Por: Juan Sánchez-Mendoza12/09/2011 | Actualizada a las 22:56h
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Incrementos a canasta básica, una causa Calderón ha tratado de encubrir problema Los priistas se lo restriegan para sulfurarlo Tensión crece entre antagonistas
políticos Nuestro
país enfrenta un serio problema de subalimentación, derivado del incremento
cotidiano a los precios de los combustibles y productos de la canasta básica. A éste
fenómeno igual contribuye el estancamiento de los salarios, y, por supuesto, la
falta de empleos, generando más hambre de la que nos
sobra. Lo afirmo porque un estudio elaborado por el Consejo Nacional de
Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), revela que en México
hay actualmente 50.5 millones de pobres y 19.4 millones sufren pobreza extrema. Obvio es que esa estadística desagrada al señor de Los Pinos. Y más cuando la saca a relucir algún adversario político, pero con
fines electoreros. Por ello suele responder a sus críticos que “la pobreza se combate
con hechos y no con palabras”, y que “otros tuvieron mucho tiempo para aminorar
el problema y no lo hicieron”. De cualquier modo Felipe Calderón Hinojosa, al abordar el tema que
los priistas ladinamente aluden para incomodarlo y exhibir la ineficiencia de
su administración en materia político-social, ha caído en su trampa y eso,
lector amigo, les resta credibilidad a él y a su partido (Acción Nacional) de
cara a la sucesión adelantada, que abiertamente se juega ya con la tolerancia
y/o animación del propio jefe del Ejecutivo Federal, como bien puede
confirmarse en los anales periodísticos. Asignatura incómoda Los temas de la pobreza y la subalimentación del pueblo mexicano
son dos asuntos que el Gobierno Federal no ha querido abordar a fondo --quizá
porque sus funcionarios están más distraídos tratando de ocultar la intromisión
yanqui en los asuntos internos de México que en rediseñar estrategias
anti-crisis que en verdad impacten a favor del conglomerado nacional--, pero de
que le tienen qué entrar, ¡claro que están obligados!, a menos que admitan no
saber cómo enfrentar la crítica priista en su interés de acrecentar la
clientela electoral con miras al 2012. De tal forma que, como blindaje a las controversias mediáticas y
en el pancracio político-electoral, es válido el recurso; pero no cuando ha
sido el mismo Presidente Constitucional de México quien una y otra vez anuncia
con bombo y platillo que habrá seguridad alimentaria mediante seis acciones
para mantener los precios de la canasta básica, y al mismo tiempo diga que no
tolerará abusos de especuladores ni acaparadores. En teoría se escuchan bonitas las palabras del señor de Los Pinos,
pero en la práctica éste asoma desconocimiento total de lo que ocurre en el
campo --que es el sector más desprotegido de nuestro país--, ya que mientras él
dice y sostiene que estarán libres de impuestos granos como el maíz y el sorgo,
así como los fertilizantes, sus colaboradores que atienden las diversas áreas
de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y
Alimentación (Sagarpa) --encabezadas por Francisco Mayorga Castañeda--,
malinterpretando los programas del Plan Nacional de Desarrollo, alientan una
espiral inflacionaria que más temprano que tarde tendrían desastrosa
repercusión entre la población mexicana. Palabra incumplida Se lo comento porque el propio Mayorga y sus panegiristas, también
con bombo y platillo, anunciaron un incremento a los precios del maíz y el
sorgo, que en estricto apego a la realidad es una medida que atenta contra la
economía familiar. Ejemplo de ello es que mientras un productor de cualquiera de los
dos granos aumenta el precio de éstos, el consumidor directo, como son los
ganaderos o los industriales de la masa y la tortilla, de inmediato incrementan
el precio de sus productos; el coyote igual aumenta su precio; los expendedores
de alimentos para el ganado (que como materia prima utilizan los granos) y los
tortilleros, a su vez, elevan precios y el consumidor, que no tiene la mínima
intención de cargar con el aumento, encarece también las tarifas de sus
servicios, ocasionando la espiral inflacionaria en comento. Por otra parte, es difícil evitar el acaparamiento y la
especulación de los granos, como temerariamente lo sugiere Calderón Hinojosa,
pues no se requieren estudios de escritorio ni planeaciones a control remoto
para saber y entender que esta práctica se da en todos los rincones de la
geografía nacional, provocando desánimo entre los productores y por supuesto un
