Hoy es Jueves 11 de Junio del 2026


Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Policías sin respeto

Las diferentes “familias” del crimen organizado que (según sea el caso) pretenden retener, ampliar o instalar...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 21/02/2010 | Actualizada a las 23:08h
La Nota se ha leído 2238 Veces


Despliegue en la frontera no debe ser para asustar
En la zona limítrofe ningún inocente zanja el peligro
El problema va más allá de ‘riñas entre pandilleros’
Es previsible que federales se liguen a facinerosos
 
Las diferentes “familias” del crimen organizado que (según sea el caso) pretenden retener, ampliar o instalar su poderío a base de sangre y fuego en la región fronteriza, podrían ser diezmadas si en verdad las decenas de agentes federales antinarcóticos y los soldados que ahí han hecho su aparición se avocan a perseguir a los narcotraficantes y no, como acostumbra suceder, a sólo espantarlos con el petate del muerto.
 
En su cruenta disputa por controlar los puntos estratégicos ubicados sobre la ribera del Bravo, dos poderosas bandas de narcotraficantes, con el claro propósito de pelear el territorio a las gavillas locales que siguen ejerciendo un imperio evidente en la zona, han utilizado todo tipo de armamento y no muestran respeto --menos miedo ni consideración-- hacia las corporaciones policiales federales, estatales o municipales, como ha quedado demostrado en los múltiples enfrentamientos librados entre ellas mismas o contra “la ley”, sin que les importe sembrar el terror y la muerte de inocentes que nada tiene qué ver con ningún bando.
 
Es decir, se han vuelto tan descarados que hasta en presencia de la AFI y los soldados serían capaces de todo, según la vox populi, que no se cansa de reclamar el hecho al señor de Los Pinos.
Hay que reconocer, sin embargo, que el fenómeno de la delincuencia organizada desde hace muchos años les ha ganado la batalla a las autoridades encargadas de su combate, por tres razones fundamentales:
 
1) Gran parte de los facinerosos y principalmente sus estrategas en la siembra, cultivo, cosecha, procesamiento, distribución y comercialización de las drogas, antes fueron policías;
2) La connivencia que existe entre capos –incluida toda la estructura de su cártel--, con los jefes de las corporaciones policiales; y
 
3) Porque hasta hoy no ha surgido el funcionario federal que encabece una verdadera cruzada contra los delincuentes de cuello blanco y los envenenadores públicos.
 
Cierto es que el combate a este tipo de flagelo sólo podría ganarse a largo plazo por ser una empresa difícil de realizar, pero igual se supone que para eso están los mejores hombres y mujeres al frente de las instituciones de seguridad nacional y/o pública.
 
Entonces, ateniéndonos a ello les recordamos que tienen la obligación de aplicarse a fondo y dar resultados… más que inventar explicaciones.
 
Parangón con los EU
Lo que acontece en la zona fronteriza de México –desde Baja California hasta Tamaulipas--, mucho se asemeja a lo que ocurrió en la Unión Americana en las décadas de los veintes, treintas y parte de los cuarentas, cuando se dio la disputa entre bandas criminales por controlar el contrabando de licor.
 
Allá también, a plena luz del día, operaban los sicarios “armados hasta los dientes”, y con la macabra orden de ultimar a sus rivales a costa de lo que fuera.
 
El cine, por su parte, han reproducido ese pasado oscuro llevando a la pantalla magistralmente todo tipo de escenas de cómo opera la mafia; y en sus argumentos principales sobresale la rivalidad entre las “familias” que se enfrascaban en guerras sin cuartel por la conquista territorial en ciudades norteamericanas, como Chicago, para ampliar sus negocios ilícitos e influencia. Y hasta parece que reviven en nuestro entorno cercano.
 
