Por: Juan Sánchez-Mendoza29/06/2011 | Actualizada a las 22:50h
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Cuatro municipios sureños, resultan afectados Sinaproc oportunamente señala alerta naranja Pero yerra en su cálculo poblacional en peligro Robo de gasolina, no quiere resolverlo Pemex Cuatro municipios del sur de
Tamaulipas han sido los más afectados por las intensas lluvias provocadas por
la tormenta tropical Arlene –junto con otras 139 demarcaciones de Hidalgo,
Puebla, Querétaro, Veracruz y San Luis Potosí--, según indica el informe más
reciente del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc). Estos son Aldama, Altamira,
Ciudad Madero y Tampico. Ahí se aglutinan 736 mil 241
habitantes, de los tres millones 268 mil 54 que registra la entidad –acorde al
último conteo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática
(Inegi)--, pero un erróneo cálculo elaborado en la Secretaría de Gobernación,
dictamina que son casi 100 mil pobladores menos. Es decir, falta a la verdad
sobre el número de posibles víctimas. De ahí que de entrada existan
argumentos valederos para reclamar el inmediato auxilio federal a esos cuatro
municipios, a través del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), pues las
inundaciones ya provocaron la pérdida de bienes inmuebles y de una u otra forma
también paralizado toda actividad productiva. Prueba de ello es que
oficialmente la zona conurbada (que integran Altamira, Madero y Tampico),
inclusive Aldama, están en “alerta naranja” por las precipitaciones pluviales
que igual amenazan la integridad física. Así lo entiende el director de
Protección Civil en Tamaulipas, Pedro Benavides Benavides, por lo que advierte
que de ser necesario se hará una evacuación de las personas que vivan en zonas
de alto y mediano riesgo para llevarlas a los más de 900 albergues instalados
ex profeso. Obviamente en algunos
municipios no habrá necesidad de aplicar la medida, pues “Arlene” amenaza con
pegar sólo en el sur, donde igual se cuenta con espacios para salvaguardar a la
población afectada y donde se dispone de cobijas, colchonetas y despensas. Pero lo mejor sería –sé que
Usted comparte mi apreciación y deseo--, que la tormenta tropical se diluya
porque así como la lluvia que genera es una bendición para el campo
tamaulipeco, igual podría causar severa desgracia. No sólo en las concentraciones
poblacionales, sino en la tierra, pues de continuar las precipitaciones
pluviales se perdería la producción de granos, cítricos y otros productos
agrícolas. Saqueo milenario El robo de gasolina a
Petróleos Mexicanos (Pemex) es tan grave como el indiscriminado saqueo de
recursos económicos que ha sufrido la paraestatal durante décadas. Sin embargo ninguno de los dos
delitos ha podido erradicarse plenamente, ya por falta de voluntad de la
autoridad federal para investigar a fondo ambas ordeñas, o quizá porque en su
comisión están involucrados personajes estrechamente ligados a los hombres del
poder que les brindan tanto impunidad como inmunidad. Un reporte de Pemex
consigna que decenas de tomas clandestinas han sido desactivadas y
(supuestamente) desmanteladas algunas bandas que operaban en distintas
entidades del país, pero Felipe Calderón Hinojosa va más allá cuando afirma que
desde que él ordenó que se atendiera la problemática, se han detectado
centenares de puntos de extracción ilegal del combustible y procedido a su
clausura. A esta danza de cifras
contribuyen otros recuentos que obran en los anales de Petróleos Mexicanos --y
que en parte corrigen al señor de Los Pinos--, pues claramente se lee que el
robo de gasolina data de muchísimos años atrás, así como la persecución del
delito. Para sustentar el caso, basta
referir que oficialmente Pemex reconoce haber detectado centenares de bombas
clandestinas. Pero los números no coinciden,
y eso sólo motiva la sospecha de que se ha recurrido a la mentira para tratar
de disfrazar un problema que nadie es capaz de resolver. De otra forma los paladines de