mayor encarecimiento del producto. Basta conocer un poquito del campo para entenderlo, convivir con
los agricultores y ganaderos, sembrar, cosechar y tratar de vender el producto,
para entender el complejo problema al que nos enfrentamos cotidianamente y que
el señor Calderón Hinojosa trata de borrar con una simple declaración de que ya
no hay pobres –aunque ésta haya corrido a cargo de su “delfín” Ernesto Cordero
Arroyo--, tal vez porque nunca ha sentido lo que es el hambre. Promesas vanas Las promesas que Felipe Calderón Hinojosa hizo al pueblo de México
durante su búsqueda del voto que lo convirtiera en sucesor de Vicente Fox
Quesada, fueron eso: simples promesas. Tan así lo advirtió (en tiempo y forma) la mayoría del electorado
que se reservó el derecho de acudir a las urnas –ahí está el escrutinio que no
admite lugar a dudas--, pero finalmente Luis Carlos Ugalde --el ahijado de
Felipe que en ese entonces controlaba el Instituto Federal Electoral (IFE)--,
decretó el triunfo (harto cuestionable, por cierto) de quien apadrinó su boda. Hago esta referencia porque de la sarta de mentiras ofertadas por
el hoy señor de Los Pinos, sobresalen al menos seis: 1) Que una vez instalado como jefe del Ejecutivo Federal, en
México no habría más problemas económicos; 2) Que la pobreza sería erradicada; 3) La crisis vencida; 4) Que el país recobraría la capacidad de un auténtico desarrollo
nacional; 5) Que la seguridad pública sería una realidad; y 6) Que se generarían miles de fuentes de empleo para enfrentar la
globalización financiera. Pero es obvio que ninguna de estas promesas se ha cumplido, aun
cuando ya transcurrieron cinco años de su administración. En principio porque la política económica (de Calderón Hinojosa)
empuja a México a la peor crisis de su historia; y luego porque ésta genera tal
pobreza que ahora hay más de 70 millones de mexicanos afectados y la pérdida
del poder adquisitivo la padece el grueso de la población. Caro han pagado quienes votaron por el Partido Acción Nacional
(PAN) en julio del 2006 –y lamentablemente también los que sufragamos por otros
membretes--, ya que el sueño de Felipe de tener un país de primer mundo sólo
existe en su mente. Con hechos que de ningún modo generan progreso, la Nación ha
servido de laboratorio al señor de Los Pinos para experimentar en materia
política, económica y social, pues lo mismo agudiza conflictos hacia el
interior de su gabinete que el enriquecimiento de un reducido grupo de
inversionistas. Así, Felipe Calderón Hinojosa (igualito que Fox Quesada) rebasa en
mucho la ineficiencia registrada en los regímenes de Gustavo Díaz Ordaz, Luis
Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos
Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, cuando menos, que como él
instrumentaron una versión moderna del pasado: la del porfiriato. Vicios ancestrales En el actual contexto, donde se agita la República Mexicana merced
al enorme ruido que hacen los grupos de interés y la ineficiencia del titular
del Poder Ejecutivo Federal --quien no logra colocarse a la altura de las
circunstancias, y, muy al contrario, exhibe su proclividad hacia la
confrontación con todo aquel factor de poder que no comulgue con su ideología y
visión de gobierno--, es cuando se afianza la necesidad de que la política sea
dignificada. No es posible que se continúe promoviendo un clima de
confrontación desde la Presidencia de la República en virtud a que estamos
llegando a límites peligrosos; y ya en algunos rincones de la patria empieza a
enseñar su rostro la ingobernabilidad, cuya presencia perjudica a todo el
sistema. De ahí que resulte propicio distender el ambiente y dar paso a los
buenos oficios de personajes que antepongan el interés del país por encima de
camarillas y grupúsculos, que con su actitud dañan al tejido social de manera
torpe e irresponsable. Por ello hacen falta auténticos líderes o promotores de la paz y
la reconciliación nacional. Entiéndase bien: políticos de nuevo tipo que liguen la palabra con
la acción y den resultados; a la par que generen un clima de confianza y sana
convivencia en un marco de pluralidad. Sólo así podría avanzarse en la consolidación de la democracia y
lograr que tentaciones anarquistas y autoritarias sean desactivadas en bien de
los millones de mexicanos que aún creemos en la posibilidad de un país más
justo y equitativo, donde se acabe con los grandes rezagos sociales que, por
desgracia, aún persisten. E-m@il jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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