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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Comunión política

Por: Juan Sánchez-Mendoza 11/03/2011 | Actualizada a las 09:07h
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La importancia del diálogo en los asuntos de poder
Aquí, en Tamaulipas, Egidio privilegia esa práctica
Se carece de cultura cívica para respetar las leyes
Excesos del IMSS contra patrones que ahí cotizan


Es el diálogo una práctica que habitualmente funciona cuando existe voluntad para alcanzar acuerdos más allá del interés unilateral, partidista o de grupo.
 
Y es en política, precisamente, donde más se requiere la concertación como ingrediente sustantivo de la gobernabilidad.
 
El hecho de que entre dos actores o más haya diferencias ideológicas o de intereses grupales, en nada impide su comunión si el objetivo es el mismo: hacer del ejercicio público todo un apostolado.
 
Pero si acaso alguna de las partes antepone la soberbia por su mismo afán protagónico, difícilmente juntos accederían a estadios de buen entendimiento.
 
Los sainetes cotidianos que se viven en todo el país ilustran claramente la ausencia de acuerdos y la radicalización de posturas, sin que hasta hoy asome un interés común (de parte de los involucrados) para ahuyentar el espectro de la inestabilidad social, política y económica que amenaza con enquistarse en México, merced a los desacuerdos para gobernar.
 
Acá en Tamaulipas no ocurre lo mismo.
 
Y no porque Egidio Torre Cantú tiene la virtud de ser un hombre tolerante, respetuoso e incluyente; un mandatario que evita la confrontación y procura el diálogo como recurso pa’ ponerse de acuerdo si acaso hubiere diferencias con alguno de sus gobernados.
 
La política humanista que Egidio ejerce, lo exhibe como un hombre de carne y hueso cuyo quehacer persigue la justicia social.
 
Basta analizar su postura ante el embate centralistas de la Federación para manejar la asignación de recursos de los programas sociales, para entender que la prioridad del mandatario tamaulipeco es lograr el bienestar de su tierra y de su gente.
 
Carencia de cultura cívica
 
Aun cuando en México existe una amplia y sólida estructura jurídica que norma la conducta entre los individuos a través de instituciones diversas, se adolece de cultura para acatar y respetar las leyes.
 
Tan pronto entra en vigor un nuevo ordenamiento, inmediatamente se incumple pese a tener conciencia de estar actuando al margen de la ley y que en razón de ello podría venir una sanción.
 
Reza un principio jurídico que la ignorancia del precepto no exime de la culpa al infractor, por lo que nadie se salva de verse inmerso en problemas legales, en un momento dado, si como frecuentemente ocurre soslayamos nuestras obligaciones como personas y ciudadanos.
 
Lo peor del caso es que como “buenos mexicanos” tenemos especialización en retorcer leyes y reglamentos, o en encontrarles las interpretaciones que más nos favorezcan, aún sin conocer su ordenanza en su justa y real dimensión.
 
Otra salida es recurrir al “influyentismo” o de plano al cohecho, a fin de no ser alcanzados por el brazo de la justicia ante un ilícito cometido.
 
En el colmo del cinismo hemos oído hasta la saciedad la ordinaria frase que se sostiene que las leyes se hicieron para violarlas; y a fuerza de tanto escuchar ese absurdo algo se queda en el colectivo social, como si fuera motivo de orgullo.
 
De ahí que las autoridades (todas) hoy quieran inculcar de manera sistemática valores cívicos a los niños, adolescentes y adultos, porque tarde se han dado cuenta de que la problemática corroe el tejido social y no encuentran la forma de que la ley se respete.
 
En honor a la verdad, lejos estamos de alcanzar el ideal propuesto por los tres niveles de gobierno –federal, estatal y municipal--, toda vez que el mal es profundo.
 
Contribuyen a la descomposición las marcadas diferencias de clase, injusticias y falta de oportunidades para importantes segmentos sociales que, en definitiva, no ven por ninguna parte la famosa y pregonada equidad; menos el respeto a sus elementales derechos.
Digamos a la salud, el trabajo y la educación.
 
Claro que el camino para el respeto a la legalidad no es la revuelta o la desobediencia pública ante tanta marginación y desigualdad, pero sí la exigencia de que la autoridad cumpla lo establecido en la ley y predique con el ejemplo.
Por eso los valores cívicos y el respeto a la legalidad están en crisis.
 
