Sobre la red carretera que intercomunica a la geografía tamaulipeca y conecta su vecindad con los estados de Veracruz...
Por: Juan Sánchez-Mendoza28/02/2010 | Actualizada a las 22:46h
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Los soldados se extralimitan en sus
funciones
Operativos carreteros, burla para
Constitución
Juan González Cantú, ¿candidato albiceleste?
Arizpe García podría financiar nuevo
periódico
Sobre la red carretera que intercomunica a la geografía
tamaulipeca y conecta su vecindad con los estados de Veracruz, San Luis Potosí
y Nuevo León --amén de ésta enlazarse con rúas vinculadas a la Unión
Americana--, cotidianamente se instalan retenes militares y de la Policía
Federal Preventiva (PFP) que forman parte del operativo con que el Gobierno
Federal intenta diezmar a la delincuencia organizada. En un primer impacto, la incursión castrense-policial fue
vista con buenos ojos por la sociedad civil, cuyo reclamo primordial es la
seguridad, pero al paso de los días la presencia de soldados y “federales”
sobre la cinta asfáltica ha generado cualquier cantidad de críticas, merced a
la conducta que muestran al interrogar a quienes osan cruzar los puntos de
revisión. Sobre todo a los sospechosos que son elegidos al azar para su
inmediata inspección. Lo que menos se ha dicho al respecto, es que en su
cometido inconstitucional las columnas militares y de la PFP provocan terror al
tratar a los conductores como delincuentes y a los tripulantes que los
acompañan como parte de grupos transgresores de la ley, así se trate de
mujeres, ancianos o niños, tan sólo porque éstos viajan en el vehículo que a su
libre arbitrio inspeccionan buscando armas o drogas. En lo personal he sido víctima de la acometida y vivido
la impotencia de no poder protestar al momento por el abuso –cosa que me
agradecen mi mujer y mis hijos--, pues por referencias periodísticas sabemos
que cuando un ciudadano osa oponerse a la exploración de su unidad motriz es
agredido verbal y hasta físicamente, sin que a los militares y policías les
importe actuar canallescamente en presencia de féminas, adultos de la tercera
edad o menores que lo acompañan. Operativo inconstitucional El artículo 11 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, es muy claro al establecer que: “Todo hombre tiene derecho para entrar en la República,
salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de
carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes. “El ejercicio de este derecho estará subordinado a las
facultades de la autoridad judicial, en los casos de responsabilidad criminal o
civil, y a las de la autoridad administrativa, por lo que toca a las
limitaciones que impongan las leyes sobre emigración, inmigración y salubridad
general de la República, o sobre extranjeros perniciosos residentes en el
país”. Esto quiere decir que ningún ciudadano ajeno a ilícitos o
procesos judiciales podrá ser molestado en su traslado de un lugar a otro, pero
aquí en Tamaulipas (como en todo el país, según información recabada) se da el
caso de que sólo bajo la supervisión militar y de la Policía Federal
Preventiva, en la actualidad y por determinación del señor de Los Pinos, se
puede circular libremente en carreteras, pues de otro modo el conductor se
expone a todo tipo de agresiones. Un artículo más que atrapa mi atención, está relacionado
con la exagerada movilización castrense, pues el precepto 129 de nuestra Carta
Magna dicta con toda claridad que “en tiempo de paz, ninguna autoridad militar
puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la
disciplina militar. “Solamente habrá comandancias militares fijas y
permanentes en los castillos, fortalezas y almacenes que dependan
inmediatamente del Gobierno de la Unión; o en los campamentos, cuarteles o
depósitos que, fuera de las poblaciones, estableciere para la estación de las
tropas”. De ahí se desprende, entonces, que en México y en
Tamaulipas (en lo particular) actualmente no se viven momentos de guerra, sino
de paz, por lo que resulta ambivalente lo que dicta la Constitución Política y
lo que hace el Ejército (e incluso la PFP) por instrucciones directas de Felipe
Calderón Hinojosa. Claroscuros del caso En lo particular sigo viendo con buenos ojos que el
Ejército Mexicano y la Policía Federal Preventiva coadyuven al restablecimiento
de la tranquilidad social, pero igual me parece una falta de tacto que tan sólo
por justificar su presencia en la red carretera estatal forzosamente busquen
delincuentes donde no los hay. Hago el comentario por ser del dominio público que si la
autoridad federal quisiera –en este caso los “picudos” de la Procuraduría
General de la República (PGR), responsables del combate al narcotráfico--,
diezmar al crimen organizado, desde hace tiempo lo habrían hecho, pues también
del dominio público es la identidad y ubicación de quienes suelen cometer actos
delictivos del orden federal. Para eso y más cuentan con policías especializados. ¿O
no? Desplantes protagónicos Usted, seguramente, ya habrá notado que en cuanto al tema
que hoy nos ocupa ha surgido un mar de opiniones provenientes de políticos
identificados con todas las corrientes ideológicas con presencia destacada,
mediana o marginal. Igual actúan otros dirigentes sociales o eclesiásticos,
pero todos con un mismo objetivo: ganar notoriedad, cuando el fondo del asunto
es más delicado y amerita la opinión sensata que permita dilucidar si es o no
correcto que el Ejército Mexicano y la Policía Federal Preventiva siga
aplicando retenes carreteros. Por ahí se le ha dado espacio a declaraciones
equilibradas, pero también se han magnificado afirmaciones irresponsables, por
lo que es recomendable que en un asunto que a todos atañe las cosas no se tomen
tan a la ligera. Dicho en otras palabras y sintetizado el hecho, debo
destacar (entonces): Que si los soldados y “federales” hacen mal en irrumpir
en casas-habitación (en algunos municipios del estado), solamente por atender
una encomienda vertical de supervisar si ahí hay o no armas, cartuchos o
drogas, claro que hacen mal; b) Que si detienen en las carreteras a cuanto vehículo
cruza ante ellos nomás pa’ inspeccionar si en éstos se transportan artefactos
de fuego, proyectiles o enervantes, aun cuando en su cometido atenten contra
los más elementales derechos humanos, también hacen mal; c) Que si en su cometido aterrorizan a la población, no
tiene nombre, pues probado está que el supremo gobierno sabe a ciencia cierta dónde
están los transgresores de la ley; pero d) Igual debemos reconocer que su presencia ha venido a
aminorar los embates del crimen organizado. Entonces, ¿qué es lo más recomendable? Ya ve Usted que hace días la capital del estado se
convulsionó por un rumor irresponsablemente difundido a través de Internet,
primero, y luego mediante la telefonía celular. Y aun cuando nadie pudo
comprobar la existencia de los supuestos enfrentamientos armados, la ciudadanía
sigue siendo presa de la confusión y el pánico. Se hace camino al andar *** No todos los aspirantes a las candidaturas
municipales están dispuestos a entrarle con entre 50 y 75 mil pesos para poder
participar en los procesos de consulta a la base diseñados por el PRI, por lo
que en el grueso de las localidades ganará quien tenga más dinero aunque sea un
mal político. *** Juan González Cantú podría ser designado esta misma
semana candidato a la presidencia municipal de Victoria, en lo que toca al
membrete albiceleste, pues los otros militantes que pretenden la postulación
son simples cartuchos quemados. Pero mañana amplío mi comentario para darle
pormenores del por qué surge este escenario. *** Dicen que ya es cosa de días la puesta en marcha de
un nuevo periódico en Ciudad Victoria; y que es propiedad de Fernando Arizpe
García. Su título: “15 minutos”, pero no me aclaran si será diario, semanal o
católico. En fin, ya habrá tiempo de ver un ejemplar. Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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