Por: Juan Sánchez-Mendoza04/09/2011 | Actualizada a las 22:32h
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Los partidos se alejan de sus “principios” Y poco les importa la esencia estatutaria El magisterio va a la caza de posiciones Aduladores de Felipe soslayan las leyes El sistema de partidos que
opera en México involucra a las tendencias políticas más importantes. Pero igual refleja la
diversidad ideológica existente en el seno de la sociedad, donde cada individuo
es libre de identificarse con la institución política que (piensa) más
satisface sus expectativas. Así tenemos: 1) La
representación de la derecha, radical y moderada, en el Partido Acción Nacional
(PAN); 2) La vertiente del centro abanderada por el Partido Revolucionario
Institucional (PRI); 3) La expresión de izquierda, en sus diversos matices,
encuentra expresión en el Partido de la Revolución Democrática (PRD); y 4) Se
supone que el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia Democrática se alinean
con el ala progresista, mientras que el Partido Verde Ecologista de México
(PVEM) y el Partido Nueva Alianza (Panal) tienden hacia el centro. Pero sólo se supone, pues
estos cuatro membretes acostumbrados ya están a actuar como comparsas de las
organizaciones que mejor paguen por sus servicios y les garanticen al menos
conservar su registro oficial, para así continuar gozando de las prebendas
económicas que les son entregadas con cargo a las contribuciones del pueblo. Todos los partidos registrados
en nuestro país, sin embargo, están obligados legal y moralmente a definir un
perfil a través de la declaración de principios, estatutos y un programa de
acción, que son precisamente los documentos básicos que deben regir a toda
organización. Los militantes y ciudadanos en
general, por tanto, deben conocer los documentos básicos que rigen la vida del
membrete al que están afiliados o es de sus simpatías, a efecto de enriquecer
la cultura cívica y acabar con el lastre que significa el analfabetismo político. En esencia, los partidos deben
impulsar la democracia, afianzar las libertades, animar la pluralidad,
configurar una patria más justa y equitativa, promover el desarrollo, brindar
posibilidades de expresión y participación a la gente, garantizar el empleo, la
salud, la seguridad, etcétera. Otros aspectos que los
distinguen son sus estrategias y tácticas para arribar al poder o conservarlo
y, desde luego, el segmento de la sociedad por el cual han decidido tomar parte
y cuyos intereses dicen defender. Así, un partido que se inclina
a favor de los grupos privilegiados y defiende la propiedad privada, la libre
competencia del capital y la explotación de la mano de obra, puede ser
tipificado como de derecha. En contraparte, las
organizaciones que se identifican con los trabajadores, la propiedad pública y
buscan mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías, estarían
considerados en el ala izquierda o progresista. El llamado centro, o justo
medio, se supone que retoma preceptos de uno y otro bando y trata de mantener
el equilibrio; acepta la existencia de un régimen de economía mixta y justifica
la lógica empresarial y dinámica del mercado. Pero también busca que haya
una adecuada repartición de la riqueza que genera la actividad económica, tanto
en el sector público como en la iniciativa privada. En lo general, este es el
esquema en el que los partidos políticos enmarcan su origen y funcionamiento. Por supuesto que no hay
fórmulas ni reglas que se sigan al pie de la letra. La característica, en todo
caso, es que los partidos políticos, en nuestro tiempo, son flexibles y
pragmáticos. Buscan el éxito a como dé
lugar, sin importar ideologías o principios. Lo que sirve y es útil a la
causa resulta bienvenido. De ahí que las actitudes,
valores e ideología pasen a un segundo o tercer plano. Poco importa el debate y la
contraposición de proyectos. Más bien se privilegia la
imagen y la personalidad de sus dirigentes. En este sentido, es común
observar en las coyunturas electorales o en los momentos de definición
trascendental en la vida del país, cómo los políticos, los líderes sociales y
de opinión, brincan de un bando a otro por la inercia de la “jugada” y con el
ánimo del triunfo. Corolario Este es el sistema de partidos
que tenemos y que usufructúan las altas jerarquías del poder. Allí sucumben la
mística y la vocación de servicio. Lo que vale es estar vigente y conservar el
mando a como dé lugar. ¿Principios? ¿Valores?
