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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Destape anticipado

Por: Juan Sánchez-Mendoza 20/09/2011 | Actualizada a las 22:28h
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A Peña Nieto sí le resulta ese “madruguete”
Beltrones Rivera queda a la zaga, por lento
Definir el método selectivo, es lo de menos
“La chiquilla” otra vez juega a “las pegadas”
 
La definición del método para postular al candidato presidencial priista es un asunto de mero trámite, aun cuando el Consejo Político Nacional esté obligado a sesionar para determinar el procedimiento --elección directa o convención de delegados--, pues todo indica que en la competencia sólo participaría un aspirante.
 
De unidad, según dicen.
 
Y por supuesto se trata de Enrique Peña Nieto.
 
Por algo Humberto Moreira Valdés decidió adelantar los tiempos.
 
Sobre todo cuando sobre él pesan graves acusaciones por la deuda millonaria que dejó en su natal Coahuila, y, obviamente, para no “enfriar” a su gallo (el ex gobernador mexiquense).
 
Incluso, para dejar resuelto el asunto de la candidatura presidencial si acaso resultare necesario que él renuncie a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, que, por cierto, sería lo más sano que pudiera ocurrirle al tricolor en su interés de reconquistar el poder.
 
Pero esa eventual dimisión no habría de darse en pleno proceso comicial –la misma ley así lo determina--, sino antes del siete de octubre próximo, cuando el Instituto Federal Electoral (IFE) ponga en marcha formalmente la competencia por la Presidencia de la República, 128 escaños del Senado de la República y 500 curules correspondientes al Palacio Legislativo de San Lázaro. Es decir, de la Cámara de diputados.
 
Contrincante despreocupado
 
El apuramiento de quien manda formalmente en el PRI para postular candidato presidencial, es tolerado por Manlio Fabio Beltrones Rivera.
 
Al menos así da la impresión, por aceptar las reglas marcadas por el ex gobernador de Coahuila.
 
Y ni siquiera sus huestes han emitido declaración alguna para evitar esta interpretación.
 
¿Acaso porque ya existe un “arreglo” de jugársela abiertamente con Peña Nieto?
 
También lo creo.
 
De otra forma el senador, como es costumbre suya, mediáticamente se habría lanzado ya a precisar observaciones sobre el particular.
 
Y no lo ha hecho, creo, porque igual podría estar de acuerdo en que el candidato de unidad debe ser el segundo marido de “La gaviota”.
 
El adelantado
 
Hace días en este mismo espacio, le dije que Enrique Peña Nieto se adelantó al auto destaparse como aspirante a la candidatura presidencial priista, consciente de que al concluir su período gubernamental allá en el estado de México lo separaban casi cuatro meses del calendario oficial priista para la postulación sexenal; y lo hizo con tino, audaz como es y sin que le importara la crítica.
 
Igual lo consideraron él y su equipo operativo –incluido Moreira--, ya que desde entonces trabajaron más abiertamente en el prematuro “destape”, que por cierto hoy está más que consolidado.
 
En fin, así opera Peña Nieto.
 
Escurrimientos
 
Es lamentable que seis de los siete partidos políticos con registro oficial finquen sus posibilidades de triunfo del 2012 en la “pepena” de priistas resentidos.
 
En las “goteras” y “escurrimientos” que pudieran emanar del tricolor --de aquí al cierre del registro oficial ante el Instituto Federal Electoral--, merced a la frustración de ciertos oportunistas que a río revuelto quieren pescar las candidaturas que se pondrán en juego.
 
De ellos no podía esperarse menos.
 
Y no porque los membretes que integran “La chiquillada” carecen de trabajo político y sólo saltan a la palestra en tiempos electorales.
 
Fuera de esa coyuntura se la pasan en la güeva sin desarrollar ninguna otra actividad digna de tomarse en cuenta –aunque legal y moralmente estén obligados a mantener presencia constante con las bases que dicen representar--, hasta la víspera del siguiente proceso comicial.
 
Incluso, mientras llega el momento de “animar la causa ciudadana” con el propósito de capitalizar su participación en las urnas, los jerarcas y las escasas estructuras de esas organizaciones tampoco intentan arraigarse en el conglomerado social.
 
Duermen el sueño de los benditos.
 
Pero si acaso realizan alguna gestión de beneficio colectivo, es porque los grupos que se echaron en sus manos los presionan hasta obligarlos a cumplir algo de lo que tanto prometieron cuando mendigaban su apoyo.
 
Los trepadores
 
Algunas organizaciones conocen a la perfección la “movida” a realizar durante la época de invernadero político.
 
Acostumbran meter “su cuchara” en las discusiones de los temas o problemas en boga y hacer ruido, a fin de proyectar ante la población una imagen distinta a su verdadero ser.
 
Y hasta se muestran como individuos congruentes, aguerridos y defensores permanentes de las causas que abanderan.
 
Por ello no resulta extraño que “La chiquillada” exhiba un marcado oportunismo a la hora de presentar trabajo. Es decir, cuando debe mostrar a propios y extraños sus “destacamentos” y “divisiones” con los que aspiran alcanzar el triunfo electoral.
 
Esos jefes partidistas configuran planes y estrategias a partir de la fuerza de sus adversarios, cancelando así la posibilidad de brillar con luz propia y de ampliar el proyecto que defienden rumbo a la conquista del poder.
 
Bajo este entendido, tampoco es raro observar cómo al llegar un proceso electoral los “guías” partidistas tienden las redes esperanzados en atrapar “peces grandes” o “pececillos”, aunque estos no compartan su ideología, credo ni modo de hacer política.
 
De cualquier modo el plan a seguir tiene sustento en la búsqueda de alianzas interpartidistas. En la pepena. En los “escurrimientos” o rémoras que deja el partido grande, y, en menor medida, en la raquítica fuerza que afirmen tener.
 
Objetivos malsanos
 
Nadie en su sano juicio se atrevería a negar que un partido político triunfador se integra con fortalezas.
 
No con debilidades.
 
Pero ya en los hechos, y dado el poco o nulo arraigo alcanzado, lo que salga es bueno, según razona “La chiquillada”.
 
La idea es seguir “mamando”, sin importar las posibilidades reales de éxito.
 
Exponerse a perder el registro y, en consecuencia, el financiamiento público, no está en los planes de membrete alguno.
 
Y si en función de conservar las prebendas tuvieran que aliarse con el mismísimo demonio, lo harían.
 
De eso no hay duda.
 
Los tiempos de la exquisitez y la virginidad política hace mucho que cayeron en desuso. Ahora priva el gusto por saludar con sombrero ajeno y estar vigente a costa de lo que sea. Incluso de ofertar al mejor postor, en público y en lo oscurito, las siglas que representan. Como cualquier ramera.
 
Por eso y por mucho más, nadie puede reclamar a la sociedad civil que haya perdido la capacidad de asombro y no encuentre diferencias entre los personajes opositores que se ostentan como férreos abanderados de las causas mayoritarias.
 
Entre ellos la distinción la marcan el color y las siglas.
 
Pero en el fondo no hay diferencia sustancial.
 
Menos extraña al grueso del electorado que actualmente la “pepena” o los “escurrimientos” estén en su etapa más productiva.
 
Ni que membretes como el Partido del Trabajo (PT), Partido Nueva Alianza (Panal), Convergencia y Partido Verde Ecologista de México (PVEM), anden desatados “reclutando” a priistas descontentos.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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