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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Moreira, más de lo mismo

Por: Juan Sánchez-Mendoza 03/03/2011 | Actualizada a las 08:56h
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Mañana, en Querétaro, Humberto Moreira Valdez será ungido presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI –sucede a Beatriz Paredes Rangel--, al cumplirse el octogésimo segundo aniversario de la fundación del partido tricolor.

De ahí que la pena valga recordar que desde su constitución, el 4 de marzo de 1929, al otrora llamado Partido Nacional Revolucionario (PNR) y luego Partido de la Revolución Mexicana (PRM), lo han dirigido en el ámbito nacional 3 mujeres y 39 varones; pero la segunda cifra llega a 40 con la asunción del ex gobernador de Coahuila.

Manuel Pérez Treviño, Emilio Portes Gil, Antonio I. Villalobos y Mariano Palacios Alcocer, aun cuando estatutariamente estuvieron impedidos para repetir en el cargo, lo hicieron –el primero fue presidente hasta en tres ocasiones y en dos el resto--, pero además de ellos sólo Rodolfo Sánchez Taboada, Alfonso Corona del Rosal y ahora Paredes Rangel, ningún otro pudo sostenerse en la dirigencia más de tres años por estar sujetos a los caprichos del presidente en turno, hasta que “los herederos de la Revolución” fueron echados de Palacio Nacional.


En los albores de diciembre de 1928, el Comité Organizador del naciente partido firmó un manifiesto donde Plutarco Elías Calles hacía el llamado a todas las organizaciones políticas de la República Mexicana para unirse y formar el PNR.

Tres meses después quedó integrado.

Y su asamblea constitutiva acordó cumplir cabalmente con la no reelección y la continuidad de los programas de gobierno, sustentados en sus principios básicos, que son: a) desarrollo económico, b) justicia social, c) reforma agraria, d) protección de los derechos de los trabajadores, e) educación gratuita para todos, f) disciplina de las fuerzas armadas al poder civil, g) libertad política, y h) defensa de nuestra soberanía.

Los victimarios

Todo lo plasmado en los documentos básicos del PRI, sin embargo, sólo ha quedado en buenos deseos por la ambición desmedida de poder de los mandatarios emanados de sus filas, y, lo que es peor, por la dependencia que desde entonces esa organización política tuvo del Presidente de la República en funciones, hasta que (en el año 2000) perdió el Poder Ejecutivo Federal.

De ahí que como PNR, PRM y PRI, el otrora llamado partido oficial no haya procurado renovar sus cuadros, fortalecer su dirigencia, ser autónomo, abrirse a la democracia, luchar por el cumplimiento de sus principios básicos e incluso exigirle cuentas al primer mandatario de la Nación en turno, pese a que éstos siempre mostraron proclividad a posesionarse de lo que no era (ni es) suyo.

La falta de autenticidad política, la carencia de líderes naturales al frente del partido, el sometimiento, la sumisión y el hecho de que la mayoría de sus dirigentes fueran improvisados, igual contribuyeron a que el Presidente de la República en tuno (a lo largo de 71 años) no tomara en serio al membrete, hasta el grado de cambiar cuando quisiera y le viniera en gana a su dirigente nacional.

Debacle añeja

Cuando el PRI inició su derrumbe estrepitoso, recuérdese bien, en la residencia oficial de Los Pinos despachaba Luis Echeverría Álvarez y como dirigente nacional del tricolor Manuel Sánchez Vite, quien al ser nombrado candidato al gobierno de Hidalgo cedió la posición a Jesús Reyes Heroles –por cierto uno de los contados ideólogos que ha tenido el Revolucionario Institucional--, y éste, a su vez, fue reemplazado por Porfirio Muñoz Ledo.

Con José López Portillo como jefe del Ejecutivo Federal, arribaron a la presidencia partidista Carlos Sansores Pérez, Gustavo Carvajal Moreno, Javier García Paniagua y Pedro Ojeda Paullada. Pero sólo para tener presencia política antes de irse al gobierno de Campeche, el primero; el segundo a la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA); a su casa el jalisciense hijo del general Marcelino García Barragán; y el último a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS).

Miguel de la Madrid Hurtado fue un mandatario gris, pero más coherente en su distanciamiento con el PRI, donde habilitó para desatenderse de éste a Adolfo Lugo Verduzco y después a Jorge de la Vega Domínguez, quien dejó que la estructura operara a su libre arbitrio para no dar problemas al señor de Los Pinos.

