Por: Juan Sánchez-Mendoza06/07/2011 | Actualizada a las 09:22h
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Elba Esther Gordillo Morales
recurre nuevamente a la confrontación para desligarse de sus cómplices
ocasionales.
Y en esta ocasión enfoca sus
baterías en contra de Felipe Calderón Hinojosa y Miguel Ángel Yunes Linares,
sin que le importe el escándalo, como en su oportunidad tampoco le interesó
enlodar a Carlos Jonguitud Barrios (qepd), Roberto Madrazo Pintado, Vicente Fox
Quesada y Marta María Sahagún Jiménez, entre otros actores políticos, con los
que pactó alianzas a nombre del magisterio que ella manipula a su libre
arbitrio.
¿A Usted le sorprende?
Tampoco a mí, ya que es tan
hábil, audaz y temeraria, que pactaría hasta con el mismísimo chamuco para
conservar sus ínsulas de poder e influencia.
Sobre todo a estas alturas del
adelantado rejuego sucesorio, como lo hiciera antes de iniciar formalmente los
procesos electorales del 2000 y 2006, cuando chaqueteó al Partido
Revolucionario Institucional (PRI) e indujo el voto corporativo a favor del
membrete albiceleste, porque así lo convino con sus entonces candidatos
presidenciales a cambio de dinero y posiciones (en el Gobierno Federal y el
Congreso de la Unión), para el partido de su propiedad: Nueva Alianza.
Las traiciones
Basta recordar que en 1989,
Elba Esther Gordillo Morales se prestó al juego de Carlos Salinas de Gortari
para “aniquilar” a Carlos Jonguitud Barrios como “líder moral” del Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) –cacique, es la palabra
correcta--, aun cuando fuera ése político potosino el que más apapachara,
promoviera y confiara en la maestra oriunda de Comitán, Chiapas, quien el seis
de febrero próximo pasado cumplió 66 años de edad.
¡Vaya!, hizo el 666, que es la clave con que se conoce al demonio.
Ya apoderada del magisterio,
Gordillo Morales hizo ver su suerte al entonces titular de la Secretaría de
Educación Pública, Ernesto Zedillo Ponce de León –con la anuencia
presidencial--, y quiso meter mano en la campaña presidencial de Luis Donaldo
Colosio Murrieta.
Pero éste, ya avisado del
doble juego de Gordillo Morales, desdeñó pactar con ella.
Luego vino el fatal desenlace
de Colosio y surgió la candidatura del actor a quien mucho le gustaba que le
dijeran “La Neta”, por lo que Elba Esther negoció con Marta María Sahagún
Jiménez apoyar su proyecto: llevar a “Chente” Fox a la Presidencia de la República.
De eso y oportunamente el PRI
tuvo conocimiento, pero nada hizo para impedir el chaqueteo de la Gordillo,
quien públicamente se echó en brazos de la ultraderecha.
Seis años más tarde, Elba
Esther se confrontó con Roberto Madrazo Pintado, cuando éste era su guía
político en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, hasta el grado de que
el tabasqueño armó una estrategia para echarla no sólo como coordinadora
parlamentaria del membrete en la Cámara de Diputados, sino como secretaria
general del tricolor y, para ella lo peor, como militante, merced a sus
traiciones, doble juego y tanto chaqueteo político.
Una vez expulsada del PRI,
Gordillo Morales se avocó a fortalecer su proyecto personal: el Partido Nueva
Alianza (Panal), pactando con la ultraderecha el voto de los maestros a cambio
de canonjías.
Y eso le produjo grandes
dividendos.
Desenmascarados
En su más reciente acometida,
Elba Esther Gordillo Morales no deja títere con cabeza.
A Felipe Calderón Hinojosa lo
balconea por haber pactado (con ella) los miles de votos del magisterio a
cambio de carteras estratégicas en la administración pública federal; y a
Miguel Ángel Yunes Linares, lo acusa de corrupto en su ejercicio al frente del
Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de Trabajadores del Estado (Issste)
–donde ella lo impuso--, ya que nada quiere saber de los dos por estorbar a su
proyecto inmediato.
¿Cuál?
Obvio: aliarse con el PRI
–acuérdese, de ahí fue vergonzosamente expulsada--, por saber que uno de sus
incondicionales está al frente del partido –Humberto Moreira Valdez--, para
seguir gozando de influencia, extender su poder y hacer que su membrete crezca
a cambio de tantas traiciones y chaqueteo; decepciones y entreguismo.
Lo peor del caso es que el
mandamás tricolor le sigue el juego.
Pero de que el escándalo va a
crecer ante el cinismo de Gordillo Morales, ¡claro que será más intenso!
Sobre todo porque la
chiapaneca es una mujer escandalosa.
Posturas encontradas
En general, dos son las
posturas que exhiben los partidos políticos y sus candidatos participantes en
la jornada electoral del domingo que nos antecede.
Por una parte --muy pocos por
cierto--, reconocieron el veredicto de las urnas y aceptaron que la tendencia
electoral no les fue favorable; y, por otra --como ya es su costumbre--,
recurren a la descalificación del oponente, así como de los comicios en los que
tomaron parte.
Una vertiente más mostró
responsabilidad y mesura, respetando el ordenamiento jurídico y validando la
determinación de los electores que sí acudieron a votar, pese a todo el aparato
de desprestigio, intimidación y manipulación utilizados por algunos
contendientes.
Días, horas y minutos antes de
que la población de Coahuila, Estado de México y Nayarit acudiera a votar, los
membretes opositores al PRI --principalmente Acción Nacional--, desplegaron la
estrategia recurrente de confrontación con sus adversarios, dándose a la tarea
de poner en tela de juicio la imparcialidad de los comicios.
A la hora de la verdad, ésas
actitudes y conductas irreductibles que apostaron a reventar los procesos
mediante fantasiosas denuncias e impugnaciones, no han tenido un buen
resultado, aunque se haya montando un espectáculo grotesco en el que se contó
con la colaboración de un medio de comunicación (radio, televisión y prensa
escrita), que tiene su base en Monterrey, Nuevo León y ramificaciones en las
principales ciudades de Tamaulipas, incluida la capital.
Y es que antes de que cayeran los
primeros votos en las urnas ya se festinaban, en vivo y a todo color, las
supuestas irregularidades en perjuicio de del Revolucionario Institucional. Por la mañana y durante el
día, dicha empresa televisiva no escatimo espacio para mostrar su inclinación
política a favor de los candidatos albicelestes a las gubernaturas de los tres
estados.
Esa fue la tónica que se
desplegó durante la elección, exhibiendo una imagen que no corresponde al grado
de civilidad y participación de los electores, misma que no se arredró ante la
insidia y evidente manipulación desplegada por los representantes de la
oligarquía. De ahí que a muy pocos
analistas y líderes de opinión los haya sorprendido el operativo montado de
manera abierta y encubierta por las cúpulas empresariales y parte de sus
amanuenses y lacayos.
Como muestra citamos que la
empresa televisiva referida no escatimo espacio para su llamada cobertura
informativa.
Al final el veredicto popular,
aunque reprobablemente escaso, resulta inapelable pese a la estridencia y
pataleo de la derecha que vuelve a las andadas al buscar en los tribunales lo
que fue incapaz de obtener en las urnas.
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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