Por: Juan Sánchez-Mendoza08/04/2011 | Actualizada a las 09:31h
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Uno de los más graves
problemas que enfrenta el país, sin lugar a dudas es la inseguridad pública,
aun cuando se cuenta con reglamentos y órganos policiales avocados a proteger
al individuo y a la sociedad en su conjunto.
Hasta hoy la delincuencia
organizada le sigue ganando la partida al Gobierno Federal.
Con ello se evidencia que los
planes, programas y acciones no pasan de ser un catálogo de buenas intenciones
y un argumento discursivo de los funcionarios públicos mal llamados nacionales.
Habitualmente los medios de
comunicación masiva, que sus nichos tienen en la Ciudad de México y en las
entidades federativas, dan cuenta de las atrocidades causadas por los
maleantes, sin que exista poder alguno capaz frenarlos, pues a todas luces
priva la impunidad y la irritación ha llegado a tal límite que la sociedad ya
salió de su marasmo y tomado las calles para expresar su descontento ante la
indolencia de la autoridad, como bien se puede apreciar en las imágenes
recogidas en Cuernavaca (Morelos), la Ciudad de México y aquí, en la capital
tamaulipeca.
Como respuesta, la
administración de Felipe Calderón Hinojosa se ha dedicado a emitir planes y más
proyectos comprometiéndose a profesionalizar las policías; concluir el registro
personal de elementos; coordinar esfuerzos con las diversas instancias de
gobierno; publicar los datos relativos a la incidencia de delitos federales;
incrementar el uso del tiempo de que dispone el estado en los medios, a fin de
profundizar en la cultura de prevención y denuncia del delito; depurar a la
Procuraduría General de la República (PGR) y a la Secretaría de Seguridad
Pública, entre otras medidas.
Sobre los resultados de tantos
planes, hace días el señor de Los Pinos informó, públicamente, que “se ha
cumplido con lo propuesto”.
Sin embargo otra es la
realidad.
Movimientos obsoletos
Desde que Calderón Hinojosa
asumió el compromiso de combatir frontalmente al hampa, los delitos federales
se han incrementado hasta en un 100 por ciento en relación a los índices
registrados anteriormente.
Y hay cosas peores:
Ante el evidente fracaso en el
tema que hoy nos ocupa, el Presidente trata de enmascarar su gran mentira aduciendo
que el Gobierno Federal, de ninguna manera, considera a la seguridad pública
como un asunto terminado, ya que en este rubro ningún avance es suficiente,
endosando la responsabilidad de restablecer la armonía social al mismo pueblo
mexicano que ya está aterrorizado por tanta violencia.
De cualquier forma la sociedad
civil ya no se deja engañar con la verborrea y la simulación a que son
proclives los encargados de garantizar la seguridad pública.
De ahí que algunas
organizaciones no gubernamentales (ONG’s) cuestionen puntualmente los supuestos
logros, al considerar que el régimen federal desarrolla acciones desde el punto
de vista virtual y burocrático sólo para “curarse en salud”, ya que en realidad
sigue perdiendo la partida.
Quizá el Presidente, su grupo
de asesores y los genios en seguridad pública tengan buenas intenciones, pero
ocurre que es una asignatura en la que sólo encontramos justificaciones
incoherentes, infundadas y por supuesto mediocres.
Lo que sí hay que reconocerle
al grupo en el poder, es su gusto por la imagen, la mercadotecnia, las
relaciones públicas y la propaganda, aunque, claro, ello resuelve nada.
Soberbia en Palacio
Algunos secretarios del
gabinete estatal, presidentes municipales y diputados locales también, andan
tan mareados que se niegan a contestar el teléfono a ¿sus todavía amigos
periodistas?
Son aquellos que ostentan
cargos públicos y de representación popular sin tener el control real y
efectivo de las áreas, municipios y distritos en que han sido habilitados, pues
hasta para emitir una declaración o informar qué hacen actualmente deben pedir
permiso a los que en verdad mandan en Palacio de Gobierno.
