Por: Juan Sánchez-Mendoza24/03/2011 | Actualizada a las 10:20h
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Cuando Humberto Moreira Valdez rindió protesta como
presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del membrete tricolor –4 de marzo--,
destacó que la unidad ha sido y es el valor político más importante del
partido; y el activo principal que lo hará ganar las elecciones estatales este
2011 y la Presidencia de la República en el 2012.
Sin embargo, a 102 días de desarrollarse los comicios en
Nayarit, Coahuila (su tierra natal), Hidalgo y el Estado de México, ya se
palpan fracturas hacia el interior del Partido Revolucionario Institucional
(PRI) merced a las coaliciones que no terminan de convencer a la militancia
tricolor.
Y sobre esas mismas sociedades ocasionales, el dirigente
tricolor habló con mucho desprecio.
“No nos atemorizan las alianzas impúdicas entre adversarios, que solamente se
hermanan en su obstinación para frenar lo inevitable: el partido más grande de
México.
“No nos atemorizan las relaciones espurias de quienes traicionaron sus
orígenes, trayectorias y su discurso por la vana ilusión de impedir las
victorias del PRI, ni (tampoco) las maniobras amparadas en la legalidad
partidaria, pero aunadas a la ilegítima intervención gubernamental, que
pretenden frustrar el anhelo de las mayorías que desean que gobierne el PRI”.
Rememoro esas palabras de Humberto Moreira Valdez porque
en la víspera, allá en Toluca, se firmó una alianza entre los membretes
tricolor, ecologista y magisterial, para designar candidato único a la
gubernatura del Estado de México.
¿Y acaso esa colación no es impúdica y espuria?
¡Claro que sí!, puesto que:
1) La dueña del Partido Nueva Alianza (Panal), Elba
Esther Gordillo Morales, fue echada escandalosamente del tricolor;
2) Precisamente por traicionar sus orígenes, trayectoria
y discurso, en su vana ilusión de impedir en el 2000 la victoria del tricolor
--léase Francisco Labastida Ochoa--, atendiendo su maridaje con la entonces
familia presidencial conformada por Marta María Sahagún Jiménez y Vicente Fox
Quesada; y
3) Permitiendo la intervención gubernamental seis años
más tarde en la conducción del membrete magisterial (como partido político),
pa’ también bloquear al PRI en su pretensión de recuperar la Presidencia de
México a través de su candidato Roberto Madrazo Pintado.
Del Partido Verde Ecologista de México poco bueno se
podría decir, ya que sus propietarios (la familia González Torres) suelen
alquilarse al mejor postor.
Y de eso la memoria no me deja mentir, ya que:
1) En 1988, tras obtener su registro oficial, se alió al
llamado Frente Democrático Nacional (FDN) –igual que los entonces membretes de
la izquierda mexicana--, para apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en su
intento de acceder al Palacio Nacional; y
2) En los procesos comiciales federales del 2000 y 2006,
se echó en brazos del Partido Acción Nacional (PAN), porque así le convino,
mostrándose claramente como mercenarios de la política.
De ahí mi pregunta:
¿Qué sociedad política ocasional no resulta espuria e
impúdica?
Proceso en marcha
Como fuere, el domingo próximo (27 de marzo) se abre
formalmente el proceso interno del PRI para la inscripción de sus aspirantes a
la candidatura gubernamental del Estado de México.
Y por parte del tricolor compiten cinco:
1) Alfredo del Mazo Maza, quien es hijo del tristemente
célebre Alfredo del Mazo González –de quien Miguel de la Madrid Hurtado alguna
vez dijo que era el hermano que nunca tuvo y lo dejó con un palmo de narices en
su pretensión de ser candidato presidencial--, y primo del actual gobernador
mexiquense, Enrique Peña Nieto;
2) Azucena Olivares Villagómez --actual alcaldesa de
Naucalpan--, quien no está dispuesta a renunciar a su pretensión nomás porque a
“Quique” se le antoje, y reclama su derecho a la contienda interna por ser la
única mujer que busca la candidatura, aludiendo a la equidad de género;
3) El diputado federal Luis Videgaray Caso, quien la
disciplina partidista la tiene en un alto sentido, ya que ha dicho que aun y
cuando no resulte el favorecido tampoco buscaría otra opción para cristalizar
su anhelo;
4) Ricardo Aguilar Castillo, quien todavía se ostenta
como dirigente estatal del PRI en la entidad, quien igual proclama ser
disciplinado; y
5) Eruviel Ávila Villegas, el presidente municipal de
Ecatepec, quien lo mismo que sus contendientes en el hándicap dice privilegiar
la unidad partidista ante su interés de acceder a la candidatura.
Por tanto, es sencillo deducir que el favorito de Peña
Nieto al final de cuentas será quien obtenga la candidatura.
