realidad de miles de personas, prácticamente en minutos.
 
De ahí que considere que los aspirantes más serios a las candidaturas a legisladores federales, por ningún motivo, deben tomar decisiones trascendentes basándose en las encuestas, aun cuando éstas no son del todo inútiles.
 
Usándolas con inteligencia pueden servir como herramienta de medición para conocer la distancia que hay entre la percepción del común de la gente y la realidad que conocen los expertos.
 
Hay devaluación
 
Por más que el Gobierno Federal pretenda disfrazar la devaluación del peso, aduciendo que la crisis financiera mundial impacta en nuestra moneda igual que en otras divisas como el dólar y el euro, hay vaticinios catastróficos (externados por especialistas) que no admiten dudas en cuanto a su real desvalorización.
 
Por supuesto que los bancos adquieren la divisa verde a precios preferenciales, pero en lugar de contribuir al sostenimiento del peso trasladándola a los capitales domésticos, optan por vender los dólares en el extranjero y ello ha contribuido, también, a la fuga de recursos, pues al darse cuenta de tal maniobra los especuladores (léase los hombres más ricos de México) de inmediato optaron por cancelar cuentas y trasladar su dinero a mercados menos especulativos.
 
Muchos de estos enredos, con justificada razón, no los entiende el grueso del conglomerado que puebla el territorio nacional, pero sí entiende que la política del Gobierno Federal está encaminada a privilegiar sólo a los ricos.
 
Por eso insisto, ya (casi) nadie cree en las promesas redentoras del mentado “hijo desobediente”.
 
Lo cierto es que existe devaluación y que aun cuando el señor de Los Pinos se niegue a declararlo, la sufrimos día con día los alrededor de 130 millones de mexicanos.
 
Y más quienes pueblan la frontera norte del país.
 
 
Hay desestabilizadores
 
Una sociedad bien informada, como la nuestra, poco caso hace a las injurias de quienes anhelan el poder que les está negado.
 
Ya por no confiar en la oposición, o porque simple y llanamente no está dispuesta a dejarse engañar, otra vez, con acusaciones simplonas producidas al calor de la impotencia.
 
Por ello esta ciudadanía bien informada, en lo sucesivo, podría dar real sustento a la política y restarle poder a las camarillas, a la filtración, al rumor y otros instrumentos de política arcaica.
 
Los tamaulipecos ya no deseamos confusión.
 
Todos merecemos estar enterados del alcance y los objetivos de la acción gubernamental y de las acciones partidistas, para enseguida dar lugar a interpretaciones responsables y reforzar nuestra dañada credibilidad.
 
No para continuar confundidos, ni ser de nuevo presa fácil del oportunismo que por siempre ha caracterizado a quienes son oposición, al menos en el estado.
 
Si usted ha observado en los últimos tiempos los aceleres de quienes dicen mandar en los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), o de sus testaferros, arlequines, corifeos y panegiristas, de inmediato se dará cuenta que sólo buscan desestabilizar a la entidad.
 
Por eso hay que frenarlos.
 
Se hace camino al andar
 
*** La condonación de multas y recargos por concepto del impuesto sobre tenencia y derechos de control vehicular, es una buena acción del gobernador Egidio Torre Cantú, pues a falta de recursos suman miles los poseedores de automotores que no han podido regularizar la situación de sus unidades.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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