Por: Juan Sánchez-Mendoza23/09/2011 | Actualizada a las 09:09h
La Nota se ha leído 1655 Veces
Beatriz Collado Lara pocas iniciativas
ha presentado al pleno legislativo, en su calidad de diputada plurinominal del
membrete albiceleste, pero a cambio a escenificado cualquier cantidad de
escaramuzas por sentirse dueña de la verdad absoluta.
En los últimos días, incluso, ha emitido
declaraciones que exhiben claramente su falta de conocimiento sobre los temas
por ella abordados; y cuando algún reportero la cuestiona al respecto, se dice
atacada.
Pero no es que los periodistas la agredan, sino que
la fémina carece de información objetiva para sustentar sus dichos.
Hago esta referencia por su ligero planteamiento de
que si los gobiernos estatales y municipales quieren más recursos que se pongan
a jalar, ya que para ella la Federación ninguna culpa tiene que estén atravesando
por una crisis económica.
¡Ah!, qué diputada.
¿Acaso desconoce que Tamaulipas, al menos, recauda
millones de pesos vía impuestos para enviarlos a la Federación, y que a cambio
ésta la regresa simplemente algunos cuantos centavos?
Como fuere, hoy es día propicio para darle a Collado
Lara una breve lección de lo que en estricto apego a la legalidad debiera ser
la administración equitativa de los recursos, pero que no se cumple al pie de
la letra simple y sencillamente porque el señor de Los Pinos maneja el dinero
como mejor le viene en gana.
Acuerdo añejo:
El sistema político mexicano ha hecho del federalismo
su razón de ser, y cada uno de sus 32 integrantes está obligado a respetar los
acuerdos suscritos en 1824 --cuando México se definió constitucionalmente como
un país federal--, y los posteriores que se dieron en el mismo sentido.
Sus representantes –o sea los gobernadores--, saben
bien que este sistema de gobierno es el resultado de grandes confrontaciones
armadas y acalorados debates, como lo demuestran las distintas constituciones
que han regido la vida de nuestro país durante los dos últimos siglos.
En ese tiempo las disputas se han dado en diversos
escenarios.
Primero por la vía de las armas, al enfrentarse las
corrientes federalistas y centralistas durante el siglo XIX; y posteriormente
en la época del “porfirismo”, cuando la lucha por el poder surgió hacia el
interior de ése sistema autoritario que presentaba la paradoja de un federalismo
formal y una práctica centralista.
Esta anomalía, sin embargo, no acabó con la caída del
dictador, sino que encontró las condiciones favorables para reproducirse a lo
largo del siglo XX, pues cada presidente de la República hizo cuanto le fue
posible para tener mayores facultades en perjuicio de las entidades
federativas.
Un documento elaborado por el mismo Gobierno Federal,
refiere que “desde su origen el federalismo mexicano tuvo por objetivo unir sin
fusionar, y diferenciar sin dividir”.
Es decir, que la primera Constitución de la República
–elaborada en 1824--, estableció el régimen federal y otorgó facultades tanto a
la unión como a los estados, a fin de que cada uno procurara, en su ámbito de
competencia, la prosperidad de la nación y el bienestar de sus habitantes.
Hacia 1847 se propuso delimitar la competencia tanto
del poder federal como del estatal, a fin de evitar la invasión de facultades
que lo mismo atentaba contra la soberanía de las entidades como amenazaba la
unión.
Finalmente prevaleció el planteamiento de que los
poderes federales debían circunscribirse sólo al ejercicio de las facultades
que de manera expresa les otorga la Carta Magna.