O sea, Alfredito del Mazo, del cual en colaboraciones
posteriores habré de comentar por sus tantas atrocidades cometidas en perjuicio
de los habitantes de Huixquilucan (municipio del Estado de México) y sobre su
comportamiento como junior de quien soñó alguna vez ser Presidente de México y,
aunque fue el favorito durante casi un lustro, se quedó con un palmo de
narices.
Inconsistencia ideológica
El sistema de partidos que opera en nuestro país muestra
las tendencias políticas más importantes.
Pero igual reflejan la diversidad ideológica existente en
el seno de la sociedad, donde cada individuo se identifica con la que piensa
satisface sus expectativas.
Así tenemos la representación de la derecha, radical y
moderada, en el Partido Acción Nacional; la vertiente del centro abanderada por
el Partido Revolucionario Institucional; y la expresión de izquierda, en
diversos matices, encuentra su expresión en el Partido de la Revolución
Democrática.
Se supone que el Partido del Trabajo (PT) se alinea con
la izquierda –en todas sus representaciones: vieja, democrática y nueva--,
mientras que Convergencia Democrática (CD) y el Partido Verde Ecologista de
México tienden hacia el centro.
Todos los partidos registrados en México están obligados,
legal y moralmente, a definir un perfil a través de la declaración de
principios, estatutos y el programa de acción.
Los militantes y ciudadanos en general, por tanto, deben
conocer los documentos básicos que rigen la vida del membrete en el que están
afiliados o es de sus simpatías, a efecto de enriquecer la cultura cívica y
acabar con el lastre que significa el analfabetismo político.
En esencia, los partidos buscan impulsar la democracia,
afianzar las libertades, animar la pluralidad, configurar una patria más
justa y equitativa, promover el desarrollo, brindar posibilidades de expresión
y participación a la gente, garantizar el empleo, la salud, seguridad,
etcétera.
Los distinguen las estrategias y tácticas utilizadas para
arribar al poder o conservarlo y, desde luego, el segmento de la sociedad por
el cual han decidido tomar parte y cuyos intereses defienden.
Así, un partido que se inclina a favor de los grupos
privilegiados y defiende la propiedad privada, la libre competencia del capital
y la explotación de la mano de obra, puede ser tipificado como de
derecha.
En contraparte, las organizaciones que se identifican con
los trabajadores, la propiedad pública y buscan mejorar las condiciones de vida
de las grandes mayorías, estarían considerados en el ala izquierda.
El llamado centro, o justo medio, se supone que retoma
preceptos de uno y otro bando y trata de mantener el equilibrio; acepta la
existencia de un régimen de economía mixta y justifica la lógica empresarial
y dinámica del mercado, pero busca que haya una adecuada repartición de la
riqueza que genera la actividad económica, pero siempre buscando la justicia
social y privilegiando la democracia.
En lo general, este es el esquema en el que los partidos
políticos enmarcan su origen y funcionamiento.
Por supuesto que no hay fórmulas ni reglas que se sigan
al pie de la letra.
La característica, en todo caso, es que los partidos
políticos, en nuestro tiempo, son flexibles y pragmáticos.
Buscan el éxito a como dé lugar, sin importar ideologías
o principios.
Lo que sirve y es útil a la causa resulta bienvenido.
De ahí que las actitudes, valores e ideología pasen a un
segundo o tercer plano.
Poco importa el debate y la contraposición de proyectos.
Más bien se privilegia la imagen y la personalidad del líder.
En este sentido, es común observar en las coyunturas
electorales o en los momentos de definición trascendental en la vida del país,
cómo los políticos, los líderes sociales y de opinión, brincan de un bando a
otro por la inercia de la “jugada” y con el ánimo del triunfo.
Se hace camino al andar
Antes de llevarse a cabo el homenaje luctuoso de Luis
Donaldo Colosio Murrieta –con motivo de su diecisiete aniversario--, el
dirigente estatal del PRI, Lucino Cervantes Durán, dejó en claro que el
tricolor no lucra con su figura, pues a raíz del acaecimiento se creó la
fundación que lleva su nombre, a fin de que perdure su figura.
Difícilmente habría quien cuestionara al dirigente
priísta estatal, pues es él un estudioso del surgimiento y desarrollo del PRI,
tanto como de las figuras que lo han liderado en el ámbito nacional y en lo
doméstico, como bien pueden avalarlo quienes lo han antecedido en el cargo.
Las crónicas periodísticas hoy dan cuenta puntual del
homenaje luctuoso a Luis Donaldo, pero ello nada impide consignar que al
llamado a recordar su postulado, al menos en Tamaulipas, sus amigos, compañeros
de partido y simpatizantes respondieron con agrado y mucho entusiasmo, hasta el
grado de en algunos rostros asomar lágrimas por su pérdida.
Sobre todo las de sus correligionarios generacionales,
quienes como Lucino de cerca convivieron con el malogrado candidato priísta.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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