Carlos Salinas de Gortari utilizó a Luis Donaldo Colosio Murrieta, Rafael Rodríguez Barrera, Genaro Borrego Estrada, Fernando Ortiz Arana e Ignacio Pichardo Pagaza.

En sus respectivos casos todos atendieron la instrucción presidencial, aunque el sonorense pintó su raya siendo candidato a Presidencia de la República y eso le costó la vida, “porque el poder omnímodo de Los Pinos no permite la rebelión”, dicen hoy analistas políticos.

En la administración de Ernesto Zedillo Ponce de León, por el PRI desfilaron María de los Ángeles Moreno Uriegas, Santiago Oñate Laborde, Humberto Roque Villanueva, Mariano Palacios Alcocer, José Antonio González Fernández y Dulce María Sauri Riancho.

Con el primer mandatario opositor al PRI ya en la Presidencia de la República (léase Vicente Fox Quesada), al frente del CEN estuvieron la misma Sauri Riancho, Roberto Madrazo Pintado, César Augusto Santiago y Mariano Palacios Alcocer; en tanto que pa’ enfrentar a Felipe Calderón Hinojosa, Beatriz Paredes Rangel encabezó a los priístas a nivel nacional.

Todos son iguales


La diferencia entre unos y otros dirigentes son sus nombres.

Nada más, pues en la práctica han demostrado estar cortados por la misma tijera –salvo Luis Donaldo, quien fuera ultimado por confrontarse con la mafia tricolor al servicio del Clan Salinas--, y eso es precisamente lo que ha impedido la real recuperación del PRI como organización política, aunque haya ardidos que su fracaso lo endosen a otras gavillas del membrete tricolor.

A escena, un comediante

De Moreira Valdez se ha vertido cualquier cantidad de comentarios.

Los más descalificando su desfachatez para hablar y exagerados arranques que rayan en lo grotesco.

Cierto es que el PRI requiere de una figura popular para recuperar al menos la credibilidad de sus cuadros y simpatizantes, pero no de un sujeto considerado populachero por su lenguaje y extravagancias para comer, bailar, cantar y contar chistes.

Él así lo entiende, ya lo creo, pues desde hace unas semanas ha modificado sustancialmente su forma der ser y ya no se muestra tan locuaz como cuando empezó su recorrido formal en busca de la cohesión priísta para relevar a la tlaxcalteca.

Por tanto, lo que sigue es que enseñe que tiene olfato político y la piel más dura que un lagarto –no como los lagartones priístas ni los llamados dinosaurios que cuentan con el cuero más duro del planeta--, para no caer en provocaciones tan sólo porque se le mencione ni responda a la provocación con palabras soeces.

La política es cosa de hombres, también es cierto, y como hombres se debe responder, pero en la posición que a partir de mañana él habrá de ocupar se requiere tragar sapos y todo tipo de alimañas sin hacer gestos y menos repetir las palabrotas pronunciadas antes por sus opositores ideológicos.

De ahí que me parezca correcto que Moreira haya mutado.

Y si es para bien, qué mejor.

Se hace camino al andar

Óscar Luebbert Gutiérrez, quien fuera presidente municipal de Reynosa en el trienio próximo pasado, está obligado a comparecer ante la instancia legislativa que reclama pruebe y compruebe el destino lícito de los millonarios recursos asignados a su administración, así como la correcta aplicación del dinero con que endeudó al ayuntamiento.

Es un tema que bien conoce Raúl Jiménez Cárdenas, pues él como tesorero de la Presidencia Municipal, en el régimen de Óscar, fue quien firmó los documentos.

Tantos, que igual está obligado a responder la demanda que a Luebbert Gutiérrez y a él mismo se les ha interpuesto por fraude por parte de un particular.

El ex alcalde de Tampico; Alberto Berlanga Bolado –el ex secretario gubernamental de Obras Públicas--; y cuando menos otros personajes como Ramón Garza Barrios (ex edil de Nuevo Laredo), Francisco Javier Gil Ortiz (actual diputado federal) y hasta el mentado “Sapo” (Héctor de la Torre Valenzuela), también están en capilla, pues grande se despacharon con el dinero ajeno (propiedad del pueblo).

Y sé que sobre el tema la LXI Legislatura del Congreso local ya cuenta con pruebas irrefutables.

Em@il:

jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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