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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

La crisis del campo

Por: Juan Sánchez-Mendoza 17/03/2011 | Actualizada a las 10:16h
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En el Polyforum de Ciudad Victoria se desarrolló la cuadragésima tercera reunión ordinaria de la Comisión (legislativa) de Agricultura y Ganadería, que en la LXI Legislatura (federal) preside Cruz López Aguilar e integran 30 diputados de cuatro fracciones parlamentarias de las siete legalmente establecidas.

Son 14 militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), diez del membrete albiceleste, cinco de la organización cuyo emblema es el Sol Azteca, y uno del ecologista.

Desconozco el número de los asistentes y por supuesto cuántos no llegaron al encuentro –un hecho hasta cierto grado intrascendente, pues el evento se llevó a efecto por haberse alcanzado el quórum legal--, ya que lo más importante en ese tipo de sucesos es lo que se dice, discute y se propone.

Ahí se habló del retraso con que el Gobierno Federal suele entregar los apoyos a los productores agropecuarios de todo el país, aun cuando la adversidad climatológica ha impactado desastrosamente en el campo y ocasionado pérdidas millonarias.

Y de eso habló el gobernador Egidio Torre Cantú, minutos antes de comenzar la reunión legislativa, asegurando que trabaja muy de cerca con los diputados federales de esa comisión para que agilicen la entrega de los recursos del Procampo y del Progran –además de otras medidas de apoyo a los productores agropecuarios--, ya que advierte, como sus homólogos y otras autoridades de la administración pública en sus tres niveles de Gobierno, que en lo que resta del 2011 habrá mucha sequía y por ende mayores problemas para los campesinos y ganaderos.

Obvio es que algunos diputados del Partido Acción Nacional (PAN) no comparten la alerta del mandatario tamaulipeco, pues durante su ejercicio legislativo han confirmado ser más amanuenses del jefe del Ejecutivo federal que dignos representantes populares.

Problema ancestral:

De cualquier forma hoy también es un buen día para refrendar que la grave crisis que padecen los hombres del campo de ningún modo podría aliviarse echándoles la culpa por la escasa productividad agropecuaria.

Y menos cuando a los productores extranjeros se les dan todas las facilidades para introducir sus productos a nuestro país, amparados en los desfavorables acuerdos que contempla el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés), mientras a los de casa infamemente se les acusa de huevones y desobligados.

Para reactivar la producción campesina y ganadera en México, sin embargo, primero se requiere evitar la crítica malsana contra nuestros connacionales –sobre todo cuando proviene de las mismas Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), que jefatura Francisco Mayorga Castañeda, o de la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA), que todavía comanda Abelardo Escobar Prieto--, y no perder el tiempo buscando culpables de este deplorable fenómeno causado por las mismas autoridades gubernamentales –durante los regímenes priístas o antagónicos al tricolor--, para dar paso al análisis concienzudo que permita encontrar soluciones reales que contribuyan a recuperar (la mayor) parte de lo perdido, así como revisar los términos del acuerdo trilateral que ponen en desventaja a los productores agropecuarios de acá de este lado del río Bravo.

Pero esto sólo podría lograrse habiendo voluntad; cuando el interés de procurar justicia social rebase las codicias personales, de grupo o de partido, y los funcionarios estén convencidos de que únicamente apoyando a los campesinos y ganaderos sería factible enfrentar la globalización que amenaza exterminar el campo mexicano.

Durante los últimos días (una y otra vez) se han escuchado voces que invitan a defender los intereses del sector agropecuario –cierto--, pero son pocas las que plantean cómo y cuándo hacerlo sin que sus emisores busquen llamar la atención emitiendo declaraciones demagógicas.

Lo peor del caso es que el TLCAN (sus siglas en español) se ha convertido en una verdadera bomba de tiempo que amenaza con estallar en cualquier momento, merced al burocratismo e intereses partidistas con que se manejan los recursos de apoyo al sector quizá más abandonado por la Federación.

Eso lo saben allá en la Sagarpa y la SRA, y, más en cortito, en la Secretaría de Desarrollo Rural que encabeza Jorge Alberto Reyes Moreno.

Falta de oficio político:

Algunos analistas refieren que Francisco Mayorga Castañeda y Abelardo Escobar Prieto, durante su ejercicio como funcionarios federales, han evidenciado falta de oficio político.

Y más: carencia de sensibilidad para evitar la confrontación con los agricultores, quienes tildan su presencia en el gabinete como un acto de provocación, pues ambos no descansan en recriminarles no aceptar, como suya, toda la culpa por la crisis que enfrenta el campo.

Cito lo anterior por creer que los dos funcionarios, con su actitud, tratan de aminorar los reclamos contra el jefe del Ejecutivo federal, Felipe Calderón Hinojosa, quien ya vive en carne propia el descontento de los agricultores y ganaderos de todo el país.