Lo peor del asunto es que no
alcanzan a entender que los profesionales de la tecla no buscamos chamba y que
la soberbia, esa sí, es su principal enemigo en el quehacer
político-administrativo que les ha sido conferido.
En fin, como reza otra
sentencia popular: “rodando se encuentran las piedras…”
Victoria, ciudad limpia
Miguel González Salum no ceja en su empeño de conservar limpia la ciudad, pues
consciente está que el rostro de cualquier localidad es la mejor carta de
presentación ante los inversionistas; y es, también, reflejo del trabajo que
realiza el ayuntamiento en la prestación de servicios públicos.
Hay otras aristas que igual merecen atención prioritaria en cualquier
administración municipal --la seguridad pública y el ordenamiento urbano, por
ejemplo--, pero hoy concretémonos al tema de la cultura a favor del medio
ambiente.
La extensión territorial de Victoria –1 mil 634.08 kilómetros cuadrados, que
representan el 2.05 por ciento de la geografía tamaulipeca--; sus
aproximadamente 350 mil habitantes; las cerca de 300 colonias asentadas en esta
capital –en porcentaje mínimo las hay irregulares--; y el hecho de que por aquí
crucen miles de vehículos cotidianamente cuyo destino es el vecino país del
norte o las entidades del centro y sur de la República Mexicana, por su misma
naturaleza contribuyen a ensuciar con casi 300 toneladas diarias de desechos
sólidos las calles, avenidas, parques, jardines, plazas públicas, solares,
carreteras interejidales y cuanto espacio transitan.
¿Cómo evitarlo? Alentando la cultura de la limpieza.
Y esto es, precisamente, lo que hace el alcalde.
Hace días abordó el tema del relleno sanitario que tiene capacidad para
albergar 400 mil metros cúbicos de desechos – equivale a 300 mil toneladas de
basura--, que es suficiente para solucionar el problema de confinamiento
durante los próximos años.
Y sé que proyecta invertir en el equipamiento del Departamento de Limpieza
Pública, para adquirir camiones recolectores, barredoras y tractores
chapoleadores.
Este esfuerzo ya tiene su recompensa, pues Victoria ahora luce limpia, aun
cuando apenas se alienta la cultura en la materia.
Andrés Manuel a la baja
El discurso de Andrés Manuel
López Obrador empieza a sufrir tal desgaste, que de no renovarse a tiempo
podría ocasionarle serios dolores de cabeza en su pretensión de ser nuevamente
candidato presidencial.
Al inicio de su peregrinar
proselitista con miras al 2012 –que por cierto arrancó el mismo día en que
Felipe Calderón Hinojosa fue decretado jefe del Ejecutivo Federal--, el mentado
“Peje” era visto con harta simpatía –incluso cuando tuvo la ocurrencia de desafiar
la disciplina arcaica de su (¿todavía?) “establo”, el Partido de la Revolución
Democrática (PRD)--, y se erigió como el aspirante más fortalecido a la
Presidencia de la República, pero hoy la adversidad toca a su puerta y amenaza
con echar por la borda todo lo avanzado.
Esto a raíz de que empezó a
involucrar en su proyecto a “cartuchos quemados” del imperialismo salinista y a
otros ex priístas indeseables.
Por si fuera poco, a López
Obrador se le atribuye una agresiva campaña de golpeteo en contra del señor de
Los Pinos; el divisionismo que padece el membrete del Sol Azteca; y hasta los
males que sufre el PRI, donde Humberto Moreira Valdez pretende implantar un
nuevo cacicazgo.
Por cierto, hace días López
Obrador, al anunciar la nueva etapa de su campaña proselitista, desaprovechó de
nueva cuenta los espacios informativos.
No se le escuchó externar
ninguna propuesta concreta; ningún análisis objetivo sobre el proceso electoral
del 2012; nada que atrapara la
atención de sus interlocutores, a menos que haya quien considere noticia
relevante su añejo anhelo de convertirse en “El sucesor”.
Por ello insisto, Andrés
Manuel va de más a menos en este juego, que, para fortuna suya, apenas está en
la etapa de calentamiento.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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