Por: Juan Sánchez-Mendoza04/04/2011 | Actualizada a las 23:03h
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¿Qué ocasionó la renuncia de Robles Riestra? Nuevo auditor debe corregir ‘cuentas mochas’ Lideresa cameral no solapa excesos de los ex Malos contratistas de Victoria deben exhibirse
En política y por añadidura en la administración pública, toda separación
abrupta de un cargo suele blindarse mediáticamente como una renuncia originada
por motivos personales. De ahí la incredulidad
ciudadana para aceptar que así es. Y por ello surgen dudas en
cuanto a la dimisión de Gerardo Robles Riestra como auditor Superior del
Estado. Cierto es que el jueves que
nos antecede, 31 de marzo, él mismo (y por escrito) notificó a la Junta de
Coordinación Política del Congreso del Estado su decisión de causar baja en la
nómina oficial, pero su renuncia hasta ayer se dio a conocer. Es decir, cinco días después,
aun cuando el tema trascendió desde el momento mismo en que la LXI Legislatura
recibió el documento. De entonces a la víspera
transcurrieron tres días hábiles (o cinco, si se toma en cuenta que para los
diputados todos los días durante su ejercicio constitucional son de trabajo). Tiempo más qué suficiente para
informar en tiempo y forma sobre el hecho –ya por parte del Poder Legislativo o
Gerardo Robles Riestra en lo particular--, pero no se hizo, sino hasta el
quinto día. Por tanto, en torno al caso se
han tejido toda clase de conjeturas. Sobre todo cuando las cuentas
públicas de muchos ayuntamientos y algunas dependencias del Poder Ejecutivo
estatal no las ha dictaminado la Comisión de Vigilancia de la Auditoría
Superior del estado, ni tampoco presentado al pleno legislativo para su
calificación, porque sencillamente aduce que “el equipo” de Robles Riestra
tampoco le entregó en tiempo y forma la información para su cruzamiento y
análisis. Como fuere, hay quien dice y
asegura que Robles Riestra no causó baja de manera voluntaria, sino que lo
echaron, merced a su proclividad de tapar deslices. Funcionarios en capilla Tras la renuncia de Gerardo
Robles Riestra a la Auditoría Superior del Estado y con la asunción de Miguel
Salmán Álvarez a ése mismo cargo --que oficialmente habrá de ocupar a partir de
mañana, cuando el pleno del Congreso de luz verde a su nombramiento--, se
recobraría la esperanza ciudadana de que al patíbulo se lleve a los ex alcaldes
más “bañados” del pasado y a los ex secretarios estatales que durante su
ejercicio administrativo cometieron toda clase de tropelías. Y es que cada día son más voces las que reclaman castigo para los ex ediles y
otros funcionarios públicos (de corte estatal y municipal) involucrados en
malos manejos administrativos durante su ejercicio constitucional (unos) y
(otros) en el desempeño de su función burocrática. Y aunque dictaminar legalmente si son responsables
o no de cuanto se les acusa es atribución propia y exclusiva de la Auditoría
Superior del Estado y consecuentemente del Poder Legislativo, todo indica que
habrá de reconvenírseles para que justifiquen estrictamente cuándo, cómo y en
qué gastaron los recursos del pueblo. Como candidatos al cadalso legislativo
extraoficialmente se habla de Óscar Pérez Inguanzo (Tampico), Ramón Garza
Barrios (Nuevo Laredo), Óscar Luebbert Gutiérrez (Reynosa), Javier Gil Ortiz
(Altamira), Roberto Benet Ramos (Río Bravo), Héctor de la Torre Valenzuela
(Llera), Arturo Díez Gutiérrez Navarro (Victoria) y Héctor López González
(Mante), por parte de los ex alcaldes. Pero igual se prevé que al patíbulo vayan algunos
ex gerentes de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Comapa)
–que es el nombre correcto de la dependencia, aunque haya quienes pluralicen la
razón social--, según sea el caso de las localidades más afectadas; ex jerarcas
del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y, ¡lo
sorprendente!, hasta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, como en su
oportunidad lo reconoció la presidenta de la Junta de Coordinación Política del
Congreso estatal, Guadalupe Flores Valdez, al tiempo de asegurar que ella ni
sus compañeros de legislatura actuarán como “paleros” de nadie en el asunto de
la cuenta pública. También se insiste en que al menos dos funcionarios
de primer nivel del anterior régimen gubernamental serían llamados a cuentas. Uno es Víctor Manuel de León Orti –el ex secretario
de Desarrollo Rural--, quien durante varios años fue acusado de tráfico de
influencias para favorecer al rancho de su propiedad, “El Roble” –y más en su
ejercicio burocrático--, por el presidente de los productores agrícolas de
Llera, Mauro Camarillo, ya que presuntamente desvió los apoyos al campo para
favorecer a su familia. El otro es Alberto Berlanga Bolado –ex secretario
