Por: Juan Sánchez-Mendoza19/09/2011 | Actualizada a las 22:29h
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La proposición de Josefina Eugenia Vázquez Mota para que el candidato
presidencial albiceleste surja de una votación abierta --en la que puedan
participar todos los ciudadanos que aparecen en el padrón electoral--, ha
causado irritación entre las huestes de Santiago Creel Miranda y Ernesto Javier
Cordero Arroyo. Esto porque ambos se saben en desventaja, si acaso se recurriera a ése
método selectivo, merced a la popularidad que “Chepina” ha logrado en los
últimos meses. Pero ella insiste en abrir la elección, por ser (quizá) la única manera de
impedir que Felipe Calderón Hinojosa incline la balanza a favor de su “delfín”. Así también lo consideran los grupos que confluyen en la cúpula del Partido
Acción Nacional (PAN) –que aún dirige Gustavo Enrique Madero Muñoz--, por lo
que en los días próximos habrán de darse con todo para sacar avante la
propuesta de Vázquez Mota o desecharla, según la línea que les marque el señor
de Los Pinos. Lo incuestionable de esta controversia, es que “Chepina” plantea un método
selectivo contemplado en los propios estatutos del PAN; y de ahí que nadie deba
mostrarse sorprendido --menos Creel ni Cordero--, pues basta echarle una
hojeada al documento para confirmar su validez y, en consecuencia, que sí
procede en la práctica democrática del organismo para designar a su candidato
presidencial. A la vista conservo copia de los estatutos del membrete albiceleste. Y en el apartado sobre los métodos selectivos de sus candidatos, se lee: Artículo 27: El método ordinario para la selección de candidatos se lleva a
cabo en centros de votación con la participación de los miembros activos y en
su caso, los adherentes (…) Se podrá aplicar para los siguientes cargos:
Presidente de la República, gobernador o jefe de Gobierno del DF, senadores y
diputados federales y locales, y presidentes y cargos municipales de elección y
jefes delegacionales”. Artículo 29: Los métodos extraordinarios para la selección de candidatos
son: elección abierta y designación directa”. Hay, no obstante, quienes tratando de torcer la legalidad pretenden hacer
perra del mal a Josefina Eugenia –diciendo que juega en contra del mismo PAN y
sus estatutos--, sin considerar que ella ha estudiado con detenimiento los
documentos básicos de su partido y la propuesta la hizo con pleno conocimiento
de causa. Es decir, “Chepina” cocina aparte. Ella sí sabe cuándo hervir el agua; en qué momento agregarle los
ingredientes y condimentos; cómo echarle la carne y avivar el fuego para su
cocción, antes de disfrutar del aroma y servirle a los comensales. Fracturas priistas El Partido Revolucionario Institucional (PRI), por su parte, podría de
nueva cuenta vivir momentos peligrosos en su búsqueda de retornar a Los Pinos
por la puerta grande –es decir, mediante el voto--, merced a la descalificación
que a priori se hace del proceso interno con el que habrá de elegirse candidato
presidencial. Así lo dejan entrever las desacreditaciones entre su nomenclatura, que
nuevamente cita una tesis recurrente de su inconformidad: “se nota un claro
favoritismo”. En efecto, desde que inició esta tempranera disputa sin precedente por la
candidatura del tricolor a la Presidencia de la República, persiste esa ruptura
que ha desencadenado un clima de incertidumbre, a tal grado que los
contendientes ni siquiera se han preocupado por evitar la confrontación ni en
tender un sólido puente de plata a la democracia que tanto dicen buscar. Ejemplo de ello son los epítetos velados que los grupos de Enrique Peña
Nieto y Manlio Fabio Beltrones Rivera se lanzan entre sí –pero de manera
velada--, y el descrédito que se promueve en contra del árbitro de la
contienda, Humberto Moreira Valdés –que tampoco es garantía de nada--, por no
conformar una estructura dirigente que en verdad ofrezca imparcialidad en el
proceso selectivo. Los protagonistas de este affaire, sin embargo, parecen soslayar que su
cerrazón mantiene en suspenso la estabilidad social, política y económica de
todo el país -- puesto que los gobiernos estatales y municipales están
involucrados de una u otra forma en la problemática--, y que si bien hoy son
otros tiempos también son otras las circunstancias. Universidades agredidas Durante este régimen presidencial de Felipe Calderón Hinojosa, la
Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior
(Anuies) ha mostrado clara voluntad para fortalecer vínculos de trabajo con la
Secretaría de Educación Pública (SEP). Derivado de esos encuentros entre los rectores y los dos titulares que ha
tenido la dependencia federal –Josefina Eugenia Vázquez Mota y (todavía)
Alonso José Ricardo Lujambio Irazábal--, hubo acuerdos para reforzar el nivel
académico de las universidades, incrementar presupuestos, ampliar la cobertura
del sistema nacional de educación profesional, generar recursos propios en
todas y cada una de las instituciones, transparentar el manejo financiero y
lograr una mayor inversión en ciencia y tecnología. Acudo a esta cita porque ahora que las instituciones públicas del nivel
profesional están en plena actividad correspondiente al ciclo escolar
2011-2011, vale la pena destacar que son la falta de oportunidades para acceder
a la universidad, así como las altas tasas de desempleo, dos problemas
potencialmente explosivos en el país. Esto endurece la hipótesis de que lejos de la modernización universitaria
prometida por Felipe Calderón Hinojosa, las instituciones de enseñanza superior
en México continúan dentro de una olla de presión que podría explotar en
cualquier momento; y más si se les permea con las amenazas de estallidos
sociales derivadas de la crisis económica e inestabilidad política, además de
la inseguridad pública, que se registra en todo el país. Presupuesto insuficiente El comentario surge porque sé, bien lo sé, que existe la intención
de reducir el presupuesto a las universidades por parte de la Federación, en su
intento de contar con más recursos para publicitar al Presidente aún a costa de
la educación superior que, se supone, es la que más beneficios debe tener
porque de ahí han de surgir (y surgen sorteando todos los obstáculos) los
profesionistas del mañana. Si Usted recuerda, al estrenarse como Presidente de
México, Felipe Calderón Hinojosa, en sus cálculos
financieros, aseguró que era posible aumentar del 5 al 8 por ciento del
Producto Interno Bruto (PIB) al ramo educativo, pero resulta que en los cinco
años de su gestión presidencial, a la educación superior sólo se le destina el
uno por ciento del PIB, lo que equivale a cantidades ridículas. Supuestamente los puntos adicionales que se destinarían a la educación
saldrían de una reforma fiscal integral que, de entrada, aumentaría en seis
puntos porcentuales del PIB los ingresos públicos. ¡Uf! ¿En qué país estaría pensando? Pero como el señor de Los Pinos fracasó en imponer la tan mentada reforma
fiscal, pospuso también el triunfo de la “revolución educativa” y ésta queda
como asignatura pendiente igual que la reducción de la pobreza. Los males Sumida en la inercia, improvisación y perspectivas a corto plazo, la
educación superior transcurre entre la crisis y la baja calidad derivada de una
política de abandono por parte del Gobierno Federal, que por un lado deja a la
inversión privada toda posibilidad de expansión y por otro recorta el
financiamiento a las instituciones públicas; y, lo peor, ya prepara una nueva
embestida en contra de la educación básica que por disposición suya no tendrá
ya reprobados ni boletas de calificaciones a partir del 2013. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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