Por: Juan Sánchez-Mendoza29/03/2011 | Actualizada a las 23:30h
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Subalimentación de los mexicanos, una realidad Y exhibe Moreira “talón de Aquiles” de Calderón Felipe le contesta que otros fueron los
culpables Lo cierto, es que estamos más jodidos cada día Harta razón tiene Humberto
Moreira Valdez cuando subraya que México vive un escenario de subalimentación,
derivado del incremento cotidiano a los precios de combustibles y productos de
la canasta básica. Al fenómeno también contribuye
el estancamiento de salarios y, por supuesto, la falta de empleos. Ello genera más pobreza. Y así lo advierte el estudio
más reciente (que corresponde al mes en curso) elaborado por el Consejo Nacional
de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), al revelar que
actualmente hay 50.5 millones de pobres en México y 19.4 millones sufren
pobreza extrema. Obvio es que la estadística
mucho desagrada al señor de Los Pinos, quien ayer respondió al dirigente
priísta que “la pobreza se combate con hechos y no con palabras” --durante la
gira de trabajo que éste realizó en uno de los municipios más pobres de Chiapas
(Santiago El Pinar)--, pues otros tuvieron mucho tiempo para aminorar el
problema y no lo hicieron. De cualquier modo Felipe
Calderón Hinojosa, al abordar el tema que Humberto Moreira Valdez alude para
incomodarlo y exhibir la ineficiencia de su administración en materia
político-social, ha caído en la trampa del priísta y eso, lector amigo, le
resta credibilidad a él y a su partido (Acción Nacional) de cara a la sucesión
adelantada, que abiertamente se juega ya con la tolerancia y/o animación del
propio jefe del Ejecutivo Federal, como bien puede confirmarse en los anales
periodísticos. Asignatura incómoda Los temas de la pobreza y la
subalimentación del pueblo mexicano son dos asuntos que el Gobierno Federal no
ha querido abordar a fondo --quizá porque sus funcionarios están más distraídos
tratando de ocultar la intromisión yanqui en los asuntos internos de México que
en rediseñar estrategias anticrisis que en verdad impacten a favor del
conglomerado nacional--, pero de que le tienen qué entrar, ¡claro que están
obligados!, a menos que admitan no saber cómo enfrentar la crítica de Moreira
en su interés de acrecentar la clientela priista con miras al 2012. De tal forma que como blindaje
a las controversias mediáticas y en el pancracio político-electoral, es válido
el recurso, pero no cuando ha sido el mismo Presidente Constitucional de México
quien una y otra vez anuncie con bombo y platillo que habrá seguridad
alimentaria mediante seis acciones para mantener los precios de la canasta
básica, y al mismo tiempo diga que no tolerará abusos de especuladores ni acaparadores. En teoría se escucha bonito el
mensaje del señor de Los Pinos, pero en la práctica éste asoma desconocimiento
total de lo que ocurre en el campo --que es el sector más desprotegido de
nuestro país--, ya que él dice y sostiene que estarán libres de impuestos
granos como el maíz y el sorgo, así como los fertilizantes, sus colaboradores
que atienden las diversas áreas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería,
Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) --encabezadas por Francisco
Mayorga Castañeda--, malinterpretando los programas del Plan Nacional de
Desarrollo, alientan una espiral inflacionaria que más temprano que tarde
tendrían desastrosa repercusión entre la población mexicana. Palabra incumplida Se lo comento porque hace días
el propio Mayorga Castañeda y sus panegiristas, también con bombo y platillo,
anunciaron un incremento a los precios del maíz y el sorgo, que en estricto
apego a la realidad es una medida que atenta contra la economía familiar. Ejemplo de ello es que
mientras un productor de cualquiera de los dos granos aumenta el precio de
éstos, el consumidor directo, como son los ganaderos o los industriales de la
masa y la tortilla, de inmediato incrementan el precio de sus productos; el
coyote igual aumenta su precio; los expendedores de alimentos para el ganado
(que como materia prima utilizan los granos) y los tortilleros, a su vez,
elevan precios y el consumidor, que no tiene la mínima intención de cargar con
el aumento, encarece también las tarifas de sus servicios, ocasionando la
espiral inflacionaria en comento. Por otra parte, es difícil
evitar el acaparamiento y la especulación de los granos, como temerariamente lo
sugiere Calderón Hinojosa, pues no se requieren estudios de escritorio ni
planeaciones a control remoto para saber y entender que esta práctica se da en
