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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Los pepenadores

Es reprobable que tres de los siete partidos políticos con registro oficial finquen su fortaleza competitiva en la pepena...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 11/02/2010 | Actualizada a las 21:56h
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Tres de los siete partidos ¡van por escurrimientos!
Ninguno trabaja fuera de los procesos electorales
Panal y ecologista “se colgarían” medallas ajenas
Mescolanza ideológica no es inédita en la entidad
 
Es reprobable que tres de los siete partidos políticos con registro oficial finquen su fortaleza competitiva en la pepena de priístas resentidos; y también lo es que otros dos se coaliguen con el tricolor para no ser borrados del mapa.
 
Por algo la mentada “chiquillada” espera atenta el desenlace que tenga el proceso selectivo del PRI –sobre todo en lo que respecta a las candidaturas que surgirán por consulta a la base--, ya que su objetivo es aprovechar las goteras y escurrimientos que pudieran emanar del tricolor --de aquí al cierre del registro oficial ante el Instituto Estatal Electoral de Tamaulipas (Ieetam)--, merced a la frustración de ciertos oportunistas que a río revuelto han querido pescar las candidaturas en juego.
 
De ellos no podía esperarse menos. Y no, porque los membretes que integran la mentada “chiquillada” carecen de trabajo político y sólo saltan a la palestra en tiempos electorales.
 
Fuera de esa coyuntura se la pasan en la güeva sin desarrollar ninguna otra actividad digna de tomarse en cuenta –aunque legal y moralmente estén obligados a mantener presencia constante con las bases que dicen representar--, hasta que se llega la víspera de todo proceso comicial.
 
Incluso, mientras llega el momento de “animar la causa ciudadana” con el propósito de capitalizar su participación en las urnas, los jerarcas y las escasas estructuras de esas organizaciones tampoco intentan arraigarse en el conglomerado social. Duermen el sueño de los benditos. Y si acaso realizan alguna gestión de beneficio colectivo, es porque los grupos que se echaron en sus manos los presionan hasta obligarlos a cumplir algo de lo que tanto prometieron cuando mendigaban su apoyo, como sería el caso de algunas posiciones plurinominales.
 
Trepadores a la vista
Los jerarcas de esas organizaciones, las “chiquitas”, conocen a la perfección la movida a realizar durante la época de invernadero político. Acostumbran “meter su cuchara” en las discusiones de los temas o problemas en boga y hacer ruido, a fin de proyectar ante la población una imagen distinta a su verdadero ser. Y hasta se muestran como individuos congruentes, aguerridos y defensores permanentes de las causas que abanderan.
 
Por ello no resulta extraño que la “chiquillada” exhiba un marcado oportunismo a la hora de presentar trabajo. Es decir, cuando debe mostrar a propios y extraños sus “destacamentos” y “divisiones” con los que aspiran alcanzar el triunfo electoral.
 
Esos jefes partidistas configuran planes y estrategias a partir de la fuerza de sus adversarios, cancelando así la posibilidad de brillar con luz propia y de ampliar el proyecto que defienden rumbo a la conquista del poder.
 
Bajo este entendido, tampoco es raro observar cómo al llegar un proceso electoral los “guías” partidistas tienden las redes esperanzados en atrapar “peces grandes” o “pececillos”, aunque estos no compartan su ideología, credo ni modo de hacer política.
 
De cualquier modo el plan a seguir tiene sustento en la búsqueda de alianzas interpartidistas. En la pepena. En los “escurrimientos” o rémoras que deja el partido grande, y, en menor medida, en su raquítica fuerza.
 
Objetivos malsanos
Nadie en su sano juicio se atrevería a negar que un partido político triunfador se integra con fortalezas. No con debilidades.
 
Pero ya en los hechos, y dado el poco o nulo arraigo alcanzado, lo que salga es bueno, según razona la “chiquillada”.
 
La idea es seguir mamando, sin importar las posibilidades reales de éxito.
 
Exponerse a perder el registro y, en consecuencia, el financiamiento público, no está en los planes de membrete alguno.
 
Y si en función de conservar las prebendas tuvieran que aliarse con el mismísimo demonio, lo harían. De eso no hay duda.
 
Y ve Usted lo que ocurre en otras latitudes, donde el PAN y el PRD se han aliado para enfrentar al priísmo.
 
En fin, los tiempos de la exquisitez y la virginidad política hace mucho que cayeron en desuso.
 
Ahora priva el gusto por saludar con sombrero ajeno y estar vigente a costa de lo que sea. Incluso de ofertar al mejor postor, en público y en lo oscurito, las siglas que representan. Como cualquier ramera.
 
Por eso y por mucho más, nadie puede reclamar a la sociedad civil que haya perdido la capacidad de asombro y no encuentre diferencias entre los personajes opositores que se ostentan como férreos abanderados de las causas mayoritarias. Entre ellos la distinción la marcan el color y las siglas. Pero en el fondo no hay diferencia sustancial.
 
Menos extraña al grueso del electorado que actualmente la pepena o los escurrimientos estén en su etapa más productiva. Ni que membretes como el Partido de la Revolución Democrática (PRD), Partido del Trabajo (PT) y Convergencia anden desatados reclutando a priístas descontentos; o que el Partido Nueva Alianza (Panal) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), otra vez, sólo sirvan de comparsa al PRI a cambio de no perder su registro y compartir quizá un par de presidencias municipales y unos cuatro curules locales.
 
De cualquier forma, en la geografía estatal los cinco parecen no existir. Pero cuentan con registro oficial y hay claras evidencias de que repiten lo que mejor saben hacer: echarse en brazos del poderoso --en este caso del PRI--, con el interés de sufrir el menor desgaste y al menos conservar las oficinas que rentan en el estado.
 
Como fuere, los pepenadores andan sueltos.
 
Mezcolanza ideológica
 
La mezcolanza de credos e ideología no es inédita en Tamaulipas.
 
Hay memoria histórica.
 
Baste recordar que importantes grupos de la sociedad civil, llamados de izquierda, se han pasado a la derecha para impulsar el triunfo de sus candidatos… y viceversa.
 
A ellos, en lenguaje llano, se les dice chaqueteros, aunque los “finitos” de la política les llaman conversos.
 
Aquí vale la pena echarle una repasada a procesos electorales anteriores (los estatales, claro está), porque en aquellas épocas los estrategas y especialistas en propaganda orientaron sus baterías hacia lo que llamaron voto útil.
 
Ellos fundamentaron esa idea en las escasas probabilidades de triunfo que presentaban sus candidatos.
 
Así, algunos pseudointelectuales, agitadores profesionales y estudiosos de los fenómenos político-electorales, realizaron una cruzada con la firme intención de que los ciudadanos revaloraran su voto y lo emitieran en el interés de impedir que el PRI se mantuviera como la primera fuerza política del estado, aun cuando el sufragio favoreciera a la ultraderecha anidada en Acción Nacional o a la izquierda representada por el Partido del Sol Azteca.
 
El complot antipriísta, sin embargo, no alcanzó su cometido en aquellos años; y en los días de la elección ganó el llamado voto útil alejado de cualquier prejuicio, actitud, fobia, ideología, doctrina, raza y credo.
 
Lo fundamental para la oposición era cavar la tumba del PRI, pero no se pudo, aun cuando se mezclaron la izquierda con la derecha.
 
Es decir, el agua con el aceite, como ahora ocurre más allá de la entidad.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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