Por: Juan Sánchez-Mendoza08/07/2011 | Actualizada a las 09:20h
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La remoción de Álvaro Humberto
Reynoso Ríos, como delegado federal de la Secretaría de Desarrollo Social
(Sedesol) en Tamaulipas, no se da por disposición propia de Heriberto Félix
Guerra –titular del organismo--, sino por el reacomodo de operadores políticos
del membrete albiceleste con miras al proceso electoral del 2012.
Es decir, se va porque así lo
convino el presidente Felipe Calderón Hinojosa con Gustavo Enrique Madero Muñoz,
de cuyo despacho dicen salió la orden del cese.
Por algo Francisco Javier
García Cabeza de Vaca no pilló.
Y menos porque a relevar a su
querido compadre llega el mentado “Loncho” (Luis Alonso Mejía García), quien
(todos sabemos) es uno de sus panegiristas más conspicuos.
Cierto es que el hoy ex
delegado por segunda vez –y es que antes fue corrido de la Secretaría de
Gobernación--, nada hizo para devolverle credibilidad a la Sedesol (federal)
aquí en Tamaulipas, aun cuando se le dio manga ancha para írsele a la yugular a
Lucía Irene Alzaga Madaria --quien lo antecedió en el cargo y fuera destituida
por desviar recursos de asistencia social--, pero también hay que reconocer que
su “sacrificio” político pudo haber sido menos rudo.
En fin, son tantas las
situaciones malévolas en que Álvaro Humberto Reynoso Ríos se ha visto envuelto
–solo y/o en compañía de otro de sus compadres (apodado “El Tico”)--, que
difícilmente habría quien saliera en su defensa.
Ni siquiera el director
general de la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra
(Corett), Francisco Javier García Cabeza de Vaca, ha dado la cara por él.
Y eso que mantienen una
relación fraternal --¿o de complicidad?--, desde hace muchos años.
De ahí que ni el mismo “Loncho”
justifique la caída de su compinche ocasional en el membrete albiceleste –quien
sólo estuvo 66 días al frente de la delegación federal de la Sedesol--, al
asegurar que:
“A mí la encomienda, la
invitación, me llegó directamente por parte del presidente Felipe Calderón
(Hinojosa). No fue por padrinazgo o amistad, que quede claro”.
Sus palabras confirman la
hipótesis de que ese cambio no lo ordenó el secretario Heriberto Félix Guerra,
pues se elucubró en Los Pinos.
“El Loncho” tampoco niega su cercanía con Francisco Javier; y ante los
reporteros que le han preguntado acerca de esa relación, él elude la respuesta
precisa y simplemente espeta: “Estoy preparado, desde ahora,
para todo tipo de crítica y guerra sucia de parte de los priístas y alguno que
otro correligionario panista.
“No soy nuevo en esto. Ta tengo un rato caminando
aquí, en la cuestión política. Ahora estoy respondiendo a una invitación del
señor Presidente de la Republica. Se me propone al señor Heriberto Félix y el
señor Presidente lo aprueba, lo palomea... y bueno, aquí estoy.
Vengo a trabajar: No soy nuevo en esto, ya tengo un rato caminando en la
cuestión política.
No me espanta nada de eso, ya sé lo que sucede, pero repito: hoy traigo la
cachucha de delegado federal y es una encomienda muy específica. Es a lo que
vengo”.
Desigualdad poblacional
El mentado “Loncho” sabrá
mucho de argucias para ganar espacios privilegiados en los medios de
comunicación masiva –indudablemente--, pero dudo que domine el tema de la
pobreza, su impacto y combate, por ser éste un problema serio –y Mejía García
no lo es--, que ni el Gobierno Federal ha sabido atender y simplemente lo
utiliza como un recurso para distraer la atención en torno al escándalo
derivado en otras áreas.
Por eso le informo al mentado
“Loncho” que fue el mismo Presidente Constitucional de México, Felipe Calderón
Hinojosa, quien le ofreció (con bombo y platillo) al pueblo de México que
habría seguridad alimentaria mediante seis acciones para mantener los precios
de la canasta básica, advirtiendo (al mismo tiempo) que no toleraría abusos de
especuladores y acaparadores.
En teoría se oyó bonito el
mensaje del señor de Los Pinos, pero en la práctica éste ha asomado un real
desconocimiento de lo que en el campo (que es el sector más desprotegido de
nuestro país) ocurre, pues mientras él dijo y sostuvo que estarían libres de
impuestos granos como el maíz y el sorgo, así como los fertilizantes, sus
colaboradores que atienden las diversas áreas de la Secretaría de Agricultura,
Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), encabezados por
Francisco Mayorga Castañeda, malinterpretando los programas del Plan Nacional
de Desarrollo alientan una espiral inflacionaria que más temprano que tarde
tendrían desastrosa repercusión entre la población mexicana.
Ejemplo de ello es que
mientras un productor de cualquiera de los dos granos aumenta el precio de
éstos, el consumidor directo, como son los ganaderos o los industriales de la
masa y la tortilla, de inmediato incrementan el precio de sus productos; el
coyote igual aumenta su precio; los expendedores de alimentos para el ganado
(que como materia prima utilizan los granos) y los tortilleros a su vez elevan
precios y el consumidor, que no tiene la mínima intención de cargar con el
aumento, encarece también las taifas de sus servicios, ocasionando la espiral
inflacionaria en comento.
Por otra parte, es difícil
evitar el acaparamiento y la especulación de los granos, como facilonamente lo
sugiere Calderón Hinojosa, pues no se requieren estudios de escritorio ni
planeaciones a control remoto para saber y entender que esta práctica se da en
todos los rincones de la geografía nacional.
