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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Oportunismo pre-electoral

Por: Juan Sánchez-Mendoza 28/08/2011 | Actualizada a las 22:23h
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El oportunismo es una actitud que se presenta en cualquier actividad de la vida humana. Pero en el quehacer político exhibe influencia aguda merced a la proclividad de los actores a ganar notoriedad y presentarse ante los ciudadanos como férreos defensores de sus intereses.
 
La tentación de sucumbir ante el embrujo de lo fácil lleva a muchos aspirantes a puestos de elección popular, autoridades y teóricos de café, a manejar con simpleza temas y problemas que de suyo son delicados y profundos.
 
De ningún modo se les podría tipificar como ignorantes o personas de buena fe, ya que calculan fríamente sus objetivos para convertirse en el centro de la atención y el debate.
 
En una situación normal, los oportunistas permanecen agazapados y su trabajo es silencioso --casi clandestino--, pudiendo llegar incluso a prestar servicios al régimen federal establecido o en el ámbito estatal –aun cuando éste no corresponda a los principios y proyectos que “profesan”--, pero en un escenario de competencia pre-electoral --donde pueden negociar y/o eventualmente salir airosos--, se transforman en sujetos activos, críticos, “defensores de los intereses populares” y “estrategas brillantes”.
 
Justo en ese contexto a todo le encuentran remedio y les da por resolver las cosas en menos que canta un gallo, aunque igual buscan crear una imagen negativa de sus adversarios, enjuiciándolos por lentos, corruptos y carentes de todo compromiso social.
 
Ya ve Usted cómo andan las cosas en el Partido Acción Nacional (PAN), aquí en Tamaulipas.
 
Realidad distorsionada
 
Las personalidades atormentadas de los oportunistas tergiversan y envilecen la realidad; al tiempo que suprimen y descalifican cualquier logro, éxito o verdad, por evidente que sea, de parte de sus rivales circunstanciales si ello les favorece.
 
Regularmente actúan por consigna y no tienen el menor pudor en falsear los hechos, que, por cierto, son descontextualizados y adaptados a la conveniencia de los mezquinos intereses que dicen defender.
 
En concreto, acatan instrucciones de camarillas y facciones que las más de las veces profesan tendencias reaccionarias.
 
Aquí debo advertir que el oportunismo no es exclusivo de la ultraderecha (a la mexicana), pero los representantes, amanuenses o corifeos de ésta son quienes más lo practican mediante feroces proclamas, tronantes declaraciones y desplegados en la prensa escrita.
 
Ejemplo de ello es que se cuelgan de un problema para emitir juicios parciales e irresponsables, en lugar de contribuir a superarlo, con la simplona intención de desorientan a la opinión pública, cuya potestad y representación se arrogan.
 
Resulta conveniente precisar, entonces, que una organización que se precie de ser ferviente defensora de la democracia, debe exigir a sus militantes, dirigentes, gobernantes y legisladores (emanados de sus filas), que cuando abran la boca lo hagan con conocimiento de causa y proponiendo soluciones; sin fobias ni traumas, dogmas ni mesianismos.
 
En síntesis, es obligación de la nomenclatura panista hablar con la verdad y evitar la tentación de querer manipular a la ciudadanía como ocurre de manera sistemática en todos los procesos electorales, donde los fulleros eluden los temas de fondo por el oportunismo que los caracteriza.
 
Información distorsionada
 
Las críticas más recientes de Felipe Calderón Hinojosa en contra de los medios de comunicación masiva, actualiza o reedita, según el punto de vista de cada cual, el viejo problema de la comunicación presidencial, que, en sí mismo, no es un aprieto de origen, sino la dificultad derivada de la interpretación política que del país él hace e impone como Presidente de México.
 
Desde el régimen de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-88) y hasta la fecha (inclusive), el problema del manejo de prensa en Los Pinos se ha complicado, o, mejor dicho, se ha globalizado sin que mejoren sus contenidos en cuanto a la concepción histórica y política de nuestro país y su enmarcamiento ruinoso frente al mundo.
 
