Por: Juan Sánchez-Mendoza08/03/2011 | Actualizada a las 22:43h
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La izquierda y la derecha pactaron en su contra Buscan la gubernatura de Coahuila, en principio Fortaleza de la mujer tamaulipeca no se discute La señora Pilar destaca participación femenina El desprecio con que Humberto
Moreira Valdez se refiere a las alianzas entre partidos políticos antagónicos
–impúdicas, les llama, pues (según dice) traicionan sus principios e ideales--,
ha causado tanta irritación en los membretes albiceleste y del Sol Azteca, que
pa’ cobrarse la afrenta ya pactaron ir coaligados en busca de la gubernatura de
Coahuila y del Congreso local, incluyendo en su proyecto a la organización
ciudadana Unidad Democrática (UDC). Esta nueva asociación
esporádica de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática
(PRD), en principio nace porque de jugar cada uno por su lado difícilmente
harían mella al candidato del Revolucionario Institucional (PRI), Rubén Moreira
Valdez –sí, el carnal de Humberto--, pero en el fondo se da con otros tres
propósitos: 1) La medición de fuerzas
entre el dúo formado por los dirigentes nacionales Gustavo E. Madero Muñoz y
Jesús Ortega Martínez con su homólogo priísta, precisamente en la tierra de éste
y ante su gente; 2) Acabar con lo que ellos
consideran un cacicazgo político en esa entidad del Noreste de México; y 3) Minar el desarrollo de
Humberto Moreira Valdez como presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del
PRI. De ahí que en la víspera el
partido de ultraderecha haya difundido oportunamente, a través de su página
electrónica y cuantos medios de comunicación masiva tuvo a su alcance, el pacto
signado entre lo que se dice son como el agua y el aceite. Incluso sin haber definido
todavía la identidad de su candidato a la gubernatura; tampoco los nombres de
sus aspirantes a las16 curules de mayoría relativa; y menos la lista de los
plurinominales. Cierto es que los nombres son
lo de menos en una disputa política de tal envergadura, pero supongo que
tendrían que ser actores ajenos, muy alejados del clan Moreira Valdez, a menos
que los “cañona$$$os” resultaran harto atractivos para entonces sí traicionar
principios, ideales y valores. Como fuere, ya está visto que
el PAN y el PRD van juntos otra vez contra el PRI. Y acá en el Noreste, justo en
Coahuila, van por Humberto Moreira Valdez. Moda de las alianzas Los procesos electorales más
recientes –y hablo de los que hace más de dos décadas se han desarrollado tanto
en el ámbito nacional como en las entidades de la República Mexicana--, se han
distinguido por la reagrupación de fuerzas políticas y sociales --contrarias en
sus principios y programas de acción--, que se mezclan coyunturalmente y giran
en torno a candidatos cuyos liderazgos son subrayadamente pragmáticos. Su propósito es ser la
alternativa de gobierno. Pero cuando logran llegar al
poder se alejan del objetivo original. La razón central por la cual
se unen membretes y organizaciones antagónicas, es arribar o conservar el
poder. De este fenómeno dan cuenta
las “grandes alianzas” tejidas a nivel nacional --en el pasado reciente--, de
las cuales sólo dos han resultado exitosas, logrando su propósito a plenitud,
al ocupar Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa la Presidencia de la
República. Otra fue la integrada por las
llamadas fuerzas progresistas, nacionalistas y de izquierda, que cobijaron a
Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones de 1988, y aunque fracasó en el intento
obligó al sistema autoritario priista --éste no había considerado la
posibilidad real de una alternancia en el país--, a llevar a cabo el fraude
“cibernético-patriótico” más grotesco de los últimos tiempos, bajo el oprobioso
argumento de razón de Estado. Más en lo cortito tenemos las
coaliciones estatales formadas por el PRI, PT y PVEM; las del PRD y
Convergencia Democrática, y, por supuesto, las más cuestionables entre el PAN y
PRD. Entonces, ¿por qué extrañarse
de las coaliciones impúdicas? Mujeres en pie de lucha Con motivo del centésimo primer
aniversario del Día Internacional de la Mujer, la señora María del Pilar
González de Torre, en su calidad de presidenta del Sistema para el Desarrollo
Integral de la Familia (DIF) --aquí en Tamaulipas--, ayer puso en marcha el
foro intitulado “Mujeres fuertes”, en un acto donde estuvo acompañada por el
gobernador Egidio Torre Cantú. “La participación de la mujer
ha quedado plasmada en los diferentes episodios de la historia de Tamaulipas,
donde mujeres admirables han entregado su vida al servicio y al desarrollo del