todos los rincones de la geografía nacional, provocando desánimo entre los
productores y por supuesto un mayor encarecimiento del producto. Basta conocer un poquito del
campo para entenderlo, convivir con los agricultores y ganaderos, sembrar,
cosechar y tratar de vender el producto, para entender el complejo problema al
que nos enfrentamos cotidianamente y que el señor Calderón Hinojosa trata de
borrar con un simple decreto, tal vez porque nunca ha sentido lo que es el
hambre y jamás, en su vida, se ha rozado siquiera con los hombres y las mujeres
que hacen producir nuestra tierra. Promesas vanas Las promesas que Felipe
Calderón Hinojosa hizo al pueblo de México durante su búsqueda del voto que lo
convirtiera en sucesor de Vicente Fox Quesada, fueron eso: simples promesas. Tan así lo advirtió (en tiempo
y forma) la mayoría del electorado que se reservó el derecho de acudir a las
urnas –ahí está el escrutinio que no admite lugar a dudas--, pero finalmente
Luis Carlos Ugalde --el ahijado de Felipe que en ese entonces controlaba el
Instituto Federal Electoral (IFE)--, decretó el triunfo (harto cuestionable,
por cierto) de quien apadrinó su boda. Hago esta referencia porque de
la sarta de mentiras ofertadas por el hoy señor de Los Pinos, sobresalen al
menos seis: 1) Que una vez instalado como
jefe del Ejecutivo Federal, en México no habría más problemas económicos; 2) Que la pobreza sería
erradicada; 3) La crisis vencida 4) Que el país recobraría la
capacidad de un auténtico desarrollo nacional; 5) Que la seguridad pública
sería una realidad; y 6) Que se generarían miles de
fuentes de empleo para enfrentar la globalización financiera. Pero es obvio que ninguna de
estas promesas se ha cumplido, aun cuando ya transcurrieron más de cuatro años
de su administración. En principio porque la
política económica (de Calderón Hinojosa) empuja a México a la peor crisis de
su historia; y luego porque ésta genera tal pobreza que ahora hay más de 70
millones de mexicanos afectados y la pérdida del poder adquisitivo la padece el
grueso de la población. Caro han pagado quienes
votaron por el Partido Acción Nacional (PAN) en julio del 2006 –y
lamentablemente también los que sufragamos por otros membretes--, ya que el
sueño de Felipe de tener un país de primer mundo sólo existe en su mente. Con hechos que de ningún modo
generan progreso, la Nación ha servido de laboratorio al señor de Los Pinos
para experimentar en materia política, económica y social, pues lo mismo
agudiza conflictos hacia el interior de su gabinete que el enriquecimiento de
un reducido grupo de inversionistas. Así, Felipe Calderón Hinojosa
(igualito que Fox Quesada) rebasa en mucho la ineficiencia registrada en los
regímenes de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo,
Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce
de León, cuando menos, que como él instrumentaron una versión moderna del
pasado: la del porfiriato. Vicios ancestrales En el actual contexto, donde
se agita la República Mexicana merced al enorme ruido que hacen los grupos de
interés y la ineficiencia del titular del Poder Ejecutivo Federal --quien no
logra colocarse a la altura de las circunstancias, y, muy al contrario, exhibe
su proclividad hacia la confrontación con todo aquel factor de poder que no
comulgue con su ideología y visión de gobierno--, es cuando se afianza la
necesidad de que la política sea dignificada. No es posible que se continúe
promoviendo un clima de confrontación desde la Presidencia de la República en
virtud a que estamos llegando a límites peligrosos; y ya en algunos rincones de
la patria empieza a enseñar su rostro la ingobernabilidad, cuya presencia
perjudica a todo el sistema. De ahí que resulte propicio
distender el ambiente y dar paso a los buenos oficios de personajes que
antepongan el interés del país por encima de camarillas y grupúsculos, que con
su actitud dañan al tejido social de manera torpe e irresponsable. Por ello hacen falta
auténticos líderes o promotores de la paz y la reconciliación nacional. Entiéndase bien: políticos de
nuevo tipo que liguen la palabra con la acción y den resultados; a la par que
generen un clima de confianza y sana convivencia en un marco de pluralidad. Sólo así podría avanzarse en la
consolidación de la democracia y lograr que tentaciones anarquistas y
autoritarias sean desactivadas en bien de los millones de mexicanos que aún
creemos en la posibilidad de un país más justo y equitativo, donde se acabe con
los grandes rezagos sociales que, por desgracia, aún persisten. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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