Lo que ahora ocurre en municipios como Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez, Ciudad Acuña, Colombia, Nuevo Laredo y Reynosa podría remitir a cualquier filme o historia de célebres gángsteres como Al Capone, George Moran --conocido en el mundo del hampa como “Bugs”--, Lucy Luciano, Mc Baker o Albert Anastasia alias “The boss”; y estoy seguro que ninguno de los municipios desmerecería en lo absoluto.
 
La diferencia entre lo ficticio (que es el cine) y la realidad, es que estamos en pleno siglo XXI y las armas y balas, así como los muertos, no son de utilería… son de verdad.
 
Lo peor del caso es que involucran a la sociedad civil, puesto que los enfrentamientos entre la “maña” local y la de otras entidades ya no solamente ocurren en las carreteras, los ranchos, los prostíbulos y centros de vicio o juego clandestinos, sino a plena luz del día y en la calle, frente a escuelas e iglesias; en los supermercados, restaurantes, cines o plazas comerciales instaladas sobre avenidas altamente transitadas y/o en lugares frecuentados por mujeres, niños, jóvenes y ancianos ajenos a esa barbarie, como lo confirman los acontecimientos más recientes de Juárez, aunque el señor de Los Pinos considere que se trató de una riña entre maleantes.
 
En sus ajustes de cuentas los matones utilizan modernas y potentes armas de fuego que disparan sin el menor remordimiento… ¡y pobre de aquél que sin deberla ni temerla se encuentre en el lugar equivocado!
 
Connivencia fracturada
Llama la atención el hecho de que en su disputa los gángsteres fronterizos ataquen a policías estatales y municipales --quizá también se en el sur y centro de la entidad--, a través de los llamados “levantones” cuando estos patrullan el área asignada.
 
El asunto despierta mayor suspicacia toda vez que (en el pasado) se han comprobado los lazos de amistad o subordinación que funcionarios y ex funcionarios de seguridad pública mantienen frente a los capos.
 
De ningún modo podría negarse que haya policías y autoridades honestas, pero serían casos excepcionales, ya que el modo de operar de la mafia misma los obliga a recibir el soborno correspondiente o exponerse a las fatales consecuencias, bajo la gastada teoría de “plata o plomo”.
 
De ahí que insista en la necesidad de multiplicar esfuerzos, a fin de que el Ejército Mexicano, en coordinación con las corporaciones federales, estatales y municipales, vayan al fondo del asunto. Pero en serio, pues el combate al narcotráfico y al crimen organizado sólo podría lograrse sumando esfuerzos y voluntades. De lo contrario la guerra estaría perdida.
 
Respuesta tardía
El Gobierno Federal, a través de la Procuraduría General de la República (PGR), por fin decidió poner en marcha, en Ciudad Juárez, una serie de operativos permanentes de combate a la delincuencia organizada.
 
Debo advertir que ya era tiempo de que les cayera el veinte y dejaran al margen la lucha estéril por imponer jerarquías, colocando en última instancia la seguridad y tranquilidad de la población.
 
Sé que hubo la necesidad de que hiciera crisis esta problemática delincuencial y se convirtiera en noticia diaria para que la Procuraduría General de la República advirtiera que en Juárez ya estaban prendidos los focos rojos.
 
Igual tuvieron que recogerse gran número de muertos --la mayoría producto de ejecuciones--, y disparado armas de potentes calibres (a la luz del día y en céntricas calles del municipio), a fin de que el Gobierno Federal entrara en razón y entendiera que los hechos de sangre e impunidad de ningún modo benefician a los partidos políticos o administraciones gubernamentales --sean del signo que fueren--, sino al contrario, nos laceran a todos, pues en la omisión del delito y en el combate al narcotráfico se atenta contra inocentes.
 
Merced a lo anterior, es recomendable que las elites policíacas de la PGR se apliquen a fondo y no sólo salgan de paseo o a dar exhibiciones paramilitares.
 
E-m@il
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
adadasdas
HoyTamaulipas.net Derechos Reservados 2016
Tel: (834) 688-5326