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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Eugenio, ¿satanizado?

Por: Juan Sánchez-Mendoza 26/05/2011 | Actualizada a las 22:27h
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No aparece todavía como directivo del CPN
¡Y eso que Moreira adelantó su designación!
La oposición priista siempre ha jugado sucio
Legisladores panistas carecen de propuesta
 
Resulta imperioso que Humberto Moreira Valdez aclare públicamente el por qué la integración del Consejo Político Nacional (CPN) de su partido (el Revolucionario Institucional) aún no se ha definido, siendo que fue él mismo quien ofreciera que el día 20 del mes en curso habría de darse a conocer la identidad de su nueva estructura dirigente.
 
Y no lo hizo.
 
Pero a cambio provocó suspicacias hacia el interior y fuera del PRI, hasta el grado de acrecentar las diferencias entre los grupos de interés que pujan y empujan en su tempranero afán de instaurarse en el poder federal.
 
O de recuperarlo, según sea el caso.
 
Esa dubitación del ex gobernador de Coahuila, me lleva a presumir que aún no tiene en sus manos todos los “hilos” que requiere un titiritero profesional para el manejo adecuado de sus marionetas, lo que en toda función circense podría empañar la función.
 
Dicho en otras palabras: su autoridad como dirigente nacional, aún está en veremos.
 
Cierto es que hacia el exterior (del tricolor) su perorata es agresiva, clara y folclórica, pero dentro ese pastor bailarín muestra dobleces ante otros clanes con evidente posicionamiento rumbo al proceso electoral del 2012:
 
Son los grupos de Manlio Fabio Beltrones Rivera y Beatriz Paredes Rangel, por supuesto, que ya operan en su contra porque Humberto es la avanzada de Enrique Peña Nieto en el tempranero hándicap sexenal.
 
Página en construcción
 
La mejor prueba de que el presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI, Humberto Moreira Valdez, muestra fragilidad en el cargo, se consigna en la página electrónica del mismo organismo, pues hasta la víspera ésta se mostraba en construcción, en lo que toca al apartado del Consejo Político Nacional.
 
Es decir, acéfala.
 
Ni siquiera ofrece datos acerca de los consejeros nacionales.
 
Menos de su recomposición.
 
Y obviamente ninguno acerca de sus nuevos cuadros.
 
¿Hubo satanización?
 
Lo pregunto porque al través de las redes sociales me entero que el prospecto a ocupar la Secretaría Técnica del CPN --por parte de Moreira Valdez--, no fue ungido en tiempo y forma (como Humberto lo pretendía) por haberlo vetado Manlio Fabio y Bety, tras consignarse en la prensa su calidad de indiciado en un proceso penal.
 
Verdad o mentira, sólo en la cúpula priista lo saben.
 
Pero no puedo pasar por alto la responsabilidad que Moreira Valdez tiene con la mentada gran familia revolucionaria para explicar el por qué aún no designa a los integrantes directivos del Consejo Político Nacional, siendo que él mismo se comprometió a consensuar los nombramientos y darlos a conocer durante la sesión (del 20 de mayo) del Consejo Político Nacional.
 
O sea, hace ya una semana.
 
 
Jugando sucio
 
El juego sucio es característica inherente de los políticos que van de todas, a todas.
 
Por eso gustan soltar y/o filtrar rumores a la prensa que no alcanzan su cometido merced a la ligereza de sus planteamientos –la mayoría de las veces--, o porque el receptor, por convicción propia, se rehúsa a magnificar supuestos que en nada contribuyen a la objetividad periodística y sí, por el contrario, a la real pérdida de credibilidad tanto de él como de la prensa en su conjunto.
 
El comentario surge porque (a últimas fechas) algunos periodistas hemos sido bombardeados con información que refiere ciertos deslices en la vida privada de algunos personajes que en el 2012 habrían de ser tomado en consideración con respecto al proceso electoral federal, sin que los autores de la embestida se atrevan a dar la cara; ya por cobardía, o, como ellos argumentan en el anonimato, “por razones obvias”.
 
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es muy clara al consignar que la libertad de expresión debe respetarse siempre y cuando no atente contra la vida privada de los individuos. Pero hay quienes arguyen que un político no tiene vida privada, en clara alusión a su afán de ganar espacios a través de noticias escandalosas, con las que intentan lograr popularidad entre la opinión pública.
 