de Obras Públicas y Desarrollo Urbano--, quien como funcionario público dispuso
triplicar los contratos de obra a su propia empresa constructora cuya razón
social es “GMC” y cedió, sin concurso alguno, concesiones también de obra
pública a su patrón y a un selecto grupo de recomendados que carretadas de
dinero se embolsaron sin concluir edificaciones ni garantizar seguridad en las
supuestamente terminadas. Esto amerita análisis por separado. Y por eso mejor le sigo con el tema inicial de esta
columna tan víctima de la censura y, lo que es peor, de la mutilación. Diputados en pie de lucha Guadalupe Flores Valdez ha escuchado y leído
cualquier cantidad de comentarios al respecto, por lo que considero atinada (y
mucho) su observación de que en Tamaulipas no existe una cacería de brujas ni
se legisla contra Derecho. Ella acepta que un grupo de auditores externos
(contratados ex profeso) revisa las cuentas públicas, a solicitud del
presidente de la Comisión (legislativa) de Vigilancia de la de la Auditoría
Superior del Estado--, en apoyo para validar cada caso--, sin que eso
signifique que dude del trabajo antes realizado por la instancia encargada de
ello. También ha reconocido que e Óscar Pérez Inguanzo
encabeza la lista de los ex presidentes municipales que serán auditados; y que
esta legislatura, la LXI que encabeza, modificará la mala imagen que en el
pasado tuvo el Poder Legislativo. “Empezando por poner un alto a aquellos
funcionarios públicos que se creen dioses”, ha dicho. E ido más allá, al asegurar que la legislatura que
ella preside no es palera de nadie ni nadie la va a comprar. ¿Usted le cree? Yo también, pues “Lupita” ha
insistido en que el Congreso local habrá de castigar a los culpables de los
malos manejos administrativos registrados en los ayuntamientos y en el régimen
gubernamental en los últimos meses del 2010 –e incluso anteriores--, con tanta
firmeza, que en verdad convence a cualquiera de su interés por el bienestar del
pueblo. ¿Y los fugitivos? No creo que ninguno de los aludidos líneas arriba
se encuentren hoy viviendo en territorio tamaulipeco. Por el contrario, presiento que ya volaron (como
“pájaros de cuenta” que son), y el caso más ilustrativo es el del otrora “amo y
señor de las cabalgatas”, Víctor Manuel de León Orti, quien ha puesto a la
venta sus mejores caballos pura sangre. Y hasta eso, en oferta, pues de los entre quince y
veinte mil dólares que pagó por cada uno, hoy los vende en 60 mil pesos, porque
ya nada quiere saber del tema y por tampoco haber cabalgatas donde lucirlos y
prestarlos a personajes que en retribución le garanticen posiciones en la
administración pública. Deslinde recomendable La comuna de Victoria obligada está a deslindar
responsabilidades en cuanto al deterioro que en el paso registraron las
arterias viales de esta capital, so pena de que el alcalde, los síndicos,
regidores y hasta los funcionarios administrativos, sean el centro de la
crítica ciudadana que transita sobre una carpeta asfáltica más peligrosa que
cualquier campo minado. Hasta donde estoy enterado, en el tendido del
asfalto que de día se ejecutó (pese a la molestia de los ciudadanos victorenses
por los congestionamientos viales provocados) intervinieron las constructoras
que supuestamente concursaron y ganaron la adjudicación de los trabajos merced
a su oferta de: a) Realizar la obra sin alterar la circulación de
los automotores b) Aplicar asfalto de calidad inmejorable c) Terminar con el problema de baches, y d) Ejecutar un trabajo que sorteara cualquier
inclemencia del tiempo. Sin embargo se ha exhibido en sus trabajos: 1) La aplicación de materiales de dudosa calidad en
el tendido de la carpeta asfáltica; 2) Apatía en el control de calidad; y 3) Desconocimiento técnico para ejecutar trabajos
de tal magnitud. De ahí que Miguel González Salum, en su calidad de
alcalde, esté obligado a deslindar responsabilidades pa’ que los citadinos
conozcan quiénes, cómo y por qué las constructoras lograron dividendos cuantiosos
en la simulación de hacer harto seguras las arterias viales del llamado corazón
de Tamaulipas, cuando en realidad éstas eran más peligrosas que cualquier
vereda intransitable descubierta por azares del destino en la serranía, costa o
planicie de la geografía estatal. En caso contrario, repito, la crítica ciudadana a
“Migue” lo señalará con índice flamígero –igual que a su antecesor--, cuando de
antemano sabe, lo sé y lo advierte el grueso de quienes pueblan el municipio de
Victoria, que él nada tuvo que ver con la asignación de contratos para el
tendido del asfalto. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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