Por: Juan Sánchez-Mendoza28/03/2011 | Actualizada a las 23:49h
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Egidio instala el consejo de seguridad pública Ahí se involucran los tres niveles de Gobierno ¿Por qué no existe comunión policía-pueblo? EU desestima la lucha contra la delincuencia El gobernador
Egidio Torre Cantú instaló (ayer) el nuevo Consejo Estatal de Seguridad Pública
y tomó la protesta a sus integrantes –43 alcaldes y autoridades estatales y
federales en la materia, así como de las Fuerzas Armadas de México--,
convocándolos a aportar su mejor esfuerzo, pues la sociedad tamaulipeca confía
en las instituciones, “pero también exige coordinación y respuestas”, dijo. Y esa voluntad
mostrada para unificar criterios en la búsqueda de la seguridad pública,
precisamente, me lleva a referir que un problema que por décadas han enfrentado los elementos
policíacos, es su disfunción para adaptarse al contexto social donde se
desenvuelven. Por eso la convivencia entre
ellos y la sociedad civil harto se ha deteriorado. A grado tal que muchos
“representantes de la ley” siguen actuando al margen de ésta --con prepotencia,
resentimiento y hasta abusos--, lo que anima la animadversión en su contra, el
recelo y la desconfianza. Este cuadro ha sido analizado
por sociólogos, psicólogos, psiquiatras e incluso por todo tipo de
especialistas del comportamiento humano, quienes coinciden en que el divorcio
policías-sociedad es un problema de educación y valores, cuya reconciliación
sólo podría recobrarse con el cambio de actitud de quienes se encargan de
prevenir, procurar y administrar la justicia. Para que esto fuese posible,
surge la necesidad de erradicar vicios tan arraigados en las corporaciones como
son la corrupción, el consumo de enervantes, los rencores hacia el semejante,
la inconformidad por los salarios y viáticos, la improvisación en los cuadros
de mando y una capacitación real y efectiva, donde el policía entienda que su
quehacer prioritario es servir a la sociedad, no servirse de ella, por
convicción y nunca por ser el único medio ocupacional a su alcance. Descalificación
federal Los aduladores del señor de
Los Pinos que acá radican son tan torpes que nuevamente recurren a la descalificación
de funcionarios e instituciones estatales, pues así pretenden atenuar el
fracaso del Gobierno Federal en la lucha contra la delincuencia organizada. Para ellos cuanta violencia
registra la frontera de Tamaulipas con la Unión Americana obedece a una mala
estrategia de quienes forman parte del Consejo Estatal de Seguridad Pública,
cuando es claro que el clima de terror se da, precisamente, por la presencia de
distintos grupos de hampones que se disputan el control de la zona ante la
incapacidad de las corporaciones federales para perseguirlos, siendo que es de
suyo responsabilidad atender lo relacionado con el narcotráfico, contrabando,
tráfico de indocumentados, secuestros y todo lo que sean delitos federales. Basta analizar las
estadísticas para confirmar el fracaso de la Procuraduría General de la
República (PGR) en esta empresa, que, de manera irresponsable, los panegiristas
domésticos de Felipe Calderón Hinojosa tratan de disfrazar culpando a quienes
constitucionalmente sólo tienen atribuciones para prevenir y perseguir ilícitos
del orden común y nunca los federales, porque entonces sí estarían quebrantando
la ley. De ahí que las declaraciones
vertidas por un diputado local (que quizá ignore lo que establece nuestra Carta
Magna en este sentido) y un locuaz representante de la iniciativa privada (que
mucho se avergüenza de él), sean consideradas tan imprudentes como parte del
juego sucio que el Partido Acción Nacional (PAN) les ha ordenado poner en
práctica para descalificar al adversario. En consecuencia, lo que ahora
escupen hacia arriba ambos nazis de guarache podría caerles en pleno rostro. Y más cuando hablan de
atribuciones sin saber qué dice la legislación al respecto. ¿Acaso nunca han consultado la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos? Ahí claramente se establece la
responsabilidad de todas y cada una de las instituciones encargadas de la
seguridad pública. Imagen negativa Por otra parte, la imagen que
con toda “mala leche” se ha difundido de Tamaulipas a nivel nacional y en el
ámbito internacional –tanto por el Departamento de Estado (norteamericano) y
las universidades de Texas y Arizona--, poco importó a los “spring break” que
llegaron a vacacionar de este lado de la frontera. Dicho exhorto no tuvo el
impacto esperado, aun cuando se difundió a través de internet y se enviaron
boletines personalizados a la comunidad estudiantil, por lo que ahora son
legisladores yanquis los que arremeten contra México, aduciendo preocupación
porque la narcoguerra podría expandirse y cruzar la frontera. Esa postura que pretendió
disuadir a los jóvenes estadounidenses para que cambiaran los destinos que
acostumbran previo al inicio de la Primavera, nada de extraño tendría si se
tratara de pronunciamientos aislados –total, ya estamos habituados a la
agresión yanqui--, pero cuando su actitud va entrelazada con otras
manifestaciones de carácter oficial, por cuestiones lógicas se deduce que igual
forman parte de una estrategia intervencionista por parte del Tío Sam. Sobre todo cuando un almirante
yanqui ofreció que el ejército de su país estaba listo para ayudar a México a
combatir a los cárteles con algunas de las mismas tácticas de
contra-insurgencia usadas en Irak y Afganistán. Esto demuestra claramente que
existe un proyecto intervencionista por parte de la Unión Americana, pues de
otra forma no serían tantas las voces que se atrevieran a descalificar a México
en su lucha contra la delincuencia organizada. ¿Miento? No, no lo creo, pues
hasta Felipe Calderón Hinojosa descarta totalmente el ofrecimiento, ya que como
él todos advertimos claramente un interés intervencionista. Origen del problema La arrogancia con la cual
Estados Unidos pretende calificar la actuación de México en la lucha contra la
delincuencia organizada, merece el rechazo y la desaprobación unánime de
nuestro pueblo y las autoridades gubernamentales y legislativas, cuando menos,
porque el tráfico de drogas encuentra su origen precisamente en la enorme
demanda de estupefacientes que cotidianamente reclaman los viciosos allende el
Río Bravo. Sin embargo el costo social y
las consecuencias de la “ley del narcomercado” y su solución, el Tío Sam
pretende endosarlos a nuestro país, que hoy injustamente sufre problemas en
materia de seguridad pública, criminalidad, violencia y hasta desprestigio. ¿Y qué ha hecho al respecto el
Gobierno Federal? México, el trampolín Sobre el mismo tema, es
necesario aclarar que la frontera norte de México está convertida en el
principal trampolín para el paso de enervantes a la Unión Americana, cierto, y
que las mafias internacionales día tras día se disputan violentamente las rutas
que conducen al cada vez más exigente mercado yanqui. Distintos hechos hacen creer,
según la opinión del investigador francés Alan Labrousse –aceptada por fuentes
de la Procuraduría General de la República (PGR)--, que los narcotraficantes
actualmente asentados en Taiwán iniciaron ya acciones para eliminar a los
competidores nativos del norte de México y controlar ellos el paso de
estupefacientes a los Estados Unidos. También se dice que una
investigación a fondo acerca del grupo de más de 300 chinos que operan en
Mexicali, Baja California, podría aportar elementos para pensar en una
incipiente red de distribución oriental, que desde la caída de los grandes
capos latinoamericanos se ha posesionado del mercado, hasta el grado de que los
viciosos estadounidenses prefieren las mercancías de ésta a las ofrecidas por
otras mafias. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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