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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Policías sin respeto

Por: Juan Sánchez-Mendoza 11/09/2011 | Actualizada a las 22:28h
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Se han ligado a catervas que hoy combaten
En la frontera norte, exhiben su connivencia
Problema va más allá de riñas entre rivales
Otrora EU atravesó por un problema similar
 
Los diferentes grupos de la delincuencia organizada que buscan retener, ampliar o instalar sus cotos de poder --según el caso--, a base de sangre y fuego en la región fronteriza, podrían ser combatidos si en verdad las centenas de uniformados de la Policía Federal Preventiva y los soldados que en la zona limítrofe con la Unión Americana han hecho su aparición, se avocan a perseguir a los transgresores y no, como suele suceder, a sólo espantarlos con el petate del muerto.
 
En su cruenta disputa por controlar los puntos estratégicos ubicados sobre la ribera del Bravo, los grupos delictivos utilizan todo tipo de armamento y no muestran respeto --menos miedo ni consideración-- hacia las corporaciones policiales federales, estatales o municipales, como ha quedado demostrado en los múltiples enfrentamientos librados entre ellas mismas o contra “la ley”, sin que les importe sembrar el terror y la muerte de inocentes que nada tiene qué ver con ningún bando.
 
Es decir, se han vuelto tan descarados que hasta en presencia de la PFP y los soldados serían capaces de todo, según la vox populi, que no se cansa de reclamar el hecho al señor de Los Pinos.
 
Hay que reconocer, sin embargo, que el fenómeno de la delincuencia organizada desde hace muchos años le ha ganado la batalla a las autoridades encargadas de su combate, por tres razones fundamentales:
 
1) Gran parte de los facinerosos y principalmente sus estrategas en la siembra, cultivo, cosecha, procesamiento, distribución y comercialización de las drogas, antes fueron policías;
2) La connivencia que existe entre capos –incluida toda la estructura de su cártel--, con los jefes de las corporaciones policiales; y
3) Porque hasta hoy no ha surgido el funcionario federal que encabece una verdadera cruzada contra los delincuentes de cuello blanco y los envenenadores públicos.
 
Cierto es que el combate a este tipo de flagelo sólo podría ganarse a largo plazo por ser una empresa difícil de realizar, pero igual se supone que para eso están los mejores hombres y mujeres al frente de las instituciones de seguridad nacional y/o pública.
 
Entonces, ateniéndonos a ello les recordamos que tienen la obligación de aplicarse a fondo y dar resultados… más que inventar explicaciones.
 
Historia emulada
 
Lo que acontece en la zona fronteriza de México –desde Baja California hasta Tamaulipas--, mucho se asemeja a lo que ocurrió en la Unión Americana en las décadas de los veintes, treinta y parte de los cuarentas, cuando se dio la disputa entre bandas criminales por controlar el contrabando de licor.
 
Allá también, a plena luz del día, operaban los sicarios “armados hasta los dientes”, y con la macabra orden de ultimar a sus rivales a costa de lo que fuera.
 
El cine, por su parte, han reproducido ese pasado oscuro llevando a la pantalla magistralmente todo tipo de escenas de cómo opera la mafia; y en sus argumentos principales sobresale la rivalidad entre las “familias” que se enfrascaban en guerras sin cuartel por la conquista territorial en ciudades norteamericanas, como Chicago, para ampliar sus negocios ilícitos e influencia.
 
Y hasta parece que reviven en nuestro entorno cercano.
 
Lo que ahora ocurre en municipios como Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez, Ciudad Acuña, Colombia, Nuevo Laredo, Guerrero, Mier, Camargo, Díaz Ordaz, Río Bravo, Miguel Alemán, Reynosa y Matamoros, podría remitir a cualquier filme o historia de célebres gánsteres como Al Capone, George Moran --conocido en el mundo del hampa como “Bugs”--, Lucy Luciano, Mc Baker o Albert Anastasia alias “The boss”.
 
Y estoy seguro que ninguno de los municipios desmerecería en lo absoluto.
 
La diferencia entre lo ficticio (que es el cine) y la realidad, es que estamos en pleno siglo XXI y las armas y balas, así como los muertos, no son de utilería… son de verdad.
 
Lo peor del caso es que involucran a la sociedad civil, puesto que los enfrentamientos entre la “maña” local y la de otras entidades ya no solamente ocurren en las carreteras, los ranchos, los prostíbulos y centros de vicio o juego clandestinos, sino a plena luz del día y en la calle, frente a escuelas e iglesias; en los supermercados, restaurantes, cines o plazas comerciales instaladas sobre avenidas altamente transitadas y/o en lugares frecuentados por mujeres, niños, jóvenes y ancianos ajenos a esa barbarie, como lo confirman los acontecimientos más recientes, aunque el señor de Los Pinos considere que se trata de riñas entre maleantes.
 
En sus ajustes de cuentas los matones utilizan modernas y potentes armas de fuego que disparan sin el menor remordimiento… ¡y pobre de aquél que sin deberla ni temerla se encuentre en el lugar equivocado!
 
Complicidad agrietada
 
Llama la atención el hecho de que en su disputa los gánsteres fronterizos ataquen a policías estatales y municipales a través de los llamados “levantones” cuando estos patrullan el área asignada.
 
El asunto despierta mayor suspicacia toda vez que (en el pasado) se han comprobado los lazos de amistad o subordinación que funcionarios y ex funcionarios de seguridad pública mantienen con los jefes de las bandas.
 
De ningún modo podría negarse que existan policías y autoridades honestas, pero serían casos excepcionales, ya que el modo de operar de la mafia misma los obliga a recibir el soborno correspondiente o exponerse a las fatales consecuencias, bajo la gastada teoría de “plata o plomo”.
 
De ahí que insista en la necesidad de multiplicar esfuerzos, a fin de que el Ejército Mexicano y la Marina, en coordinación con las corporaciones federales, estatales y municipales, vayan al fondo del asunto.
 
Pero en serio, pues el combate al narcotráfico y al crimen organizado sólo podría lograrse sumando esfuerzos y voluntades.
 
De lo contrario la guerra estaría perdida.
 
Reacción tardía
 
El Gobierno Federal, a través de la Procuraduría General de la República (PGR), por fin decidió poner en marcha una serie de operativos permanentes de combate a la delincuencia organizada.
 
Debo advertir que ya era tiempo de que les cayera el veinte y dejaran al margen la lucha estéril por imponer jerarquías, colocando en última instancia la seguridad y tranquilidad de la población.
 
Sé que hubo la necesidad de que hiciera crisis esta problemática delincuencial y se convirtiera en noticia diaria para que advirtieran al fin que e todo México ya estaban prendidos los focos rojos.
 
Igual tuvieron que recogerse gran número de muertos --la mayoría producto de ejecuciones--, y disparado armas de potentes calibres (a la luz del día y en céntricas calles), a fin de que el Gobierno Federal entrara en razón y entendiera que los hechos de sangre e impunidad de ningún modo benefician a los partidos políticos o administraciones gubernamentales --sean del signo que fueren--, sino al contrario, nos laceran a todos, pues en la omisión del delito y en la lucha contra la delincuencia organizada se atenta contra inocentes.
 
Merced a lo anterior, es recomendable que las elites policíacas de la se apliquen a fondo y no sólo salgan de paseo o a dar exhibiciones paramilitares.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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