Por: Juan Sánchez-Mendoza15/08/2011 | Actualizada a las 22:55h
La Nota se ha leído 1802 Veces
Magisterio acusa a la
autoridad institucional Y ésta se hace la desatendida
ante el hecho Lo cierto es que la práctica
se da en el país Cerrazón presidencial, por el
quinto informe El mantenimiento de
“aviadores” en el sistema educativo es un problema real que (cuando se aborda)
suele descalificar la autoridad en la materia, tanto como el magisterio,
culpándose entre sí por la milenaria práctica de asignar plazas de docentes
(con jugosos salarios) a parásitos que jamás han pisado un aula. Ya no digamos para transmitir
su “conocimiento”, sino para justificar las horas asignadas por sus amigotes,
compadres, parientes, padrinos y jefes de gavillas, que en la administración
educativa encontraron un rico filón que de mucho les sirve para mantenerse
enquistados en el poder. Estamos a una semana de que
inicie el período escolar 2011-2012. Y mientras millones de padres
de familia “los dedos se truenan” por carecer de recursos económicos para cubrir
las “cuotas voluntarias” que les exigen en las instituciones educativas del
sector público –el caso de las particulares resulta más drástico--, adquirir
uniformes con distintivos, comprar útiles escolares, zapatos y forrar cuadernos
y libros, asoma un jaloneo entre funcionarios del sistema educativo y el
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), por el sostenimiento
de miles de “aviadores”. La parte oficial acusa al
magisterio de tener miles de comisionados. Sin trabajar, por supuesto. Y el sindicato que explota
Elba Esther Gordillo Morales argumenta que es el propio Gobierno –obvio, en sus
tres niveles--, el causante de tanta “aviador”, por suponer que es en los
puestos de confianza donde más se recurre e la práctica malsana. Lo cierto es que el tema
vuelve a ponerse de boga en la víspera de iniciar clases. Panorama doméstico Ayer, justo al celebrar su
cumpleaños en compañía de cerca de 20 mil maestros de los aproximadamente 45
mil que integran la Sección 30 del SNTE, Arnulfo Rodríguez Treviño dijo que la
alta burocracia de la Secretaría de Educación de Tamaulipas es la que más daño
hace al estado. No precisó cifras, pero
aseguró tener ubicados a los “peces gordos” (de esa dependencia) que cobran
altos sueldos sin trabajar. “No son los comisionados (del
SNTE) –dijo--, sino la ‘fuerza aérea de la SET’, cuya identidad obvio (y
malamente) se guarda como un “as” bajo la manga. ¿Es correcto? Yo tampoco lo creo, pues sí él
tiene pruebas de que las autoridades de la Secretaría de Educación de
Tamaulipas incurren en irregularidades debe denunciarlas, a fin de que el
gobernador Egidio Torre Cantú –quien se supone es su amigo--, tome cartas en el
asunto, a menos que el jefe del sindicato magisterial pretenda vendérselas a un
precio más caro. ¿Cuál? Obvio: a cambio de
posiciones legislativas en el proceso electoral que se avecina. De otra forma no se entendería
el por qué Rodríguez Treviño lanza la pedrada y quiere esconder la mano,
aprovechando un festejo personal cuando en política, debe entenderlo claro,
nada es personal, ya que todo obedece a intereses. En fin, el tema de los
“aviadores” no es nuevo. Como tampoco me extraña el
doblez del dirigente magisterial, quien un día se dice amigo de quien manda en
Tamaulipas y al siguiente deja caer dinamita contra él, disfrazando la
arremetida al cuestionar prácticas insanas por parte de la burocracia de la
SET. Es decir, las cometidas por
Diódoro Guerra Rodríguez y su equipo más cercano de colaboradores. Los inadaptados Los teóricos e investigadores
de la ciencia política tienen como norma el estudio y análisis transnacional,
pues uno de sus objetivos es identificar los rasgos que distinguen a los países
cuyos sistemas de gobierno ostentan la democracia, o bien se encuentran en vías
de adoptarla, como es el caso de la República Mexicana en plena víspera del
relevo presidencial. En su caso, Robert A. Dahl,
catedrático de la Universidad de Yale, establece algunos elementos que utiliza
en sus indagaciones antes de ofrecer una recomendación en torno al panorama:
cargos públicos electos, fuentes alternativas de información, elecciones libres
e imparciales, respeto del poder hacia la ley, libertad de expresión y
participación ciudadana. Una vez recopilada la
información, los estudiosos proceden a su evaluación, cruzamiento y análisis,