la justicia petrolera evitarían dar cifras tan a la ligera, simple y llanamente
con el afán de atraer los reflectores para promociones unipersonales. El problema es real Desconozco hasta dónde pudiera
llegar el saqueo indiscriminado a Petróleos Mexicanos, pero sí me queda en
claro que tanto los funcionarios que han mandado en la paraestatal, los
dirigentes sindicales, los contratistas, los industriales de la petroquímica y
los concesionarios de las gasolineras, cuando menos, se han visto involucrados
en hechos dignos de ser investigados. No basta con haber enviado a
prisión a Jorge Díaz Serrano y Joaquín Hernández Galicia (a) “La Quina” por sus
ilícitos ampliamente difundidos (en su oportunidad) en los medios de
comunicación masiva, ni la buena voluntad para erradicar de Pemex la corrupción
para aliviar el mal que se sigue haciendo a México como país y a los mexicanos
como co-propietarios que dicen somos de la paraestatal, pues cotidianamente
surge información acerca de la ordeña a los ductos de combustible y sobre el
mal manejo administrativo que se hace de los millonarios recursos económicos
con que opera la paraestatal. En realidad se requiere una
mano firme y patriótica que sea capaz de meter orden en la empresa más rentable
de nuestro país –tanto o más que la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que
también opera con número rojos; o Teléfonos de México (Telmex), que
prácticamente le fue regalada a Carlos Slim Helú--, sin intereses unilaterales
ni de grupo, para erradicar el cáncer de la corrupción. El actual régimen presidencial
está distante de serlo. Y lo está porque desde su instalación en Palacio
Nacional y/o en la residencia oficial de Los Pinos, se creó todo un escándalo
porque el hombre más cercano a Felipe Calderón Hinojosa –Juan Carlos Mouriño
Terrazo (qepd)--, fue exhibido por los millonarios contratos que tenía en
Pemex. Desde entonces la opinión
pública coincidió en que Petróleos Mexicanos, otra vez, estaba a disposición de
particulares. Ello fue en realidad lo que
evitó que Pemex se privatizara, pero hoy se vislumbra una nueva andanada por
parte de la Federación para exhibir a la empresa como una carga para el erario
y más para los cerca de 106 millones de mexicanos, por lo que no debiera
sorprendernos que en lo sucesivo desde Los Pinos se replanteara “la necesidad”
de vender la paraestatal a particulares. En cuanto al robo de
gasolina, éste no sería posible si en su comisión no estuvieran involucrados
funcionarios y técnicos de la paraestatal, además de los concesionarios que
gustan comprar barato para venderle caro el combustible a los millones de
dizque co-propietarios del combustible. ¿O acaso no existen
inspectores que vigilen el correcto funcionamiento de las gasolineras? Lo pregunto porque, de acuerdo
con el régimen fiscal que las distingue, cada litro de gasolina que entra a sus
depósitos debe salir por mangueras debidamente conectadas a medidores que se
supone son checadas minuciosamente por los cobradores del combustible que
trabajan para Pemex. ¿Y ellos tampoco se han dado
cuenta de la irregularidad? ¡Qué va! Lo que ocurre, es
simple sospecha, es que también estarían en el ajo. De cualquier forma no hay que
perder de vista las acciones del Gobierno Federal en cuanto al problema hoy
comentado, pues en cualquier momento podría surgir la pista que revelara el
real propósito que se persigue no en la persecución de los ordeñadores de los
ductos de Pemex, sino con respecto al interés de privatizar la industria
energética. Se lo digo porque hasta el
momento no se han dado nombres de los gasolineros que acostumbran comprar
combustible robado, y han sido pocas las identidades exhibidas de quienes
conformaron las bandas ya desmanteladas que ordeñaban ductos, pero de manera
privada, so pretexto de que toda indagatoria ministerial debe mantenerse en
secreto. ¿Será para proteger
empresarios o para no “empinar” funcionarios? Usted saque sus propias
conclusiones. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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