Esto porque los últimos cinco jefes del Ejecutivo federal, incluido Felipe, se dejaron seducir por las mieles informativas de los grandes consorcios estadounidenses que cabildean e influyen en la política de Washington. Especialmente en el Senado del país vecino del norte, que en una clara actitud intervencionista se ocupa una y otra vez de todo cuanto aquí se hace.
 
Bajo esas condiciones hoy se abre un mercado costosísimo de dependencia y cabildeo informativo con los gringos; principalmente con los “chamanes” de los medios más influyentes que mandan aquí y allende el río Bravo, sin que el Presidente de México tenga mayor capacidad de maniobra.
 
A raíz de ello se acentúa el fracaso en el manejo de la comunicación social de la Presidencia; y a los responsables del área, para justificar su actividad, no se les ocurre otra cosa que amordazar a la prensa, mediatizarla, privarla de contenidos, acosar a periodistas desde las propias oficinas editoriales o bien encarecerles el medio y el modo de escribir y opinar sobre la realidad de su país, pues lo informado en el extranjero nada tiene qué ver con la realidad que aquí en México se vive.
 
En cuanto a la televisión, a la vez que se roba la imagen pierde los contenidos y hasta pareciera que se gobierna a través de ésta.
 
Por eso la crisis de la comunicación presidencial se ha viciado  A grado tal que cuando Calderón Hinojosa creyó alcanzar las alturas quiso reformar distintas leyes a través de la pantalla chica, tomando por modelo las estupideces que puso en boga Joseph Paul Goebbels en cuanto a su desprecio por la prensa escrita.
 
Atentado contra el pueblo
 
Por otro lado, bien sabemos que nada alienta más la descomposición social, la anarquía y la pérdida de legitimidad política, que la información distorsionada.
 
Y es precisamente el gobierno federal el que miente cuando trata de disfrazar las verdaderas intenciones de Felipe Calderón Hinojosa, quien está a tres días de rendir su penúltimo informe de labores.
 
Hasta el ciudadano menos avezado ha percibido ya la existencia de una clara embestida contra la economía familiar, la cual se mueve, indistintamente y como pez en el agua, tanto en la casa como en las fuentes de empleo y en la superestructura burocrática.
 
En estos momentos de ingobernabilidad y confusión, los cerca de 106 millones de mexicanos nos hemos convertido en rehenes de un pequeño grupo de “intocables” y “mañosos”, a los que es sencillo identificar por sus nombres y apellidos. No así por su currículo, puesto que a muchos de ellos ni siquiera los habíamos oído mentar hasta que aparecieron en escena pública.
 
Sin embargo, el peso de sus acciones y la influencia de sus provocaciones se siente en todos los rincones del territorio nacional, a través de golpes de mano y una constante amenaza de lo que nos espera en caso de no ceder a sus caprichos, aunque éstos, en el fondo, atenten contra nuestra precaria situación económica e incrementan la inseguridad que tantos muertos ha generado.
 
Práctica del spot
 
Mucho se ha discutido en el ámbito nacional sobre la inconveniencia de seguirle recortando los presupuestos a las entidades federativas y los municipios –práctica que por cierto los ha llevado a la debacle--; se ha exteriorizado el repudio general de la población hacia el Presidente; una y otra vez se ha levantado la voz, pero ni así hemos podido disuadirlo de sus terquedades.
 
Por si fuera poco, sus asesores de prensa gastan carretadas de dinero en spots televisivos tratando de proyectar otra imagen que no le corresponde, pues cree que con anuncios mal elaborados podría convencernos de que fuera de él no ha existido nadie mejor al guiar los destinos de México.
 
Pero es obvio que ya nadie le cree. Nadie ajeno al grupo de sus panegiristas, que seguramente serán los únicos que le aplaudan el jueves uno de septiembre allá en Palacio Nacional.
 
E-m@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeados@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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