Por: Juan Sánchez-Mendoza17/04/2011 | Actualizada a las 22:47h
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No sorprende el cese de Ubaldo Ayala Tinoco Y tampoco nombramiento de Lomelí Martínez Lo cierto, es que se lucha contra delincuencia Pobreza infame la anima el mismo Presidente En la Secretaría de Seguridad
Pública despacha un nuevo titular: Rafael Lomelí Martínez. Y aunque el cambio nada tiene
de extraordinario –por tratarse de un relevo largamente anunciado--, lo cierto
es que amerita al menos un voto de confianza. Sobre todo por tratarse de uno
de los acuerdos entre el gobernador Egidio Torre Cantú y la Federación, en su
intento de erradicar del estado la delincuencia organizada Esto significa que el nuevo
nombramiento fue pactado en la Ciudad de México –quizá durante la semana que
nos antecede--, ya que Lomelí Martínez llega a Tamaulipas generosamente
recomendado por algunos funcionarios federales de primer nivel, según me dicen. No lo dudo. Pero sí considero
conveniente recordar que la caída de su antecesor, Ubaldo Ayala Tinoco, se dio
justamente porque al amparo del influyentismo que éste decía (o dice) tener en
el Gobierno Federal cometió excesos graves, como el hecho de permitir tres
amotinamientos policiales y exigirle a su patrón, el mandatario, prebendas
disparatadas, so pena de renunciar al cargo. Finalmente se fue –obvio,
Ayala Tinoco--, pero sólo. Sin seguidores ni los malos
policías que están más ocupados en obtener canonjías laborales que en prestar
sus servicios de manera adecuada y profesional. En fin, la renovación se da en
tiempo. Polizontes influyentazos La sublevación de de policías
adscritos a la Secretaría de Seguridad Pública, sí ha tenido y no razón de ser. Desde un punto de vista
objetivo, la protesta resulta válida cuando el manifestante siente agredidos
sus más elementales derechos laborales –los alzados han mostrado inconformidad
por el cambio de horario propuesto y ante la falta de viáticos y vales de
gasolina para desarrollar comisiones asignadas--, pero acorde a la legalidad no
le asiste ningún derecho para entorpecer el trabajo de terceros; el libre
tránsito y la toma de inmuebles, pues estaría incurriendo en delitos graves. Por tanto, los alzados (que se
supone son vigilantes de que la ley se cumpla a cabalidad) incurrieron en ilícitos,
pero a final de cuentas se les ofreció atender en lo inmediato todas y cada una
de sus demandas. Y… todavía más. Así: 1) conservarán su
(actual) horario de 24 horas de trabajo por 48 de descanso;2) un incremento
salarial; 3) más equipamiento y 4) cuanta otra prestación demanden,
cumpliéndose en tiempo y forma cada una de sus demandas. Lo malo del asunto es que en
su oportunidad Ubaldo Ayala Tinoco se comprometió a renunciar si acaso el
gobernador Egidio Torre Cantú no cumplía en tiempo y forma las exigencias de
los efectivos que cobran (sin que aporten nada a la seguridad pública) en las
policías Especial, Estatal Preventiva, Rural e Integral. ¿Qué le parece? En lo personal considero que
Ayala Tinoco se excedió al prometer tanto por tan poco –lo digo porque el
pueblo tamaulipeco es presa de la delincuencia organizada e igual de la
desorganizada (léase la del fuero común)--, y que mal hizo en agarrar partido a
favor de los polizontes y no en abono del Gobierno estatal –que precisamente lo
contrató para resolver conflictos y nunca para crearle más problemas--, pues
probado está que los policías harto contribuyen al mar de violencia registrado
en la geografía estatal. Entonces, ¿quién estuvo mal? En menoscabo de la
irresponsabilidad de Ayala Tinoco –al que la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos (CNDH) tanto le ha fincado recomendaciones en contra--, debo advertir
que quizá se fue de la boca por no conocer la situación real que aquí se vive,
al menos en materia de seguridad pública (que por cierto es su “fuerte”), pero
entre su ignorancia sobre las deficiencias que existen en todas y cada una de
las corporaciones y su ofrecimiento, hubo mucha tela de dónde cortar para
advertirle que estaba (y está) equivocado. Y no es jugándole las contras
al mandatario estatal como podría resolverse el asunto de los policías alzados. En fin, a Ubaldo tantos
laureles y condecoraciones en la práctica de poco le sirvieron. Basta echarle un vistazo a la
hemeroteca. ¿O no? Por tanto, insisto, vale la
pena otorgarle un voto de confianza a Rafael Lomelí Martínez. Pobreza infame El tema de la pobreza es una
de las asignaturas que el Gobierno Federal no ha querido abordar a fondo, quizá
porque sus funcionarios están más distraídos tratando de ocultar la intromisión
yanqui en los asuntos internos de México, que en diseñar estrategias anticrisis
que en verdad impacten a favor del conglomerado nacional. Como blindaje a las
controversias mediáticas y en el pancracio político-electoral, es válido el
recurso, pero no cuando ha sido el mismo Presidente Constitucional de México,
Felipe Calderón Hinojosa, quien anuncie con bombo y platillo que habría
seguridad alimentaria mediante seis acciones para mantener los precios de la
canasta básica, advirtiendo (al mismo tiempo) que no toleraría abusos de
especuladores y acaparadores. En teoría se escucha bonito
ese mensaje del señor de Los Pinos, pero en la práctica éste asoma
desconocimiento total de lo que ocurre en el campo (que es el sector más
desprotegido de nuestro país), pues mientras él dijo y sostuvo que estarán
libres de impuestos granos como el maíz y el sorgo, así como los fertilizantes,
sus colaboradores que atienden las diversas áreas de la Secretaría de
Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), encabezados
por Francisco Javier Mayorga Castañeda, malinterpretando los programas del Plan
Nacional de Desarrollo alientan una espiral inflacionaria que más temprano que
tarde tendrían desastrosa repercusión entre la población mexicana, como bien se
advierte con la pérdida de miles de hectáreas de cosechas. Se lo comento porque hace días
el propio Mayorga Castañeda y sus panegiristas, también con bombo y platillo,
anunciaron un incremento a los precios del maíz y el sorgo, que en estricto
apego a la realidad es una medida que atenta contra la economía familiar. Ejemplo de ello es que
mientras un productor de cualquiera de los dos granos aumenta el precio de
éstos, el consumidor directo, como son los ganaderos o los industriales de la
masa y la tortilla, de inmediato incrementan el precio de sus productos; el
coyote igual aumenta su precio; los expendedores de alimentos para el ganado
(que como materia prima utilizan el sorgo) y los tortilleros (que tanto
provecho le sacan al maíz), a su vez elevan precios y el consumidor, que no
tiene la mínima intención de cargar con el aumento, encarece también las taifas
de sus servicios, ocasionando la espiral inflacionaria en comento. Por otra parte, es difícil
evitar el acaparamiento y la especulación de los granos, pues no se requieren
estudios de escritorio ni planeaciones a control remoto para saber y entender
que esta práctica se da en todos los rincones de la geografía nacional. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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