Un sentimiento que a estas alturas del proceso electoral refleja la actitud ciudadana es, simple y llanamente, ¡apatía!...
Por: Juan Sánchez-Mendoza15/02/2010 | Actualizada a las 22:28h
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La reproducen las estériles reyertas
interpartidistas
Cacicazgos en decadencia, nada aportan al
tricolor
En Reynosa podría resurgir alternancia en el
poder
Si va Sampayo por Matamoros hay riesgo pa’ l
PRI
Un sentimiento que a estas alturas del proceso electoral
refleja la actitud ciudadana es, simple y llanamente, ¡apatía! Lo peor del caso es que esta disposición emocional la
alimentan los partidos políticos (con tanto conflicto interno) y el grueso de
sus aspirantes a alcaldes y diputados locales, que al perecer ni por asomo le
han echado un vistazo al comportamiento sufragante en las justas más recientes. Hay quienes argumentan que con la votación cautiva es más
que suficiente para alzarse con la victoria –aun cuando este capital sea
hipotético--, y por eso (insanamente) echan las campanas al vuelo festinando
decisiones populares que, en estricto apego a la verdad, son impredecibles. Este comportamiento se observa allá en el norte, acá en
el centro y en la zona sur de la geografía tamaulipeca, por lo que es necesario
advertir que en ninguno de los 22 distritos electorales ni 43 municipios hay
todavía vacuna contra la apatía ciudadana, que, pa’ desgracia del país y la
entidad misma, durante décadas ha provocado que el triunfador indiscutible de toda
contienda sea el abstencionismo que, en promedio, rebasa ya el 50 por ciento. Responsables de esa apatía electoral también han sido y
son los viejos caciques políticos, cuya decadencia se percibe cotidianamente. De cualquier forma los aspirantes hacen como que les
creen y los otrora amos y señores de las comarcas hoy se ven ridículos
pontificando, pues para nadie es secreto que en la actualidad carecen de
fortaleza política. Además su voto es unipersonal y actualmente no son
capaces de manejar siquiera a los integrantes de sus propias familias, como lo
demuestra el hecho de que en un mismo clan haya simpatizantes de diversos
partidos. Usted seguramente ha sido testigo, le informaron o simple
y llanamente sabe de oídas, que antaño las manifestaciones de apoyo se
otorgaban casi en exclusiva a quienes recomendaban los caciques de la región,
porque era la única forma de garantizar el triunfo. Ellos manipulaban los procesos de selección de
candidatos, financiaban candidaturas, obstaculizaban otras, decidían el
sufragio, alentaban el relleno de urnas, controlaban a los funcionarios de los
órganos electorales, ordenaban el robo de ánforas cuando sentían que el
escrutinio sería adverso a su causa, amenazaban a sus opositores, le exigían a
los curas que desde sus púlpitos indujeran el voto, ponían y quitaban
autoridades electorales y hasta se daban el lujo de administrar los recursos
públicos sin que los aspirantes a representantes populares, “apadrinados” por
ellos mismos, osaran oponerse. Ese viejo cacicazgo, si bien es discutible que en otra
época cumplió una función, hoy está casi desaparecido. Pero los que aún creen ejercer cacicazgos no lo entienden
así y por eso se muestran irreverentes ante los políticos más jóvenes que
ellos, quienes les dan coba para no pelear y hacen como que los necesitan en su
aspiración inmediata, cuando en el fondo lo único que les provocan es tanta
pena como diversión, pues sabido es que el tiempo no perdona y a muchos de los
viejos caciques ya se les van las cabras. En cualquier manifestación, mitin, reunión, encuentro,
asamblea o como les llamen a las acciones proselitistas en cada caso,
regularmente asisten varios caciques en decadencia –disfrazando su verdadera
piel de lobo con una de oveja, y haciéndose llamar clase política--, para
dizque avalar al aspirante en turno. Desde su llegada al recinto donde se realiza la actividad
política, el cacique en decadencia recibe atención especial, se le cita
públicamente, se le aplaude --pero eso sí, con mucha simulación--, y en cuanto
se va los comentarios que se vierten sobre su figura son de desprecio y pena. Incluso sé de algunos precandidatos que ya poco los toman
en cuenta, por saber que ya nada representan, que están más devaluados que el
peso mexicano, y que su aportación en el terreno político-electoral vale tanto
como la de cualquier otro simpatizante. O sea, un voto. Esta reflexión surge tras observar que en algunos
municipios todavía se dan intentos de cacicazgos; y que estos se fincan en el
hecho de que los dueños del teléfono rural, que también son propietarios de la
tierra, el ganado, las parcelas, los solares, la tienda, la cantina, la
veterinaria, el depósito de cerveza y otros negocios, creen que igual pueden
decidir por sus semejantes en el terreno político electoral. Pero están equivocados, ya que los caciques, desde hace
muchos años, dejaron de actuar como fieles de la balanza y, lo peor, de ser
sustento del triunfo partidista. Reynosa: foco rojo La nominación de Everardo Villarreal Salinas, como
precandidato priísta a la presidencia municipal de Reynosa, hace presumir al
dirigente estatal del membrete albiceleste, Francisco Javier Garza de Coss, que
esa demarcación fronteriza podría ser nuevamente gobernada por el Partido
Acción Nacional (PAN). Sobre todo porque se trata de un cartucho quemado que en
el proceso electoral del 2006 mordió el polvo ante Raúl García Vivián; y merced
a su distanciamiento con los grupos de interés locales, que infructuosamente
patrocinaron las aspiraciones de Raúl Jiménez Cárdenas, Esiquio Reséndez Cantú
y José Elías Leal. A lo anterior hay que agregar el hecho de que Villarreal
Salinas desprecia todo lo que tenga qué ver con Óscar Luebbert Gutiérrez (y por
supuesto con el equipo político de éste), pues él mal supone que hace tres años
fue despojado de la candidatura con que el Partido Revolucionario Institucional
(PRI) recuperó la plaza. Por si fuera poco, debemos considerar que Reynosa ya está
acostumbrado a la alternancia en el poder –Ramón Pérez García (PARM) y
Francisco Javier García Cabeza de Vaca (PAN) son ejemplo de ello--, pues el
comportamiento ciudadano que registran las campañas de proselitismo tiende a
variar el día de los comicios. Ahí está el mentado “Caliche” y/o “Betico” (Humberto
Valdez Richaud) para ilustrar el comentario, pues en su oportunidad punteó en
todas las encuestas y en la fecha de la jornada comicial fue apabullado en las
urnas. Y eso que era más raza que Everardo. Más político y menos
soberbio. ¡Cuidado con Matamoros! La llamada “Gran puerta de México” le representa al PRI
un verdadero galimatías en su búsqueda de conservar la presidencia municipal. Y es que como contrincante en el actual proceso
electoral, el priísta Alfonso Sánchez Garza podría tener a Ramón Antonio
Sampayo Ortiz (PAN), quien ya fue alcalde de Matamoros. Hace tres años, el todavía diputado local buscó la
candidatura priísta a la presidencia municipal, pero fue sacrificado porque en
el PRI no se quiso correr el riesgo de una derrota. Fue así como el tricolor decidió postular a Erick Silva
Santos, por éste puntear en las encuestas con marcada diferencia entre él y los
otros prospectos. Hoy Sánchez Garza es el precandidato priísta a la
presidencia municipal (aún no oficial, pues para ello requiere el registro),
pero en contra tiene la fortaleza política, simpatía y arrastre que en
Matamoros distingue al delegado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos
Naturales (Semarnat). A ello debemos agregar que la localidad fronteriza
también está acostumbrada a la transición en el poder, pues la presidencia
municipal la han ocupado opositores al PRI como Jorge Cárdenas González (qepd),
representando al extinto Partido Auténtico de la Revolución Mexicana
(PARM) en dos ocasiones--, y Ramón Antonio Sampayo Ortiz (PAN). De ahí la necesidad de que “Ponchito” le eche toda la
leña al asador, so pena de sucumbir ante Sampayo. Claro, siempre y cuando éste
aceptara la candidatura albiceleste. Por cierto, hay quien dice y asegura que en Matamoros ya
se dispone a operar el ex gobernador Tomás Yarrington Ruvalcaba, pues uno de
los candidatos priístas a diputado local sería su colaborador Daniel Sampayo. Eso quiere decir que el PRI supone que para que la cuña
apriete, tiene que ser del mismo palo. ¿Qué le parece? Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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