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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

La gesta heroica

Por: Juan Sánchez-Mendoza 15/09/2011 | Actualizada a las 08:44h
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El año que nos antecede el Gobierno Federal gastó muchísimo dinero en la divulgación del bicentenario de la Independencia.

Y aún ignoro si lo hizo tratando de acrecentar el nacionalismo, o con la aviesa intención de desmitificar a los próceres de la gesta heroica.

Lo cierto es que hoy, al cumplirse 201 años del Grito de Dolores, es un buen momento para acordarse que el movimiento independentista de México inició el 16 de septiembre de 1810.

Pero tuvo una duración de once años para lograr su cometido.

Y fue precisamente el día 27 del mismo mes, allá en1821, cuando la lucha se consumó con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México.

No obstante quienes organizan los festejos omiten el dato –¿acaso por desconocimiento de la historia?; o bien por considerar innecesario corregir sus propios yerros--, en detrimento de la educación impartida en las instituciones, donde se supone que los maestros sí saben que el pueblo se liberó del yugo monárquico español hace 190 años, y no hace 201.

Tal descuido, sin embargo, mantiene confusos a los mentores que en sus clases cotidianas han ilustrado atinadamente a nuestros hijos con citas y fechas precisas, pero que hoy por conservar la chamba se han unido a las festividades septembrinas de este 2011 y (como en el 2010) no defienden la verdad histórica, aun cuando tienen alumnos que también conocen de historia y les reclaman hablar con la verdad.

De cualquier forma es claro que existen motivos qué conmemorar en grande.

Uno, el Grito de Dolores; y otro, el inicio de la lucha independentista para buscar un cambio en la estructura social y política del país, derivado de las reformas borbónicas y ante la severa crisis económica que en ése entonces padecía la Nueva España; así como la necesidad de abolir la esclavitud y permitir el desarrollo de los naturales tanto en educación como económico, religioso y social, pues éste sólo privilegiaba al invasor enviado por la corona.

Algunas precisiones:

Los textos históricos refieren que en la noche del 15 de septiembre de 1810, el cura Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor –el nombre real del caudillo que conocemos como “El padre de la Patria”, nacido en la Hacienda de Corralejo que se ubicaba en Pénjamo (hoy Guanajuato), el ocho de mayo de 1753--, dio el Grito de Dolores para llamar a un levantamiento armado.

Esto tras descubrirse la conspiración en que él mismo participaba junto a la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, Mariano Abasolo, Juan Aldama, el presbítero José María Sánchez, los abogados Parra, Laso y Juan Nepomuceno Mier y Altamirano; Francisco Araujo, Antonio Téllez, Ignacio Gutiérrez; Epigmeo y Emeterio González, José Ignacio Villaseñor y Cervantes, Joaquín Arias, Francisco Lanzagorta y el teniente Baca, entre otros criollos afines a Fernando VII, bajo el argumento de que la corona española quería entregarle el país a los franceses.

Hidalgo dirigió la primera parte del movimiento independentista, pero tras una serie de derrotas fue capturado el 21 de marzo de 1811 y llevado prisionero a la Ciudad de Chihuahua, donde fue juzgado y fusilado el 30 de julio de ese mismo año.

O sea, fue aprehendido casi un semestre después de haber incitado a la liberación y lo ajusticiaron a diez meses aproximadamente de que se levantó en armas.

Aún así se le considera “El padre de la Patria”.

El otro motivo que hay pa’ festejar en grande –hoy, cuando menos--, es el inicio de la guerra de Independencia, que tuvo lugar por la mañana del 16 de septiembre de 1810, pues con ésa lucha (ganada en 1821) hoy el pueblo de México alcanzó su soberanía y pudo constituirse como un país libre y autónomo.

En fin, ya la autoridad gubernamental ha decidido que en esta fecha se conmemore la Independencia de México, cuya consumación, repito, se dio en 1821.

Por tanto, las precisiones salen sobrando.

Aunque no para quienes gustan de la historia.

