Las diferentes “familias” del crimen organizado que (según sea el caso) pretenden retener, ampliar o instalar...
Por: Juan Sánchez-Mendoza21/02/2010 | Actualizada a las 23:08h
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Despliegue
en la frontera no debe ser para asustar En
la zona limítrofe ningún inocente zanja el peligro El
problema va más allá de ‘riñas entre pandilleros’ Es
previsible que federales se liguen a facinerosos Las diferentes
“familias” del crimen organizado que (según sea el caso) pretenden retener,
ampliar o instalar su poderío a base de sangre y fuego en la región fronteriza,
podrían ser diezmadas si en verdad las decenas de agentes federales
antinarcóticos y los soldados que ahí han hecho su aparición se avocan a
perseguir a los narcotraficantes y no, como acostumbra suceder, a sólo
espantarlos con el petate del muerto.
En su cruenta
disputa por controlar los puntos estratégicos ubicados sobre la ribera del
Bravo, dos poderosas bandas de narcotraficantes, con el claro propósito de
pelear el territorio a las gavillas locales que siguen ejerciendo un imperio
evidente en la zona, han utilizado todo tipo de armamento y no muestran respeto
--menos miedo ni consideración-- hacia las corporaciones policiales federales,
estatales o municipales, como ha quedado demostrado en los múltiples
enfrentamientos librados entre ellas mismas o contra “la ley”, sin que les
importe sembrar el terror y la muerte de inocentes que nada tiene qué ver con
ningún bando.
Es decir, se han
vuelto tan descarados que hasta en presencia de la AFI y los soldados serían
capaces de todo, según la vox populi, que no se cansa de reclamar el hecho al
señor de Los Pinos. Hay que
reconocer, sin embargo, que el fenómeno de la delincuencia organizada desde
hace muchos años les ha ganado la batalla a las autoridades encargadas de su
combate, por tres razones fundamentales:
1) Gran parte de
los facinerosos y principalmente sus estrategas en la siembra, cultivo,
cosecha, procesamiento, distribución y comercialización de las drogas, antes
fueron policías; 2) La connivencia
que existe entre capos –incluida toda la estructura de su cártel--, con los
jefes de las corporaciones policiales; y
3) Porque hasta
hoy no ha surgido el funcionario federal que encabece una verdadera cruzada
contra los delincuentes de cuello blanco y los envenenadores públicos.
Cierto es que el
combate a este tipo de flagelo sólo podría ganarse a largo plazo por ser una
empresa difícil de realizar, pero igual se supone que para eso están los
mejores hombres y mujeres al frente de las instituciones de seguridad nacional
y/o pública.
Entonces,
ateniéndonos a ello les recordamos que tienen la obligación de aplicarse a fondo
y dar resultados… más que inventar explicaciones. Parangón con los
EU Lo que acontece
en la zona fronteriza de México –desde Baja California hasta Tamaulipas--,
mucho se asemeja a lo que ocurrió en la Unión Americana en las décadas de los
veintes, treintas y parte de los cuarentas, cuando se dio la disputa entre
bandas criminales por controlar el contrabando de licor.
Allá también, a
plena luz del día, operaban los sicarios “armados hasta los dientes”, y con la
macabra orden de ultimar a sus rivales a costa de lo que fuera.
El cine, por su
parte, han reproducido ese pasado oscuro llevando a la pantalla magistralmente
todo tipo de escenas de cómo opera la mafia; y en sus argumentos principales
sobresale la rivalidad entre las “familias” que se enfrascaban en guerras sin
cuartel por la conquista territorial en ciudades norteamericanas, como Chicago,
para ampliar sus negocios ilícitos e influencia. Y hasta parece que reviven en
nuestro entorno cercano.
Lo que ahora
ocurre en municipios como Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez, Ciudad Acuña,
Colombia, Nuevo Laredo y Reynosa podría remitir a cualquier filme o historia de
célebres gángsteres como Al Capone, George Moran --conocido en el mundo del
hampa como “Bugs”--, Lucy Luciano, Mc Baker o Albert Anastasia alias “The
boss”; y estoy seguro que ninguno de los municipios desmerecería en lo
absoluto.
La diferencia
entre lo ficticio (que es el cine) y la realidad, es que estamos en pleno siglo
XXI y las armas y balas, así como los muertos, no son de utilería… son de verdad.
Lo peor del caso
es que involucran a la sociedad civil, puesto que los enfrentamientos entre la
“maña” local y la de otras entidades ya no solamente ocurren en las carreteras,
los ranchos, los prostíbulos y centros de vicio o juego clandestinos, sino a
plena luz del día y en la calle, frente a escuelas e iglesias; en los
supermercados, restaurantes, cines o plazas comerciales instaladas sobre
avenidas altamente transitadas y/o en lugares frecuentados por mujeres, niños,
jóvenes y ancianos ajenos a esa barbarie, como lo confirman los acontecimientos
más recientes de Juárez, aunque el señor de Los Pinos considere que se trató de
una riña entre maleantes.
En sus ajustes de
cuentas los matones utilizan modernas y potentes armas de fuego que disparan
sin el menor remordimiento… ¡y pobre de aquél que sin deberla ni temerla se
encuentre en el lugar equivocado! Connivencia
fracturada Llama la atención
el hecho de que en su disputa los gángsteres fronterizos ataquen a policías
estatales y municipales --quizá también se en el sur y centro de la entidad--,
a través de los llamados “levantones” cuando estos patrullan el área asignada.
El asunto
despierta mayor suspicacia toda vez que (en el pasado) se han comprobado los
lazos de amistad o subordinación que funcionarios y ex funcionarios de
seguridad pública mantienen frente a los capos.
De ningún modo
podría negarse que haya policías y autoridades honestas, pero serían casos
excepcionales, ya que el modo de operar de la mafia misma los obliga a recibir
el soborno correspondiente o exponerse a las fatales consecuencias, bajo la
gastada teoría de “plata o plomo”.
De ahí que
insista en la necesidad de multiplicar esfuerzos, a fin de que el Ejército
Mexicano, en coordinación con las corporaciones federales, estatales y
municipales, vayan al fondo del asunto. Pero en serio, pues el combate al
narcotráfico y al crimen organizado sólo podría lograrse sumando esfuerzos y
voluntades. De lo contrario la guerra estaría perdida. Respuesta tardía El Gobierno
Federal, a través de la Procuraduría General de la República (PGR), por fin
decidió poner en marcha, en Ciudad Juárez, una serie de operativos permanentes
de combate a la delincuencia organizada.
Debo advertir que
ya era tiempo de que les cayera el veinte y dejaran al margen la lucha estéril
por imponer jerarquías, colocando en última instancia la seguridad y
tranquilidad de la población.
Sé que hubo la
necesidad de que hiciera crisis esta problemática delincuencial y se convirtiera
en noticia diaria para que la Procuraduría General de la República advirtiera
que en Juárez ya estaban prendidos los focos rojos.
Igual tuvieron
que recogerse gran número de muertos --la mayoría producto de ejecuciones--, y
disparado armas de potentes calibres (a la luz del día y en céntricas calles
del municipio), a fin de que el Gobierno Federal entrara en razón y entendiera
que los hechos de sangre e impunidad de ningún modo benefician a los partidos
políticos o administraciones gubernamentales --sean del signo que fueren--,
sino al contrario, nos laceran a todos, pues en la omisión del delito y en el
combate al narcotráfico se atenta contra inocentes.
Merced a lo
anterior, es recomendable que las elites policíacas de la PGR se apliquen a
fondo y no sólo salgan de paseo o a dar exhibiciones paramilitares. E-m@il jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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