Luis Pineda y M. Alberto Mendoza G. son dos
estudiosos del tema, y sobre éste han escrito:
“El federalismo mexicano está inspirado en el modelo
centralista español, y en la integración de los Estados Unidos de América…
“Es un sistema de gobierno que tiene como objeto
principal formar una nación única… su forma de gobierno es de tipo
presidencial, porque el presidente de la República es jefe de Estado y de
gobierno al mismo tiempo… la Constitución le otorga más facultades que a los
otros poderes…”
Coordinación
fiscal:
Sobre el particular, se desprende que antes de la
aparición de los primeros antecedentes claros de la coordinación fiscal, la
situación existente en esta materia en México se caracterizaba por la
multiplicidad de tributos federales, estatales y municipales; la complejidad
del sistema tributario; la existencia de leyes fiscales a menudo contradictorias,
y las exacciones desproporcionadas e iniquidad en gravámenes concurrentes.
“Para corregir esta situación –agrega el documento--,
se realizaron inicialmente las Convenciones Nacionales Fiscales.
“Éstas constituyeron un esfuerzo de unión, de
colaboración y de ordenamiento de la concurrencia y las potestades tributarias,
orientado a pactar acuerdos entre los gobiernos de las entidades federativas y
el gobierno federal, así como para compartir el rendimiento de los impuestos.
“Así, a finales de 1953 se crea la Ley de
Coordinación Fiscal que unió a algunos estados mediante un convenio que los
obligaba a derogar contribuciones locales a cambio de recibir participaciones
de la Federación.
“Hasta 1972 se habían coordinado solamente 18 estados
de la República; a partir de 1973, todos los estados fueron coordinados al
reformarse la Ley Federal sobre Ingresos Mercantiles, con una tasa única
general del 4% aplicable en toda la República, en lugar de la tasa federal que
existía del 1.8% y la tasa del 1.2% de los estados que se coordinaran.
Posteriormente, la Ley de Coordinación Fiscal de 1980 deroga la Ley de 1953 y
origina lo que hoy conocemos como el Sistema Nacional de Coordinación Fiscal”.
¿Nuevo
sistema federal?
Para algunos estudiosos del tema es necesario
realizar una serie de ajustes profundos que permitan al país adaptarse a una
nueva realidad para así lograr un desarrollo incluyente y equitativo.
Al proyecto se le ha denominado Reforma del Estado.
Pero no es idea original del actual señor de Los
Pinos, según dicen Pineda y Mendoza. Así:“En los últimos 30 años, académicos,
investigadores, especialistas, luchadores sociales, miembros de organismos no
gubernamentales, funcionarios de gobierno y viejos constitucionalistas han
investigado, denunciado, cabildeado y luchado por la redefinición de un
federalismo acorde a los tiempos modernos que implique la revaloración de los
órdenes y estructuras de gobierno, redefina su autonomía y libertad, fomente la
asociación entre todos los órdenes de gobierno y todo los Poderes de la Unión,
para que México se convierta en una verdadera República con poderes definidos
en el ámbito local, regional, estatal y federal, y con una personalidad que
impulse el desarrollo”.
Manlio vs.
Espino
El escándalo político que otra vez protagonizan
Manuel de Jesús Espino Barrientos y Manlio Fabio Beltrones Rivera, además de
exhibir a Felipe Calderón Hinojosa y su equipo más cercano de colaboradores,
lleva a la palestra nacional un viejo pleito entre ambos.
Lo más lamentable del suceso no es que Manuel de
Jesús y Manlio Fabio ventilen sus diferencias en los medios de comunicación
masiva para que de éstas se entere todo México, sino que lo hagan en tiempos
que el país requiere menos distracción para poder decidir correctamente en
cuanto a la necesidad de privilegiar acuerdos que deriven en la cohesión
nacional ante la gravedad de la crisis económica.
Para Beltrones Rivera, Manuel de Jesús es un cuervo
del cual el señor de Los Pinos debe cuidarse pa’ que éste no le saque los ojos,
en tanto que Espino Barrientos, lo menos que ha dicho de Manlio Fabio, es que
éste ha recibido un exceso de concesiones por parte del Gobierno Federal y
forma parte de “los capos del calderonismo”.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas