Por: Juan Sánchez-Mendoza05/05/2011 | Actualizada a las 23:04h
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Una sociedad bien informada, como la nuestra, poco caso
hace a las injurias de quienes anhelan el poder que les está negado. Ya por no confiar en la oposición, o porque simple y
llanamente no está dispuesta a dejarse engañar, otra vez, con acusaciones
simplonas producidas al calor de la impotencia. Por ello esta ciudadanía bien informada, en lo sucesivo,
podría dar real sustento a la política y restarle poder a las camarillas, a la
filtración, al rumor y otros instrumentos de política arcaica. Los tamaulipecos ya no deseamos confusión. Todos merecemos estar enterados del alcance y los
objetivos de la acción gubernamental y de las acciones partidistas, para
enseguida dar lugar a interpretaciones responsables y reforzar nuestra dañada
credibilidad. No para continuar confundidos, ni ser de nuevo presa
fácil del oportunismo que por siempre ha caracterizado a quienes son oposición,
al menos en el estado. Si usted ha observado en los últimos tiempos los aceleres
de quienes dicen mandar en los partidos Acción Nacional (PAN) y de la
Revolución Democrática (PRD), o de sus testaferros, arlequines, corifeos y
panegiristas, de inmediato se dará cuenta que sólo buscan desestabilizar a la
entidad. Por eso hay que frenarlos. CTM devaluada En Tamaulipas ya suman decenas de miles los obreros que
perciben salarios de hambre. Jornales miserables que resultan insuficientes
para cubrir al menos la canasta básica; y ofensivos cuando se comparan con los
sueldos que se pagan en otras entidades. De ahí que los asalariados se quejen de Edmundo García
Román --secretario general de la CTM en Tamaulipas--, porque en apariencia éste
secunda la idea de gravar aún más sus deplorables economías con todo tipo de
impuestos. Entre los obreros tamaulipecos también se insiste en la
necesidad de renovar sus cúpulas, pues ya se hartaron de ser manipulados por
los mismos dirigentes abyectos que durante décadas los han despreciado hasta el
grado de ignorar sus demandas y negarse a escuchar sus quejas. Esa misma desconfianza, aunada a la desesperación obrera
por no tener qué comer, podría motivar un estallamiento ínter sindical, donde
los trabajadores más inconformes serían la punta de lanza de todo un sector que
se niega a morir, merced a los sueldos de miseria, a los impuestos, y a la
opresión en que vive, tanto por parte de los políticos como por el lado de los
empresarios explotadores. Representación
anulada Actualmente son decenas de miles los obreros
sindicalizados que en apariencia gozan de prestaciones, mientras otros tantos
carecen de representación gremial, por lo que son presa fácil del abuso
patronal. En un análisis entregado a este columnista, se dice que a
los miles de tamaulipecos que conforman la población económicamente activa,
anualmente se suman tres mil 600 solicitantes de empleo, estrellándose contra
una exigua oferta que ahonda la tragedia de miles de familias sin ingresos, y
agigantan, a la vez, la pléyade de delincuentes que para sobrevivir recurren a
las actividades ilícitas. De ahí la urgencia de que a la CTM estatal llegue un
sindicalista que trabaje en beneficio de los obreros, pues de lo contrario
otras centrales obreras serían quienes capitalicen la desbandada que amenaza ya
a esa central. Encuestitis aguda En los últimos meses el país entero ha sufrido la
invasión de algunas empresas encuestadoras que de una u otra forma pretenden
influir en la sucesión presidencial adelantada --quizá “instruidas” por sus
contratantes o tal vez con el ánimo de generar confusión entre los
sufragantes--, sin que nadie atine a explicar cómo les nació tanto “interés”
por el relevo sexenal. Hasta donde entiendo, las encuestas deben ser tomadas en
cuenta para medir las preferencias sobre un artículo, persona o tema específico,
por ser parte indisoluble de la mercadotecnia orientada a su venta –claro que
siempre y cuando se hagan con el profesionalismo requerido--, pero aquí se da
el caso de que los muestreos de opinión pretenden utilizarse para distraer la
atención y cuidar el objetivo de fondo. En un estudio riguroso de los procesos y las tendencias
sociales, las encuestas podrían ser un instrumento muy valioso a condición de
que se realicen con metodología científica, pero en el caso que nos ocupa su
excesivo manejo echa por tierra la objetividad e imparcialidad, al tiempo que
las deslegitiman y causan desconfianza entre sus receptores. Como “beneficiarios” o víctimas de la cascada de
encuestas –ahora se le llama a este fenómeno “la encuestitis”--, surgen los
aspirantes a las candidaturas presidenciales de los partidos Acción Nacional
(PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y del Revolucionario Institucional
(PRI) que las encabezan, pues el sufragante común muestra indiferencia ante sus
resultados, mientras la clase política llega el hartazgo y en lugar de darles
crédito empieza a pitorrearse de ellas. No obstante y en menoscabo de los membretes que
aparentemente dan la cara, debo reconocer que los sondeos sí reflejan el sentir
ciudadano. Menospreciar sus resultados sería una acción
irresponsable, por ser (casi) copia fiel de lo que se palpa, se ve, se escucha
todos los días sobre el tempranero hándicap presidencial 2012. Que si fulano de tal ha venido de más a menos, o que si
suben los bonos del otro ¿a quién interesa realmente?, pues a decir verdad las
cifras poco o nada aportarían en la decisión final, salvo que satisficieran a
quien en verdad tiene la decisión en sus manos. Credibilidad
cuestionada Todas las encuestadoras pretextan hacer un trabajo
independiente y no por encargo, lo que se antoja casi imposible si consideramos
que para el levantamiento de un muestreo como el que realizan se requiere,
cuando menos, pagar salarios a los encuestadores, coordinadores y especialistas
en el manejo de los cuestionarios aplicados; viáticos (transportación, hotel,
alimentos, teléfono, papelería, etcétera); gastos de operación y los
imponderables que surjan durante el tiempo del levantamiento y/o la ejecución
del estudio. Y es el anonimato de sus financiadores, precisamente, lo
que despierta la sospecha en cuanto a su credibilidad. Eso y el hecho de que los remitentes de los documentos no
den la cara. Por otro lado, se dice que las encuestas son malas
consejeras, pero todavía así nuestra sociedad es bombardeada con la
“encuestitis” aguda. Encuestas van y vienen, simulando ser retratos
instantáneos de la percepción del común de la gente ante los acontecimientos y
sus actores en México. Las encuestas normalmente no reflejan la realidad, pero sí
un supuesto de ésta; así tenemos que la realidad puede cambiar. Por ejemplo,
disminuir drásticamente las preferencias electorales de un actor, pero la
percepción de la gente no cambia, por lo que para el grueso de la población
otras son las imágenes que siguen igual o están creciendo. De igual forma, las opiniones del común de la gente que
nutren las encuestas normalmente están contaminadas por lo que publican los
medios de comunicación masiva que tienen el poder de hacer aparecer el negrito
en el arroz, cambiando la percepción de la realidad de miles de personas,
prácticamente en minutos. De ahí que considere que los aspirantes serios, por
ningún motivo, deben tomar decisiones trascendentes basándose en las encuestas,
aun cuando éstas no son del todo inútiles. Usándolas con inteligencia pueden servir como herramienta
de medición para conocer la distancia que hay entre la percepción del común de
la gente y la realidad que conocen los expertos. Em@il: jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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