estado”, dijo, para enseguida afirmar que las mujeres “se han distinguido en
los ámbitos laboral, educativo, cultural, deportivo social, político y
humanitario”. Participación femenina Las palabras de la señora
María del Pilar González de Torre, me llevan a precisar que el mandatario
Egidio Torre Cantú entiende (y bien) lo importante que resulta la presencia
femenina no sólo en el hogar, sino también en los aspectos social, político y
económico, así como en la administración pública. Y es que el Gobernador en sus
recorridos por la geografía estatal, donde una y otra vez deja constancia de lo
que piensa de las féminas, ha reconocido que en la conquista del bienestar y
del progreso no se puede limitar, ni mucho menos excluir, a más de la mitad de
nuestra población representada por las mujeres. Menos cuando su capacidad,
entrega y responsabilidad son indispensables para continuar construyendo un
Tamaulipas más justo y más próspero. Por eso al celebrarse el Día
Internacional de la Mujer, sé que ha determinado que se les involucre aún más
en las áreas educativa, de salud, medio ambiente, económica, medios de
comunicación masiva, en el ejercicio del poder, los sectores no
gubernamentales, en los derechos humanos, combate a la violencia en su contra y
en todos los aspectos en igualdad de oportunidades entre ellas y los varones,
simple y llanamente pa’ no dejar lugar a dudas. Supremacía poblacional Las mujeres representan más de
la mitad de la población de Tamaulipas. Y por ese sólo hecho merecen
un lugar especial y un reconocimiento pleno en la sociedad tamaulipeca. De ahí la importancia de
destacar que su aportación al desarrollo del estado y su verdadera fuerza va
mucho más allá que una cuestión numérica, pues la fortaleza de las mujeres
tamaulipecas, su determinación y temple, son motivo de orgullo y constituyen un
ejemplo invaluable de compromiso con las mejores causas de Tamaulipas y de
México. Casos de marginación Para entender a fondo la
importancia de brindar a la mujer más y mejores oportunidades en todos los
aspectos, recurro a las cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía
e Informática (INEGI), que en su censo de población y vivienda correspondiente
al 2010 –el más reciente--, advierte que de los 3 millones 268 mil 554 habitantes
de Tamaulipas, la mayoría son mujeres: 1 millón 652 mil 353. Los resultados de esa medición
establecen que las féminas, de 18 años en adelante, constituyen el segmento
numéricamente más importante de la población, por lo que una estrategia
gubernamental que busque éxito no puede ignorar la contundencia estadística,
como tampoco debe soslayar el hecho de que el fenómeno de la fuerza femenil es
harto importante para navegar hacia buen puerto, como seguramente Usted lo
percibe en su propio hogar. El peso específico de las
mujeres, lamentablemente se dimensiona a través del discurso y en el festejo
baladí, o son relegadas en la dinámica político-administrativa-legislativa. Por
tanto, su presencia en puestos de elección popular no tiene la trascendencia
que éstas ameritan, pese a significar la gran mayoría de la población
tamaulipeca. Así, aunque ellas se revaloren
y perciban que son un caso de seguridad nacional, la realidad de su marginación
es evidente. El discurso priísta En uno de sus apartados, los
documentos básicos del PRI establecen: “La mujer tiene en la ley y
debe tener en los hechos las mismas oportunidades que el hombre. “Los priístas estamos
comprometidos a fomentar la equidad entre géneros, el respeto a la dignidad de
las mujeres, a su libertad, a su iniciativa, a la igualdad de oportunidades.” En torno a ello, voces
femeninas abanderan la demanda y, a la vez, entran en contradicción. Mientras para algunas el
asunto del poder no tiene qué ver con la equidad de género, sino con la
capacidad e inteligencia, otras subrayan la exclusión sistemática de un
machismo exacerbado que limita e inhibe su participación. El caso es que, a la fecha, no
se ha revalorado, más allá de la palabra y el precepto, el rol de la mujer en
la política y en la toma de decisiones. La problemática que nos ocupa,
sin embargo, es algo que ha estado en la polémica durante décadas, formando
parte de las agendas pendientes de organizaciones de la sociedad civil y de los
partidos políticos. Más en Tamaulipas, donde
Estefanía Castañeda Núñez de Cáceres y Amalia González Caballero de Castillo
Ledón marcaron una auténtica revolución femenina hasta hoy inigualable. ¿O acaso imposible de
equiparar? Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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