En lo sucesivo seguramente arreciarán los golpes bajos que refieran el mal comportamiento de fulano, zutano o mengano en su vida privada, sin que nada ni nadie pueda frenarlos aun cuando se tratare de simples especulaciones, porque igual que los periodistas éticos existen vividores del oficio que en el chantaje y la extorsión encuentran su modus vivendi.
 
Por lo que respecta a la prensa profesional –los lectores bien que la ubican--, ésta difícilmente haría eco a la infamia, a la diatriba, o, en su caso, a la reproducción de versiones que no le constaran.
 
El tema viene a colación porque a mi correo electrónico ha llegado cualquier cantidad de anónimos consignando malos comportamientos de algunos políticos que desde ahora se advierte podrían jugar en las ligas mayores de la política, acusando su afición por las drogas, el alcohol y las mujeres; amén de algunas tropelías familiares.
 
Igual hablan de situaciones que sí están enmarcadas en su actividad política, como son el origen de los dineros presumiblemente ilícitos que obtuvieron en el ejercicio del poder (o logran actualmente); del abuso de influencias con las que buscan lograr su cometido; y algunos otros actos de corrupción en los que supuestamente se han visto involucrados.
 
Pero eso es harina de otro costal.
 
Y de ello hablaré en futuras colaboraciones, pues hoy me ocupa simplemente la necesidad de aclarar que no soy, ni pretendo ser, repetidor de especulaciones ni mucho menos tengo interés en entrometerme en lo que no me importa; o sea, en la vida privada de los políticos.
 
Lamentablemente muchos de ellos han caído en el juego de sus pares y están más ocupados en querer curarse en salud que atender sus responsabilidades inmediatas.
 
Legisladores libertinos
 
Cierto es que los diputados gozan de fuero constitucional; que son los responsables de vigilar el cabal cumplimiento de las leyes; que son ellos quienes derogan y promueven la legislación vigente en el ámbito nacional o estatal, según sea el caso; y que gozan de libertad plena, como cualquier otro ser, para criticar, analizar, denunciar o simple y llanamente reconocer todo lo que ocurre en su entorno.
 
Dentro y fuera del recinto legislativo; en sus lugares de origen, en sus comunidades, en sus distritos.
 
Pero también es cierto que no por su investidura pueden recurrir a la difamación, a la mentira, a la diatriba, para darse a notar o ganar reflectores; para que los periodistas les regalemos espacios, o para denostar a quienes no acceden a sus caprichos y chantaje político.
 
Quizá por ello mucho llamen mi atención las palabras que en vida pronunciara el ideólogo Jesús Reyes Heroles.
 
Él dijo: “la ambición es móvil de la acción política; pero la ambición de buena ley, la ambición humana de servir y destacar, no de servirse y parecer”.
 
Cito lo anterior porque en todo el tiempo que los diputados locales de extracción albiceleste han despachado en el Congreso local, durante la LXI Legislatura, no he sabido que al menos se suban a la tribuna para proponer la elaboración de algún proyecto de ley tangible, o que hayan defendido causas de sus representados sin anteponer el interés propio o de los grupos de ultraderecha.
 
Por otra parte, debo aclarar que el fuero constitucional no les da patente de Corzo para dar rienda suelta a su libertinaje.
 
Ni para agredir a los periodistas que no aplauden cuanta ocurrencia tienen; o para conspirar contra la libre expresión.
 
Triple interrogante
 
¿Por qué si los medios de comunicación masiva, sobre todo los electrónicos, auspician actitudes de violencia y en ocasiones de linchamiento político, la sociedad civil y los partidos políticos no hacen nada o muy poco para evitar tan bochornosos acontecimientos?
 
2) ¿Por qué si hay conocimiento pleno de que la cultura masiva del spot no aporta nada a la reflexión ciudadana se sigue tolerando que sea éste uno de los principales instrumentos de propaganda gubernamental?
 
3) ¿Y por qué tenemos que ser receptores de las confrontaciones estériles, descalificaciones y calumnias, salidas del ronco pecho de todos los políticos irresponsables, a través de la televisión?
 
¡Bah! Por algo tanto se ha descalificado la cursi tragicomedia que se transmite bajo el título de “El equipo”.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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