Por: Juan Sánchez-Mendoza07/06/2011 | Actualizada a las 09:09h
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Hay en México cualquier
cantidad de agrupaciones periodísticas que hoy (en pleno Día de la Libertad de
Prensa) habrán de fijar su postura ante la inseguridad y el terrorismo político
que amenaza a quienes ejercemos el quehacer informativo, analítico y crítico de
manera cotidiana.
Y algunas de esas cofradías lo
harían casi en la clandestinidad, por la represión que actualmente se despliega
en contra de los trabajadores de los medios de comunicación masiva (impresos y
audiovisuales).
Esto a través de la
intimidación verbal, la agresión física, la censura y otras prácticas malsanas
que impiden el ejercicio libre de tan romántico oficio.
Por parte de algunos órganos
informativos –que sería el caso de las televisoras que constituyen auténticos
monopolios--, lo mismo se prevén fuertes pronunciamientos --aunque éstos,
obvio, sí difundidos con toda la parafernalia propia de esas empresas que ven
afectados su ingreso con la nueva legislación que impide a los políticos
comprar exageradamente espacios en la pantalla chica--, pretextando así una
férrea protección a la libertad de expresión.
Pero en estricto apego a la
verdad, bien sabemos que sus intereses no son periodísticos, sino económicos.
Y que la censura de los
colegas que ahí trabajan forma parte de su estrategia comercializadora, que
regularmente raya en el chantaje y la extorsión.
Otro sector que podría sumarse
a la exigencia del respeto hacia el gremio periodístico –aun cuando lo haga de
dientes hacia fuera--, es el burocrático, ya que en los tres niveles de
Gobierno (federal, estatales y municipales) existen funcionarios de alcurnia
que comparten la libertad de expresión sólo si la crítica los favorece.
Pero en la práctica resultan
los detractores más furibundos de la prensa cuando ésta exhibe sus excesos y
debilidades.
Igual sus vicios; negligencia
y omisiones.
La ineficacia e ineptitud, con
respecto a su actuación en la administración pública.
En fin, como en cada
aniversario del Día de la Libertad de Prensa acontece, los trabajadores de la
tecla y la lente nada tenemos qué festejar, hasta en tanto no existan:
a) Respeto al libre ejercicio
periodístico;
b) Castigo a los autores
físicos e intelectuales de las agresiones contra periodistas;
c) Salarios decorosos para
quienes desempeñan el oficio;
d) Auténticas leyes de
transparencia y de libre expresión;
e) La apertura de frecuencias
de radio y señales televisivas a otros particulares ajenos a los monopolios
hasta hoy existentes; y
g) La garantía de que los
contenidos informativos no serán mutilados, alterados ni “perdidos” por
intereses comerciales, políticos o ideológicos, so pena de que la ley sea
aplicada con todo rigor.
Libertad inalterable
Bajo el mismo tenor, hoy le
reitero que la libertad de expresión es un precepto constitucional que no se
compra ni está en venta.
Es el credo de los hombres
comprometidos con la verdad.
Un derecho que tenemos para
comunicar, digna y serenamente, todo lo vano y útil que gira en nuestro
entorno.
Sin embargo hay individuos que
no la admiten.
Seres que la desprecian porque
la verdad lacera.
E irrita, cuando toca los
puntos más vulnerables de la naturaleza humana.
La libertad de expresión
alienta el misticismo de quienes hemos hecho del ejercicio periodístico nuestra
razón de ser.
Es la forma y el fondo de la
objetividad.
Pero muchas veces se le
confunde con el libertinaje.
Y los encargados de
prostituirla son, precisamente, aquellos que la utilizan para denostar y
entrometerse en la vida privada de nuestros semejantes.
O simple y llanamente para
ensalzar las supuestas virtudes de sus amigos y hasta difamar a los que creen
enemigos.
La libertad de expresión,
incluso, cuando es mal entendida por la ignorancia inherente de quienes se
ostentan como periodistas sin serlo, provoca que en ocasiones se confunda a los
informadores profesionales y éticos con los mercenarios que al amparo
constitucional de los artículos 6º y 7º cometen todo tipo de fechorías, al
imprimir panfletos las más de las veces desequilibrados.
Refiero esto porque mucho me
desilusiona ver que en Tamaulipas, como en otras entidades de la República
Mexicana, hay decenas de farsantes que usurpan la función de quienes ejercemos
el periodismo puntualmente y lo consideramos todo un apostolado.
Ahí están esos pasquines que
avergüenzan al gremio; los rotativos con sobrados recursos económicos que sólo
sirven para proteger y/o legitimar otros negocios de sus propietarios. De cualquier forma, la
libertad de expresión es harto generosa.
Tanto que hay políticos y
empresarios que hacen publicar sus mamotretos para espantar con el petate del
muerto a sus adversarios y su interés de fondo está bien marcado: presionar a
las autoridades gubernamentales, en sus tres niveles, en su codicia de
usufructuar el poder por el poder mismo.
En contraparte, cuando el
ejercicio periodístico antepone la ecuanimidad a cualquier otra utilidad ajena
a la comunicación de masas, enorgullece a quienes lo practicamos día con día.
Más cuando sabemos que el oficio tiende a profesionalizarse, merced a la
inquietud de algunos colegas por capacitar a los nuevos cuadros ofreciendo
talleres de redacción, ortografía y cultura general --por ser los elementos
mínimos que requerimos dominar quienes formamos parte de este gremio--, pese a
que existen profesionistas (no profesionales de la comunicación) que reclaman
se les considere redentores del ejercicio periodístico sin saber cómo plasmar
una declaración o dar coherencia a sus comentarios (aún ostentando títulos
universitarios).
Por tanto, en la actualidad ya no se puede ni debe ser complaciente con quienes
hacen mal uso de la libertad de expresión.
Y menos cuando éstos han envilecido el quehacer de la prensa y la utilizan para
la comisión de ilícitos.
De ahí que paguen justos por pecadores y que haya quien todavía no sepa
distinguir entre los practicantes de la libertad de prensa y el libertinaje, por
su mala costumbre de no leer o sintonizar los noticieros informativos que a
través de la pantalla chica y la radio se trasmiten con un alto sentido
profesional.
Sala de prensa
La inauguración de la sala de
prensa en el Palacio de Gobierno, es la muestra más clara de que Egidio Torre
Cantú considera amigos a los comunicadores.
Y más.
Él mismo, en su discurso, dejó
que claro que no contempla gobernar sin comunicar. Por algo los periodistas
tamaulipecos nos la jugamos abiertamente con su proyecto.
Se hace camino al andar
¿Quién fue el operador que
evitó que la prensa tamaulipeca reprodujera puntualmente las palabras de
Humberto Moreira Valdez respecto a la conformación del Consejo Político
Nacional?
Hago esta referencia porque no
es censurando como podría evitarse el análisis político.
Y menos cuando existen
grabaciones que ninguna duda dejan.
En fin, lo dicho por el
dirigente nacional del PRI ya lo sabe todo Tamaulipas y se ha reproducido allá
en la Ciudad de México.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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