Población pacifista:

Mucho se agravia al pueblo de México con el reprobable ejercicio gubernamental en materia de seguridad pública y los abusos que día tras día cometen las gavillas que han sembrado el terror en todo el país, sin que se advierta certidumbre para aliviar tantos males.

Y eso que estamos en plena conmemoración del inicio de la Independencia.

En México, sin embargo (¡y qué bueno!) no se ha dado otra revuelta social que realmente refleje el descontento hacia el sistema político que aún nos rige; y en contra de los facinerosos que sin saber qué es la escuela y menos el trabajo nos despojan de nuestras pertenencias.

Vamos, ni siquiera las rupturas priistas (militares y civiles registradas en los últimos siete lustros), el movimiento ciudadano azuzado por Andrés Manuel López Obrador o los brotes de guerrilla que han aparecido en Guerrero, Chiapas, Chihuahua, Hidalgo y otras latitudes de la geografía nacional, han tenido el respaldo de las mayorías para mediante la violencia conseguir sus propósitos, que en apego a la verdad tampoco han incitado.

Pero en el fondo es porque esas manifestaciones de inconformidad tanto como el pueblo mexicano guardan mesura (con paciencia de monje), merced al espíritu pacifista (que los distingue) y la fe y esperanza que aún tienen para acceder a un mejor futuro.

No porque sientan que los beneficios llegan en cascada a su menguada economía --que éste, como los gobiernos anteriores, se ha encargado de agravar y está a punto de pulverizar con más y mayores impuestos--, o por temor, sino porque ya está visto que la violencia sólo engendra más violencia.

Hay que subrayar, también, que si México no ha entrado en un desorden generalizado o en el autoritarismo totalitario, es gracias a las sólidas instituciones que se han creado a lo largo de la historia: el Congreso de la Unión, el Ejército Mexicano, los gobiernos estatales autónomos (aunque federados), y uno que otro partido político, entre otras, que han sabido contener la ira social para evitar derramamientos de sangre innecesarios.

Pero esto no lo reconoce ni de chiste el actual señor de Los Pinos, quien sigue empeñado en asegurar que a partir de su régimen México inició una real transformación.

Empero, la percepción generalizada es que Felipe Calderón Hinojosa falta a la verdad.

Simple y llanamente porque ante lo obvio no hay quien le crea.

Él, al inicio de su administración, prometió una economía fuerte y sólida para beneficio de sus gobernados, más empleos, seguridad pública, justicia social, precios competitivos para los productores agropecuarios, vivienda para todos y excelentes servicios de educación y salud, cuando menos, pero ya han transcurrido cinco años de su gestión sin que haya cumplido ninguna de sus promesas.

Y eso salta a la vista.

Pero no es el único mal que padecemos, ya que los transgresores de la ley dan la apariencia de estar protegidos por la misma autoridad al cometer sus fechorías.

De lo contrario los miles y miles de soldados marinos, policías federales, estatales, municipales y cuanta corporación exista para prevenir y perseguir la delincuencia, ya estarían ofreciéndonos un clima de seguridad.

Y no lo han hecho, por lo que el pueblo empieza a cansarse y si no actúa en consecuencia de manera directa, es porque la misma prudencia se lo impide.

¿Pero hasta cuándo?

Conferencia en el Congreso


Hoy, en el Congreso del Estado, habrá de llevarse a cabo una conferencia por parte del historiador tamaulipeco José Carlos Mora García, bajo el tema “Reflexiones sobre la Independencia de México”.

Seguramente hablará de la batalla de Tampico, pues ese acontecimiento representa la consolidación de la Independencia de México, ya que originó que se firmara un pacto de paz y amistad entre nuestro país y la corona hispana.

Esta conferencia forma parte de las acciones que realiza el Poder Legislativo de Tamaulipas para fomentar los principios, valores cívicos e históricos entre el personal del Congreso, cuya presidenta de la Junta de Coordinación Política es Guadalupe Flores Valdez.

Em@il:

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Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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