Excesos del IMSS
 
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se supone, fue creado para garantizar el servicio médico a todos los trabajadores que prestan sus servicios en la iniciativa privada y no con la intención de actuar como verdugo contra las empresas que ahí cotizan, cuyo único delito es aportar dinero para mantener al burocratismo ocioso que, en el menor de los casos, ni siquiera sabe dónde y para qué fue contratado, pero que harto contribuye al cierre de negocios y al remate de los bienes ajenos.
 
Refiero esto porque sé de empresarios medianos y pequeños que han sufrido los excesos de quienes manejan el IMSS --haciéndolos acreedores a severas multas por no liquidar a tiempo sus cotizaciones--, aun cuando la iniciativa privada genera los empleos que el Gobierno Federal (subsidiario con dinero ajeno de ese organismo) es incapaz de crear para un pueblo con hambre y sed de justicia.
 
Al aparato burocrático que cobra sin que le cueste esfuerzo ganar un salario –me refiero a los empleados del IMSS que perciben dinero de los que sí producen--, poco o nada le importa sancionar a los patrones cuyos ilícitos, según se ve, son generar empleos, dar de comer a sus asalariados y familias, trabajar, producir y pagar impuestos, mientras que los burócratas (esos que viven pegados a la ubre gubernamental) jamás han sabido de la independencia –saben de la dependencia, eso está muy claro--, y por tanto no conocen cuánto se sufre, se padece, se trabaja, se “amarra la tripa”, se sacrifica la economía familiar, por beneficiar a otra gente –y con mucho gusto--, para que ésta cuente con servicio médico.
 
Aún cuando el que proporciona el Instituto Mexicano del Seguro Social sea malo y peor en su atención social.
Luego de revisar la documentación de algunas empresas sancionadas por el Instituto Mexicano del Seguro Social, no pude menos que sentir ira y soltar la carcajada al mismo tiempo, pues por un lado irritan las excesivas multas y por otro divierte que los asalariados del IMSS se autonombren autoridad, cuando carecen de personalidad jurídica para hacerlo.
 
En fin, hay que entender que también son animalitos de Dios.
 
Concluyo el tema con dos interrogantes:
 
1) ¿Por qué cuándo existen empresas cumplidoras y bien pagadoras no se les premia?, y
2) ¿Por qué cuando alguien se atrasa por horas en el pago de sus cotizaciones se les aplican multas exageradas?
 
Se hace camino al andar
 
*** El diputado (local) Manglio Murillo Sánchez, como militante del Partido Acción Nacional (PAN), se ha distinguido por su objetividad al opinar sobre cualquier tema.
 
*** De ahí que su llamado a que el dirigente estatal del albiceleste, Francisco Javier Garza de Coss, transparente las prerrogativas que recibe del erario resulte un acierto –para bien del propio PAN--, pero hay una corriente interpartidista que no comparte su apreciación, hasta el grado de acusar a Manglio de traidor, cuando él lo único que hace es cuidar la imagen de su partido.
 
*** Félix Mezquitic Montoya es un perredista que suele acusar sin probar a todo aquél funcionario que rehúse satisfacer sus caprichos. Y en esta ocasión pide que Roberto Danwin Márquez sea destituido como director del Instituto Tamaulipeco de Vivienda y Urbanismo (Itavu), pues para el demandante éste no tiene experiencia ni la capacidad para estar al frente de ese organismo.
 
*** ¡Vaya, el burro hablando de orejas! Y así lo considero porque Félix carece de credibilidad, confianza ciudadana y, lo peor, de autoridad moral y profesional para abordar temas ajenos a su mero mole: el escándalo y la diatriba.
 
*** La agenda de Miguel González Salum, este día, contempla ir a la jornada multidisciplinaria con motivo del Día Internacional de la Mujer; signar un acuerdo de colaboración entre el ayuntamiento que preside, el DIF-Victoria y el Cecati 93; y su asistencia al cuarto informe de labores del magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia de Tamaulipas, Alejandro Etienne Llano.

Em@il:
jusam_gg@hotmail.com y golpeagolpe@prodigy.net.mx 

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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