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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

¿Limpia o maquillaje?

Por: Juan Sánchez-Mendoza 18/07/2011 | Actualizada a las 22:34h
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En la Procuraduría no todo está resuelto, aún
Existen malos elementos podrían causar baja
Hace bien el mandatario en ordenar la “limpia”
Golpe a golpe anuncia su período vacacional
 
La remoción de agentes del Ministerio Público del Fuero Común y de efectivos de la Policía Ministerial –que la autoridad gubernamental le ordenó al procurador de Justicia de Tamaulipas, Bolívar Hernández Garza--, merced a la ineficacia que éstos muestran para desarrollar profesionalmente su trabajo, la insana relación que pudieran sostener con el crimen organizado, den positivo en los exámenes de confianza o incurran en otras faltas graves, debe concretarse a la brevedad posible para así marcar el inicio de un verdadero combate a la corrupción policial.
 
Sólo de esta forma podría creerse que Tamaulipas no es ni será campo fértil para la delincuencia; y que aquí no hay impunidad ni se protege a nadie.
 
Igual dejaría en claro que el actual Gobierno no tolera ni tampoco encubre a quienes se apartan de la legalidad; no permite que la sospecha manche la probidad y honradez de los servidores públicos que  con éste colaboran; y refrendaría su compromiso de actuar con todo el peso de la ley en contra de cualquier infractor.
 
Por si fuera poco, el procurador está obligado a girar instrucciones precisas para combatir frontal, eficaz e incansablemente toda conducta delictiva; erradicar la impunidad; aplicar estrategias para elevar los niveles de procuración de justicia y que todos los policías ministeriales, tanto como los fiscales del fuero común, antepongan el bienestar ciudadano a los intereses personales o de grupo en el desempeño de su trabajo.
 
La depuración, sin embargo, no es suficiente con el cese fulminante de los malos elementos.
 
Es necesario ir más allá; consignarlos de comprobarse sus nexos con el crimen organizado u otras mafias, a fin de evitar que una vez en la calle los corridos pasen a engrosar esas gavillas.
 
Sobre todo si a esta pléyade le agregamos otros elementos, que, en los días venideros, según se prevé, podrían causar baja de manera voluntaria.
 
Bajo este entendido, debo aclarar que no es que dude que la limpia en la Procuraduría pudiera ser exitosa, sino que simple y llanamente creo que los hoy candidatos al cese bien pudieron aprenderse todo el abecedario en materia de persecución de delitos.
 
¿O acaso no han estado involucrados en la procuración de justicia y en la seguridad pública?
 
¿Jamás practicaron el espionaje telefónico?
 
¿Nunca trataron con otros delincuentes?
 
De ahí que me parezca pertinente aclarar, también, que éste mi comentario no es en defensa de los efectivos candidatos al relevo.
 
Y no porque sé que en su mayoría pudieran haber servido (o sirven) a intereses mezquinos, de mafias; son corruptos, prepotentes, abusivos, viciosos y muchas veces hasta ignorantes; y que autoridad la amparaban en una concha, una pistola o metralleta y en una credencial que los acreditaba como efectivos, para cometer toda clase de fechorías al amparo de la ley.
 
En lo sucesivo muchos de esos elementos quedarán fuera.
 
Más para mal que para bien, porque sumados a los cientos de cesados en esa y otras corporaciones en distintas épocas, sólo pasarían a engrosar una interminable lista de ex policías desempleados que podrían ser cooptados por el narco, o, en el menor de los casos, organizar sus propias bandas criminales, pues mucho dudo que estén capacitados para desempeñar otras tareas.
 
Equipo policial
 
La dotación de patrullas, equipo y uniformes a todas las corporaciones policíacas, más que considerarse una obligación por parte del Gobierno Estatal –como mal lo suponen algunos opositores al régimen--, debe ser analizada en su justa y real dimensión.
 
Cierto es que gran porcentaje de los recursos utilizados para adquirir esos activos proceden del erario federal, pero también es cierto que el dinero no lo aporta la Presidencia de la República y menos el Partido Acción Nacional (PAN) –incluidos los aventureros que viven del membrete o acostumbran hacer negocio a la sombra de éste--, sino los millones de mexicanos que cotidianamente pagamos impuestos y reclamamos, con todo derecho, que estos sean asignados para combatir la delincuencia.
 