¿Ideología? ¿Qué es eso? Especulación electorera En los ocho distritos
electorales y 43 municipios de la geografía tamaulipeca, se especula con clara
insistencia sobre el tema de las candidaturas al Congreso de la Unión, aun
cuando oficialmente no ha iniciado el proceso electoral del 2012. Por lo que toca al Partido
Revolucionario Institucional, sólo existen dos motivos que animan esa actitud: 1) Quienes abordan el asunto
lo hacen con la intención de alborotar las aguas y presionar a la jerarquía
tricolor para que en ellos se fije; y 2) Por la calentura de quienes
ya se sienten “amarrados”. De cualquier forma el jefe del
Ejecutivo estatal no quita ni alimenta aspiraciones. Sólo contempla la actitud de
los madrugadores que hoy, otra vez, dan la impresión de (ya) haber caído
seducidos por el canto de las sirenas. Un buen número de aspirantes
aún despacha en las alcaldías, como diputados locales o funcionarios del
Gobierno estatal --dizque agazapados, manteniendo la disciplina y trabajando
“cabalmente” en las funciones conferidas--, por lo que les recuerdo una cita
publicada por el ideólogo Jesús Reyes Heroles, que bien podrían aplicar a su
persona. Dice: Siendo Manuel González
Presidente de México, estuvo a visitarlo Porfirio Díaz, quien comentó: --No tengo ambiciones,
compadre. “El Manco” –nativo de
Tamaulipas--, hizo como que no oía. Pero a cambio empezó a abrir y cerrar
cajones de su escritorio, ante el asombro del oaxaqueño, quien no pudo calmar
su curiosidad y espetó: --¿Qué busca, compadre? --Al pendejo que se lo crea,
compadre –aclaró Manuel González. Torpeza de aduladores Los aduladores del señor de
Los Pinos que acá radican son tan torpes que descalificando a funcionarios e
instituciones estatales pretenden atenuar su pérdida de credibilidad. Va un claro ejemplo: para
ellos cuanta violencia registra la entidad, obedece a una mala estrategia de
quienes forman parte del Sistema Estatal de Seguridad Pública, cuando es claro
que el clima de terror se da, precisamente, ante la incapacidad de las
corporaciones federales, siendo que es de suyo responsabilidad atender lo
relacionado con el narcotráfico, contrabando, tráfico de indocumentados,
secuestros y todo lo que sean delitos federales. Basta analizar las
estadísticas para confirmar el fracaso de la Procuraduría General de la
República (PGR) en esta empresa, que, de manera irresponsable, los panegiristas
domésticos de Felipe Calderón Hinojosa tratan de disfrazar culpando a quienes
constitucionalmente sólo tienen atribuciones para prevenir y perseguir ilícitos
del orden común y nunca los federales, porque entonces sí estarían quebrantando
la ley. De ahí que las declaraciones
vertidas por los diputados federales del Partido Acción nacional y
algunos funcionarios federales (que quizá ignoren lo que establece nuestra
Carta Magna en este sentido), sean consideradas tan imprudentes como parte del
juego sucio que el mandón del membrete albiceleste les ha ordenado poner en
práctica para descalificar al adversario en plena víspera electoral. En consecuencia, lo que ahora
escupen hacia arriba ambos nazis de guarache podría caerles en pleno rostro. Y más cuando hablan de
atribuciones sin saber qué dice la legislación al respecto. ¿Acaso nunca han consultado la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos? Ahí claramente se establece la
responsabilidad de todas y cada una de las instituciones encargadas de la
seguridad pública. E-m@il: jusam_gg@hotmail.com golpeados@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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