para determinar hasta dónde un país puede ondear la bandera de la democracia. La referencia surge a
propósito de la guerra sin cuartel que en México libran el jefe del Poder
Ejecutivo (federal), Felipe Calderón Hinojosa, y el Poder Legislativo (en su
conjunto), mostrándose ésta más escandalosa por el desacuerdo (entre ambas
partes) en torno a las reformas política, laboral y económica. Y es aquí, por cierto, donde
se evidencia que nuestro país vive la fragilidad de una incipiente democracia. Pero el pleito también pega
fuerte en las instituciones. Tan es así que éstas se
tambalean ante el sainete que incluso amenaza con desestabilizar a la nación
entera, pues los actores principales ya cavaron su trinchera y se aprestan a
destrozarse de cara a la sociedad que hoy es presa de la confusión. Cerrazón presidencial Cada una de las partes en
conflicto esgrime de manera pública sus alegatos y habla a nombre del mandato
conferido por las mayorías que los erigió en representantes populares (mediante
procesos electorales que en la generalidad podemos tipificar como libres e
imparciales). El problema central que se ha
vuelto crónico y pone en riesgo el proyecto democrático del país, sin embargo,
lo podemos ubicar en la incapacidad de los políticos, autoridades y grupos de
interés para ponerse de acuerdo; en la incongruencia de algunos de ellos, y,
por supuesto, en la falta de respeto hacia nuestra Carta Magna donde la
legalidad no tiene dobleces. No obstante, el señor de Los
Pinos sí acostumbra practicar un doble juego, pues en la práctica hace todo lo
contrario de lo que promete con su lengua suelta, como bien lo demuestran sus
mismas palabras pronunciadas durante la lectura de su cuarto informe de
labores, cuando afirmó: “Los valores de la democracia,
el respeto a la ley y el orden, son el fundamento de una sana convivencia
política. Con todos los desafíos y las incertidumbres que puede entrañar, mi
gobierno ha optado siempre por los principios democráticos.” En otra parte del mensaje
subrayó: “(…) Cuando un poder rebasa sus atribuciones es siempre en detrimento
de los otros.” Antes, no tuvo el menor
empacho en darle coba al “Honorable” Congreso de la Unión: “El Ejecutivo propone y el
Legislativo dispone”, dijo. Y hoy que estamos a días de
que entregue su quinto (y penúltimo informe de labores), vale la pena destacar
que ante esas evidencias --salidas del ronco pecho presidencial--, y las
pruebas de la incongruencia de Calderón Hinojosa, empieza a decrecer nuestra
capacidad de asombro merced a la mentira y el cinismo con que se abordan los
asuntos trascendentales que impactan a México. Y es que parece increíble que
el propio señor de Los Pinos sea quien esté poniendo al país en la antesala de
una crisis profunda, debido a su falta de tacto, carencia de oficio político,
y, lo que es peor, por su terquedad y cerrazón al no estar dispuesto a respetar
los ordenamientos legales ni a reconocer el ámbito de competencia de un órgano
soberano y plural como es la Cámara de Diputados, que se supone es la autoridad
encargada de revisar y modificar la legislación que rige al sistema político de
México. Merced a lo anterior, vale la
pena reiterar que nadie puede estar por encima de la ley, así se trate del
Presidente de la República. Ello es una condición mínima
de respeto a los principios de convivencia y orden que deben privar en México. La Legislatura federal, por
tanto, está en todo su derecho de modificar las iniciativas enviadas por el
Ejecutivo y éste debiera atender la decisión adoptada, toda vez que se trata de
una atribución constitucional. Más aún cuando los cambios
efectuados a las propuestas del Presidente de ninguna manera se prevén
irreflexivos e injustos, en virtud a que beneficiarían a amplios sectores de la
sociedad y se postergarían algunos rubros considerados no prioritarios, como
debe ser si se trata de un gobierno sensible que le cumple a la gente. Los rubros que defiende
Calderón a capa y espada, tienen qué ver con la reelección de diputados, las
candidaturas independientes, el aniquilamiento de sindicatos y un supuesto
seguro laboral; mientas que lo privilegiado por los diputados se orientaría a
beneficiar a los sectores sociales más desprotegidos, hasta donde no han
llegado los beneficios de la macroeconomía, aunque, hay que decirlo, los
mensajes propagandísticos transmitidos de manera central por este gobierno del
cambio señalan lo contrario. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas