Por: Juan Sánchez-Mendoza05/07/2011 | Actualizada a las 09:14h
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En Coahuila, Estado de México
y Nayarit, no hubo sorpresas en cuanto a los resultados de la jornada comicial
del domingo que nos antecede.
Pero si se confirmó la
inutilidad de los organismos electorales, en su responsabilidad de promover la
participación ciudadana.
Ya ve Usted que en las tres
entidades hubo baja votación, lo que no permite a ningún candidato ganador
presumir que son representantes de las mayorías.
Igual exhibe la incapacidad de
convocatoria de los partidos políticos participantes, pues el abstencionismo
fue consecuencia de un deficiente trabajo propagandístico y, por supuesto, del
hartazgo poblacional que se registra en Coahuila, Estado de México y Nayarit.
Aún así hay jerarcas
partidistas que ya descalifican triunfos ajenos, cuando por pundonor, vergüenza
o dignidad, lo más correcto sería que reflexionen sobre la escasa votación y
muestren prudencia hasta el día en que oficialmente se den a conocer los
resultados de la justa, pues de otra forma el grueso de los ciudadanos tiende a
dejarlos solos en su etapa de inconformidad, por de antemano saber que son los
mismos que en tribunales suelen reclamar las victorias que no pudieron obtener
en las urnas.
Con esto no pretendo ser
catastrofista, pero sí busco dejar en claro que la considerable ausencia del
electorado --estimada en más del 60% en promedio--, es la mejor prueba de que
los contendientes no eran los candidatos de las mayorías poblacionales en las
tres entidades.
Así, las cifras plasmadas en
el Programa de Resultados Electorales Preliminares (Prep) de Coahuila, Estado
de México y Nayarit, son clara muestra de que a lo largo del proceso electoral
hubo más preocupación oficial en alentar la apatía ciudadana (hoy traducida en
abstencionismo) que en motivar a los sufragantes para acudir a su cita con la
democracia y cumplir su obligación y derecho constitucional de ellos elegir
libremente a sus gobernadores, alcaldes y diputados, según sea el caso.
Desde el arranque de ésos tres
procesos electorales, en este mismo espacio le advertí sobre el fantasma del
abstencionismo –igual que otros analistas políticos de corte nacional--;
incluso días previos a los comicios retomamos el tema, pero los jefes de los
institutos electorales estatales, los candidatos y sus jerarquías partidistas,
desestimaron la apreciación y no les importó gastarse miles de millones de
pesos en los spots de radio y televisión, que por cierto de nada sirvieron para
hacer que los electores se interesaran en acudir a las urnas.
Ahora esos funcionarios
electorales, los candidatos ganadores y los jerarcas partidistas “triunfantes”
--cuya estupidez causó el alto porcentaje de abstencionismo--, quieren desviar
la atención sobre el tema y agilizan la conclusión de los tres procesos
estatales, con un marcado interés que busca olvidarse de la apatía ciudadana,
bajo el pretexto de que las tres contiendas son el preámbulo de lo que viene.
Pero ya nadie les cree.
Y menos la gente que razona,
como Usted, caro lector, porque el mal ya está hecho.
Cosecha infame
Las cifras que consigna el
Prep en Coahuila, el Estado de México y Nayarit, son un fiel reflejo del hartazgo
ciudadano hacia los partidos con registro oficial.
De ahí, entonces, que no deba
extrañarnos la miserable cosecha de votos recogida en las urnas, ya que el
marcado abstencionismo, insisto, fue advertido en tiempo y forma, sin que
autoridad electoral alguna, partido ni candidato, en serio se avocaran a
promover la participación ciudadana.
Por tanto, la pobreza de los
resultados electorales no me extraña.
Análisis que lastima
En sus respectivos análisis
emitidos luego de conocer las cifras del Prep, los partidos políticos dieron en
justificar su falta de penetración, la incredulidad del electorado y la
impopularidad de sus candidatos, todos, culpando indirectamente a la sociedad
civil por no haber acudido a las urnas.
Pero no reconocen que esa
apatía fue provocada por ellos mismos, sus candidatos y la autoridad electoral.
Y tampoco quieren aceptar que
la jornada electoral de anteayer, por su pobre participación ciudadana, es una
vergüenza.
El castigo:
Los partidos contendientes, en sus respectivos análisis, enfocan los
señalamientos más al avance o retroceso cuantitativo que al estudio cualitativo
de los tres procesos, por considerar que las elecciones de Coahuila, Estado de
México y Nayarit, en mucho habrán de influir en la mentada madre de las
elecciones: la del 2012, sin reflexionar en que el año próximo otros serán los
tiempos y muy distintos los escenarios.
Sobre todo por tratarse de un proceso para elegir al relevo de Felipe Calderón
Hinojosa, senadores y diputados federales.
Cada membrete, sin embargo, exhibirá las cifras del escrutinio como mejor le
convengan.
Unos con la clara intención de presumir supremacía, aunque el resto
justificando su derrota con el lloriqueo de siempre.
Es decir, aduciendo que se trató de elecciones de Estado; que hubo mano negra
el día de los comicios; que sus opositores incurrieron en las irregularidades
milenarias de comprar votos, rellenar ánforas, amenazar a sus simpatizantes,
etcétera.
Como fuere, sus análisis carecerían de objetividad por esconder el verdadero
rostro de tres contiendas, donde la inconformidad ciudadana se tradujo en
abstención, al tiempo que resultaron ser las más caras de que se tenga memoria…
al menos allá en Coahuila, Estado de México y Nayarit.
Las causas más graves de ese problema --no fenómeno, pues ya no ocurre
fortuitamente, sino en cada elección--, son diversas, pero en el fondo la
abstención es un castigo del pueblo hacia el sistema político de todo el país.
Algunos políticos han señalado que el alto nivel de abstencionismo es
preocupante, “pero menor al considerado”, ya que la lista nominal no ha sido
actualizada y por lo tanto omite defunciones y a los miles de coahuilenses,
mexiquenses y nayaritas emigrantes.
Estos criterios, obvio, reducirían el porcentaje de abstencionismo en quizá dos
o tres puntos, pero en nada modifican la tesis del castigo.
Entonces, ¿a qué se deben tan altos niveles de apatía ciudadana?
Se nos ocurren tres posibles respuestas (y tal vez la correcta sea la
concurrencia de todas ellas):
1) El creciente descrédito hacia los partidos políticos;
2) Una competencia electoral caracterizada por el excesivo gasto en propaganda,
la carencia de debates inteligentes, propuestas irreales e ingenuas y
candidatos inútiles --México es uno de los pocos países donde los ciudadanos
pagan, a través de sus impuestos, las elecciones. En países como Chile o
Inglaterra, los partidos se encargan de sus gastos de campaña--;
3) La parsimonia del Gobierno Federal para hacer frente a los gravísimos
problemas nacionales. Es decir, lo inútil del voto útil, que tanto promulga la
ultraderecha; y
4) También la inhabilidad de los institutos electorales estatales para alentar
el voto, siendo que gozan de un jugoso presupuesto para ello.
Por tanto, que quede bien claro: si los partidos políticos y quienes resulten
sus candidatos a la Presidencia de la República y al Congreso de la Unión, en
el proceso electoral que oficialmente habrá de iniciar en la primera semana de
octubre próximo, no se aplican en tiempo y forma para alentar la participación
ciudadana en las urnas, de nueva cuenta el abstencionismo será quien en
realidad gane la contienda.
Tal y como ocurrió en el 2000 y 2006.
Se hace camino al andar
Bien hizo el gobernador Egidio Torre Cantó al desestimar la clara posición
xenofóbica de las autoridades de Texas (USA), que piden a sus turistas no
viajar a Tamaulipas y menos a Nuevo Laredo.
Con la simple frase de que esa convocatoria “no merece opinión”, el mandatario
estatal se vio diplomático ante la agresividad gringa, pero el pueblo sí le
puede decir a los yanquis que tanto nos agreden que sus paseantes no vienen a
México a vacacionar, sino en busca de drogas, alcohol y placeres.
Los presbíteros de la Iglesia Católica no deben culpar al gobierno de
Tamaulipas por la muerte del cura Marco Antonio Durán –acaecido en un
enfrentamiento entre bandoleros en el municipio de Matamoros--, y sí
reflexionar acerca de su relación con bandoleros, puesto que les ofician misas
en sus bodas, bautizos, confirmaciones y otros acontecimientos.
La muerte del prelado es condenable, cierto, como deleznable la ejecución de
miles de personas, por lo que hay que seguirle dando votos de confianza a las
fuerzas armadas que en Tamaulipas –y gracias a las gestiones del gobernador
Egidio Torre Cantú en la Ciudad de México--, han llegado a enfrentar el flagelo
de la inseguridad pública.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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