Tampoco se puede soslayar que los membretes campesinos, durante décadas, han causado serios estragos al sector, por su proclividad a sólo utilizarlo en la búsqueda de posiciones políticas.

Aquí cabe recordar que hasta 1970 el tipo de organización social, política y económica que manipulaba a los hombres del campo se ajustaba al corporativismo priista.

Bajo este esquema, precisamente, sólo operaban las confederaciones Nacional Campesina (CNC), Nacional de la Pequeña Propiedad (CNPP), y la Nacional Ganadera (CNG), que para el tricolor cumplían métodos de control político y autoritario sobre los ejidatarios y propietarios rurales.

Pero todo por servir se acaba, reza un refrán popular, y a fin de no perder control por el descrédito en el que habían caído esos membretes, el mismo PRI –cuando estaba enquistado en el poder--, financió el surgimiento de otros grupos dizque defensores del agrarismo, como la unión General de Obreros y Campesinos Mexicanos (UGOCM), la Confederación Campesina Independiente (CCI), y la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC).

Con tres metas bien marcadas:

1) La regulación del acceso a los recursos naturales;

2) La legitimación de la representación social en las comunidades, los municipios y los estados; y

3) La planeación de la producción agropecuaria mediante el control de precios, la comercialización y la asesoría técnica.

Es obvio que el esquema resultó un fiasco, porque fuera de teorías y palabrería barata, en la práctica los campesinos resultaron mayormente explotados y se les utilizó y utiliza, de entonces a la fecha, como carne de cañón en los procesos electorales, por parte de todos los partidos con registro oficial.

 
Propuestas para la reactivación:

Los analistas consultados para esta reflexión también sugieren que fuera de criticar el daño que se le ha hecho al campo se adopten medidas que contribuyan a su recuperación, como una política hemisférica en pro de la seguridad alimenticia de los países firmantes del TLCAN para enfrentar los nuevos tiempos.

Incluso han ido más allá, al sugerir que lejos de sumirnos en lamentos por las políticas neoliberales, es necesario hacer planteamientos inteligentes para resolver del todo la situación del agro que la autoridad no ha sido capaz de resolver.

Esto ante la embestida del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por un lado, y, por otro, merced a la preocupación generada por la ley agrícola de la Unión Americana, que otorga un subsidio directo de 18 mil millones de dólares anuales a los agricultores de los Estados Unidos, mientras el presupuesto nacional apenas alcanza los 2 mil millones de dólares en el mismo lapso.

En fin, habrá qué esperar los planteamientos que Mayorga Castañeda y Escobar Prieto (como responsable del sector del Gobierno Federal) hagan a la Comisión (legislativa) de Agricultura y Ganadería, pa’ entonces sí realizar un análisis más apegado a lo que podrían esperar los productores agropecuarios en este 2011.

Comapa-Victoria

Carlos Montelongo Terán, quien atiende la gerencia de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Comapa) aquí en Victoria, enfrenta un conflicto de pronóstico reservado.

No sólo porque el sindicato se ha puesto al tú por tú con él, sino por las cotidianas quejas (que suman miles) de los usuarios del vital líquido a quienes les ha cortado el suministro leoninamente.

Incluso, sin él tener representación legal para hacerlo, ha nombrado funcionarios de confianza para atender el negocio, generando al mismo tiempo una confrontación con el sindicato que no está dispuesto a acatar sus directrices y ya reclama (manifestándose en la calle) incrementos en el aspecto laboral.

Ayer le comenté que Montelongo Terán se mareó tempranamente.

Y hoy se lo reitero, ya que atendiendo la recomendación de su “compadre” Eliseo García, ejerce en la Comapa-Victoria una política autoritaria –muy contraria a la que Miguel Ángel González Salum y José Florencio Bringas Martínez practicaron en su ejercicio--, como lo refiere un informe que me han dicho ya está en el despacho del gobernador Egidio Torre Cantú.

Quizá por ello este día una comisión del sindicato de la Comapa-Victoria sea recibida en Palacio de Gobierno –no por Egidio, quien en la Ciudad de México habrá de entrevistarse con el senador Manlio Fabio Beltrones Rivera para dialogar sobre una propuesta en materia fiscal--, pa’ tratar de resolver el problema, aunque sé, de buena fuente, que los trabajadores no están dispuestos a negociar ante un funcionario menor al jefe del Ejecutivo estatal lo que se refiere a incrementos salariales.

Lo malo para ellos es que en la antesala ya se le adelantaron los gremios magisterial y de la burocracia.

De cualquier forma el conflicto apenas inicia.

Y lo justo sería nombrar a un gerente que gozare de toda la confianza del Gobernador e impidiere, con mucha autoridad, que el sindicato se “chiflara”, pues lo que en el fondo realmente se disputa es el control y manejo administrativo de la Comapa.

Em@il:

jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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