Basta conocer un poquito del
campo para entenderlo, convivir con los agricultores y ganaderos, sembrar,
cosechar y tratar de vender el producto, para entender el complejo problema al
que nos enfrentamos cotidianamente y que el señor Calderón Hinojosa trata de
borrar con un simple decreto, tal vez porque nunca ha sentido lo que es el
hambre y jamás, en su vida, se ha rozado siquiera con los hombres y las mujeres
que hacen producir nuestra tierra.
Medición de la pobreza
Hace días, en este mismo
espacio, le comenté que, según cifras oficiales, en México existen alrededor de
54 millones de personas que sufren pobreza moderada y cerca de 21 millones
sobreviven de milagro en asentamientos urbanos y rurales.
Sin embargo hasta la fecha no
existe ningún programa institucional que brinde resultados efectivos contra la
miseria, que es uno de los males sociales que al paso del tiempo se ha vuelto
crónico.
La desigualdad entre los
segmentos poblacionales es notable.
Por una parte se encuentra la
minoría que vive las mieles del primer mundo y la civilización (gracias a la
presencia de la ultraderecha en el poder), y en la base piramidal se localizan
ejércitos de pobres que no alcanzan a satisfacer sus necesidades elementales de
vestido, vivienda, empleo y alimentación.
En el mejor de los casos –y de
acuerdo a informes del Banco Mundial--, las personas pobres en forma moderada
viven con menos de dos dólares al día; algo así como 26 pesos.
El organismo también establece
que las diferencias por país son generalizadas y se reflejan en aspectos como
las desigualdades en ingresos, étnicas, regionales, y la diferencia de acceso a
los servicios básicos.
Por décadas --y pese a las
“buenas intenciones” de los hombres y mujeres que han arribado al poder y se
han comprometido a combatir este flagelo--, el fenómeno continúa y
eventualmente se agudiza.
No hay discursos de políticos
o autoridades del partido que se trate (izquierda, derecha, centro) que no
aludan el compromiso histórico de combatir la pobreza, sin que ello pase de ser
una estrategia de imagen pública o parte de la retahíla de argucias para
disfrazar el ignominioso enriquecimiento de algunos cuantos privilegiados.
La visión asistencial del
actual Gobierno federal, de ver en cada familia un potencial núcleo de
empresarios --sin considerar las condiciones culturales de la gente--, se ha
convertido en un esquema obsoleto e insuficiente para atacar el problema de
raíz.
Impacto macroeconómico
De acuerdo con la opinión de
especialistas, la pobreza debe ser abordada de manera integral, impulsando el
desarrollo sustentable que parta de las condiciones específicas de cada región
o comunidad y considere tanto aspectos económicos, ambientales y sociales, como
el establecimiento de una gran alianza cuyos autores centrales sean los
afectados, el gobierno y la iniciativa privada.
La Comisión Económica para
América Latina (CEPAL), sostiene que si se busca superar la pobreza
estructural, los programas que alientan la producción y el empleo locales
tendrán efectos más sostenibles que los que reparten alimentos y recursos.
Ahora bien, pese a que
organismos internacionales clasifican a México dentro de las primeras 20
economías del mundo, esto no se refleja en la disminución de la pobreza. Los
avances macroeconómicos no impactan a los hogares de millones de compatriotas,
que cada día que pasa ven disminuidas sus posibilidades de superación.
Hay evidencias que demuestran
que los planes productivos nacidos en las esferas del Gobierno federal no han
dado los resultados establecidos; sobre todo porque se diseñaron desde el
escritorio y los que se ejecutaban con anterioridad --algunos aún aplican--, tienen
una cobertura limitada que las más de las veces ahondan la problemática en el
mediano y largo plazo.
Otro de los factores que
contribuyen a convertir en un mal endémico la pobreza son la crisis económica,
la imposición de programas, la falta de continuidad en los que resultan
viables, la mala distribución del ingreso y las profundas asimetrías que
persisten en el país (regiones y grupos sociales).
El crecimiento poblacional
--de 20 millones de habitantes que éramos en 1940, pasó a cerca de 130 millones
en 2007--, aunado al abandono de la rectoría del Estado de importantes áreas de
apoyo social, la restricción presupuestal hacia el combate a la pobreza y la
falta de vocación social del gobierno neoliberal, se suman al fracaso para
combatir la miseria. Igual que los rezagos sociales como el desempleo, el
empleo inestable y el consecuente deterioro del poder adquisitivo.
Problema complejo
El problema que nos ocupa es
muy complejo, ya que está ligado al crecimiento de la economía y a las
políticas sociales que implementó el régimen de Felipe Calderón Hinojosa; y a
la organización y participación que debieron tener otros actores del Gobierno
federal en la superación de esta problemática que se ha convertido en un lastre
histórico y amenaza la seguridad nacional de no ponerse atención al mismo.
De ahí la urgencia de que el
señor de Los Pinos fortalezca y renueve a las instituciones relacionadas con la
problemática social, a fin de que éstas den respuestas a las necesidades del
pueblo y a la vez reduzcan las desigualdades que genera el modelo económico
neoliberal.
Corolario
Del anterior tema, ¿qué tanto
sabe el mentado “Loncho”?, quien se ha distinguido por su folclórico lenguaje,
ser corifeo de otros actores del sistema político estatal y por sus tantos
escándalos públicos.
Por tanto, rememorando las
palabras que en Reynosa advirtiera su protector, cómplice y socio ocasional,
Francisco Javier García Cabeza de Vaca: con él, sin él y a pesar de él habrá de
concretarse un anhelo.
¿Acaso echar de Los Pinos a los nazis de guarache?
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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