Esta apreciación quizá la compartan en la Secretaría de Seguridad Pública Federal, pues hasta donde sé el organismo en comento nunca ha escatimado recursos para apoyar a Tamaulipas en su lucha contra el hampa.
 
Menos cuando cotidianamente es analizado cuanto aquí se ha hecho en la materia y dispuesto mayores recursos con qué aterrizar todos y cada uno de los proyectos que le ha planteado el gobernador Egidio Torre Cantú, en su interés de restablecer el bienestar de sus conciudadanos.
 
De otra forma a Tamaulipas se le habría negado la asignación de partidas extraordinarias, y, lo peor, hasta podría haberse ordenado el recorte de las aportaciones federales si las entregadas con anterioridad no hubieren sido aprovechadas o bien aplicadas.
 
Pero no ocurre así. Y no porque la administración de esos recursos es transparente y se refleja con la modernización de las corporaciones policiales que hoy tienen con qué enfrentar a la delincuencia en la prevención y persecución del delito.
 
Por todo lo anterior, la crítica malsana de quienes tratan de restarle méritos al gobierno estatal no tiene razón de ser.
 
Y menos cuando Egidio Torre Cantú encabeza una cruzada para restablecer el clima de seguridad pública en Tamaulipas.
 
El ejercicio del poder
 
Reza una sentencia política que no hay nada más embriagador que el poder, pero tampoco nada más peligroso.
 
Esta es una gran verdad, dado que el ejercicio del poder puede llevar a extralimitarse a quien lo alcanza y obnubilar su capacidad de raciocinio, que es el instrumento por excelencia con el que se mueven las piezas del ajedrez.
 
De ahí la importancia de abrevar en los estudiosos de los fenómenos políticos que recomiendan actuar con prudencia para aprender a dominar las emociones y no por el contrario, ser presa fácil de la irreflexión al momento de tomar decisiones.
 
Sin lugar a dudas cada situación es diferente.
 
Y en función de ello la toma de conciencia resulta fundamental en el desarrollo de todo proyecto.
 
Se lo comento porque en Tamaulipas el futuro político implica nuevas y distintas empresas que es menester abordar con los enfoques y la dinámica que el momento y la circunstancia demandan.
 
Esto quiere decir que los hombres del poder deben saber dónde hay que detenerse, qué cambios graduales impulsar, con qué amigos o enemigos jugar y cuándo consolidar lo alcanzado.
 
Comúnmente la euforia de sentirse influyentes coloca a ciertos funcionarios públicos en un estado de vulnerabilidad y los vuelve hostiles cuando alguien pone en duda su fortaleza o comete la osadía de desafiarlos.
 
Por tanto, en el ejercicio del poder hay que confiar más en la sagacidad y estrategia de la gente, considerar tanto a la suerte como a la circunstancias como elementos cambiantes y procurar rodearse de figuras talentosas.
 
También resulta pertinente reconocer que el poder tiene sus ritmos y pautas, y, a partir de esta base, colocar a cada funcionario en su justa y real dimensión a efecto de estar en capacidad de utilizarlos a favor de la misma causa.
 
Quien en verdad ejerce el poder no debe perder de vista que la esencia de la estrategia consiste en controlar los pasos subsecuentes, ya que la euforia podría alterar su facultad de interpretar y dirigir hacia buen puerto los acontecimientos que se avecinan.
 
Lo más común entre los subordinados es que el influyentismo se les trepe a la cabeza y actúen más emocionalmente que con razón, al tiempo que muestren proclividad de quedarse en lo establecido y, en el peor de los escenarios, vivir de la fama ajena, tan sólo para conservar la chamba.
 
Este tipo de actitudes relajan la capacidad de análisis objetivo y llevan al conformismo al considerar en forma errónea que todo se encuentra bajo control; que fuera de ellos nadie más tiene la capacidad de manejar acertadamente las carteras conferidas.
 
Alto en el camino
 
Esta columna dejará de publicarse en los días subsecuentes, pero habrá de reaparecer el uno de agosto próximo cuando termine el período de asueto veraniego.
 
¡Salud!
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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