Por: Juan Sánchez-Mendoza06/04/2011 | Actualizada a las 09:38h
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Sin distingos de ninguna
índole, la sociedad mexicana se halla en la frontera del hartazgo ante la
incapacidad mostrada por los actores políticos para establecer un diálogo
responsable que permita superar el peligroso estancamiento en que se encuentra
el país.
Vivimos
un escenario de confrontación cotidiana en el que ninguna de las partes en
litigio cede, y, por el contrario, se dan a la tarea de ahondar sus diferencias
generando tristes y deprimentes espectáculos que, al mismo tiempo, amenazan con
salirse de cauce y provocar una real desestabilización social.
La
rebatinga y pelea de espacios de poder tiene lugar en todos los frentes, sin
que haya un árbitro confiable que reoriente y revierta el estado de las cosas
que ya se encuentran en un punto crítico y enredado en demasía.
A este
clima enrarecido también contribuyen, de alguna manera, los medios de
comunicación masiva --sobre todo los electrónicos (radio y televisión) cuyos
imperios se localizan en las ciudades de México y Monterrey--, porque en su
afán de “ganar la noticia” del diario acontecer auspician, consciente o
inconscientemente, el linchamiento hacia una de las partes en pugna
favoreciendo a la otra, sin que les importe nada más que engrosar sus
auditorios mediante el amarillismo y la estridencia que también nos tienen
cansados.
De
esta forma la parcialidad y objetividad sucumben ante la versión panfletaria
cargada de morbo y sensacionalismo con que son exhibidos los problemas hacia
millones de radioescuchas y televidentes, que, de manera puntual (y brutal),
reciben una serie de mensajes manipulados, en las más de las veces.
Generar
confianza y credibilidad entre los distintos segmentos poblacionales en torno a
los asuntos públicos que debiera ser el propósito central de las autoridades y
la prensa en su conjunto, se ha convertido en un simple concepto que adorna el
discurso disociado con la realidad.
El
ejemplo más claro de lo aquí plasmado, es que socialmente existe la percepción
de que el sistema se niega a transformarse y que las promesas de cambio y
profundización de la democracia --a las que acudió el actual Presidente de la
República para arribar al cargo--, no pasan de ser artificios y mascaradas a
los que tanto es proclive la clase política de nuestro país.
Ello
propicia el despertar del “México bronco”, con toda la frustración de un
inconsciente colectivo al que no le importa quién lo hizo y es culpable… sino
quién la pague.
Esto
además ocurre en situaciones de la vida cotidiana, donde la sociedad tiende a
vulnerar las reglas y leyes establecidas mientras que los poderes y encargados
de hacer que éstas se cumplan se encuentran enfrascados en una lucha sin
cuartel que amenaza la seguridad nacional, en tanto se privilegian posturas
sectarias y partidistas en abono al caos y en detrimento al orden y la
justicia.
Comento
esto porque los recientes acontecimientos cruentos que han tenido lugar en todo
el país, merced a la lucha contra la delincuencia organizada, son un llamado de
atención a las autoridades para que distiendan el clima de confrontación entre
los tres poderes de la Unión y entre los gobiernos federal y estatales, y se
alcancen los acuerdos necesarios antes de que el país se les vaya de las manos.
Asimismo,
hago un llamado para que los medios de comunicación masiva, principalmente los
electrónicos cuyos emporios se localizan en el Distrito Federal y la llamada
Sultana del Norte (repito), cumplan con su obligación de actuar
responsablemente, de manera objetiva y veraz, en el marco de la pluralidad y
dejen de lado el morbo, la violencia y el sensacionalismo que distingue sus contenidos
programáticos y contribuyen al clima de linchamiento que se ha enseñoreado a lo
largo y ancho de la Patria.
Política
indignante
En el
actual contexto, donde se agita la República Mexicana merced al enorme ruido
que hacen los grupos de interés y la ineficiencia del titular del Poder
Ejecutivo Federal --quien no logra colocarse a la altura de las circunstancias,
y, muy al contrario, exhibe su proclividad hacia la confrontación con todo
aquel factor de poder que no comulgue con su ideología y visión de gobierno--,
es cuando se afianza la necesidad de que la política sea dignificada.
No es posible que se continúe
promoviendo un clima de confrontación desde los poderes de la Unión,
principalmente desde la Presidencia de la República que encabeza Felipe Calderón
Hinojosa, en virtud a que estamos llegando a límites peligrosos; y ya en
algunos rincones de la patria empieza a enseñar su rostro la ingobernabilidad,
cuya presencia perjudica a todo el sistema.
De ahí que resulte propicio
distender el ambiente y dar paso a los buenos oficios de personajes que
antepongan el interés del país por encima de camarillas y grupúsculos, que con
su actitud dañan al tejido social de manera torpe e irresponsable.
Por ello hacen falta
auténticos líderes o promotores de la paz y la reconciliación nacional.
Entiéndase bien: políticos de
nuevo cuño en el ámbito nacional que liguen la palabra con la acción y den
resultados; a la par que generen un clima de confianza y sana convivencia en un
marco de pluralidad.
Sólo así podría avanzarse en
la consolidación de la democracia y lograr que todas las tentaciones
anarquistas, autoritarias y terroristas sean desactivadas en beneficio de los
millones de mexicanos que aún creemos en la posibilidad de un país más justo y
equitativo, donde se acabe con los grandes rezagos sociales y la inseguridad
pública que, por desgracia, mucho daño le han hecho a nuestra Patria.
Cavilaciones
De acuerdo a textos atribuidos
a Nicolás Maquiavelo, se debe considerar que no hay nada más difícil de llevar
a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más peligroso de manejar, que la
implementación de un nuevo orden de cosas.
El cambio es necesario y,
diríamos, inevitable.
Pero los individuos en lo más
íntimo se aferran al pasado por simple comodidad, más que por convicción y
respeto a los valores que dicen poseer.
De cualquier modo todos desean
el cambio en abstracto, un cambio superficial, pero no un cambio que modifique
de manera fundamental sus hábitos, ya que les resulta profundamente
perturbador.
El mismo Maquiavelo subraya
que:
“El profeta que predica y
provoca cambios, sólo puede sobrevivir por la fuerza de las armas; cuando las
masas inevitablemente ansían volver al pasado, sólo les queda recurrir a la
fuerza armada.
“Pero el profeta armado no podrá perdurar, a no ser que genere con rapidez una
serie de valores y rituales que remplacen a los de antaño y cambien ansiedades
de quienes temen al cambio.
“Es más fácil y menos sangriento practicar una suerte de estafa. Predique el
cambio todo lo que quiera, y hasta implemente reformas, pero cúbralas con la
reconfortante apariencia de hechos y tradiciones del pasado”.
Todo esto forma parte de lo
que se conoce como cultura de la innovación.
Algo que no deben ignorar los
funcionarios públicos, pues su desconocimiento podría ser el argumento de una
fracaso seguro.
Se hace camino al andar
El gobernador Egidio Torre
Cantú, pese a lo apretado de su agenda, se da tiempo para revisar el documento
que contiene el Plan Estatal de Desarrollo, que habrá de presentar públicamente
el lunes próximo.
Por cierto, un día antes, el domingo 10 del mes que cursamos, cumple sus
primeros cien días como jefe del Ejecutivo estatal.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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