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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Intromisión eclesiástica

Por: Juan Sánchez-Mendoza 02/03/2011 | Actualizada a las 09:03h
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En tiempos que requieren máxima prudencia, respeto y el fortalecimiento de las instituciones, la Iglesia Católica (en busca del fuero perdido) emite declaraciones por demás violatorias del marco legal que la rige.

Surge este comentario porque en sus homilías (del domingo que nos antecede) algunos obispos dijeron que México está en riesgo de padecer brotes sociales violentos, debido a que el actual modelo económico es un generador de injusticias, impunidad y pobreza.

Con esta actitud los prelados confirman que el único campo excluido a la participación eclesiástica es el que está reservado a los partidos políticos; y por lo que se refiere a su actuar en los ámbitos de educación y medios de difusión, exhortan a la sociedad ir dando los mismos pasos que sigue la Iglesia.

Las declaraciones realizadas por los representantes católicos, sin embargo, son harto irresponsables.

Temerarias.

Y tan es así que merecen al menos una aclaración por parte de la Secretaría de Gobernación, pero ésta no llega porque el Presidente Felipe Calderón Hinojosa parece temer más a “los representantes de Dios” que a los cerca de 110 millones de mexicanos reclamantes de acciones concretas que abatan la pobreza y la marginación.

¿Acaso por su fanatismo religioso?


Separación con el Estado

Las relaciones Iglesia-Estado, contra lo que se piensa, hoy son tan frágiles que el Clero (político) bien haría en recordarles a sus “obispos rebeldes” que nadie, bajo ningún argumento, se encuentra eximido del respeto y la obediencia al régimen de Derecho.

Igualmente está obligado a refrendarles que los ministros de culto religioso no pueden meterse en política; y que cuando emiten mensajes apartados del quehacer religioso se exponen a ser interpretados como convocantes a la desunión y a la discordia entre los mexicanos.

También debe leérseles el inciso “e” del Artículo 130 constitucional, donde se establece: “Los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidatos, partido o asociación política alguna. Tampoco podrán en reunión pública, en actos de culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni a agraviar de cualquier forma los símbolos patrios”.

De ahí que la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en pleno, esté obligada a advertir a los obispos que no quieran volverse políticos, pretendan el poder, ni pontifiquen sobre lo que es responsabilidad específica de los seglares, pero no lo ha hecho ni se vislumbra que lo haga por su actitud de medir fortalezas.

El mensaje de los sacerdotes católicos debe ser netamente religioso y plenamente humano, como ya lo ha precisado la Conferencia del Episcopado Mexicano en otras ocasiones, así: “Debemos ser fuertes y audaces para predicar el Evangelio de Jesucristo a pesar de la oposición de los enemigos suyos y nuestros, aunque digan que buscamos poder. Sabemos que no es así, sino fidelidad a una misión divina que hemos recibido desde los apóstoles”.

Por eso me parece que sería interesante ver a un representante de la iglesia católica sancionado por la autoridad.

Pero ésta no aparece por ningún lado.

Presión eclesiástica

Las declaraciones realizadas por los presbíteros no son gratuitas, pues pretenden presionar de esa manera a la autoridad para que la ley reglamentaria de cultos favorezca a la Iglesia Católica sobre cualquier otra religión, tal y como se los prometiera el señor de Los Pinos.

Esto porque el agua ya le está llegando a los talones, debido a que las iglesias evangélicas y otro tipo de cultos crecen rápidamente en el país.

Sobre el mismo tenor, de nuevo hay que recordar el caso de Samuel Ruiz García (qepd), quien en Chiapas fue precisamente uno de los presbíteros católicos que mayor injerencia protestante tuvo en su actividad evangelizadora.

Y todo por dedicarse a cuestiones del César y no de Dios.

El ejemplo debe servir a todos aquellos que creyeron que los tiempos anteriores a la reforma del Artículo 130 habían sido superados y que la Iglesia Católica podría ser una institución más.

Por eso hoy vemos que sus intenciones de participar en política son claras, con la consecuente manipulación de conciencias.

¿Acaso no es esta una nueva versión del mensaje de Jesús sobre el César y Dios?


Diputados panistas y perredistas han apoyado la decisión de la jerarquía católica de participar en política, tomando el concepto como lo define la iglesia, pero igual advierten que deberán hacerlo dentro del marco estrictamente legal.

Otros líderes sociales, por su parte, califican de imprudentes e irresponsables a los obispos, por exhortar a la desobediencia cuando las autoridades gubernamentales se salgan del marco legal, porque esto podría llevarnos a la violencia.

La Secretaría de Gobernación, en este sentido, ya no puede seguir actuando débilmente, en la penumbra, como si no existiera, y frenar los excesos de algunos miembros de la jerarquía católica en la vida política de México, porque son peligrosos y constituyen una trasgresión al Artículo 130 constitucional al emitir mensajes que incitan a la violencia y a la desobediencia civil.

La evangelización verdadera

¿Hasta cuándo podremos encontrar una iglesia católica que deje de lado sus intereses terrenales y se dedique a una verdadera evangelización?

Pregunto esto porque tengo la impresión de que la jerarquía eclesiástica se encuentra ansiosa de construir una nueva Edad Media.

De ahí mi sugerencia: es importante que los partidos políticos no se presten al juego de las “provocaciones” lanzadas por los obispos, pues de lo contrario sólo estarían contribuyendo a darle notoriedad y facultades de interlocución a unos actores constitucionalmente inhabilitados para entrometerse en la vida política de México.

Así las cosas.

Circo tricolor

En todo el país comienza hoy el éxodo hacia la ciudad de Querétaro, pero sólo de la mentada gran familia revolucionaria, a fin de estar presente en el relevo de Beatriz Paredes Rangel, quien otra vez miente al afirmar que el tricolor está más unido que nunca.

Digo que la tlaxcalteca miente por saber, bien que lo sabe, que con Humberto Moreira Valdez al frente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) ella jamás sería considerada seriamente como aspirante a la candidatura presidencial priista.

También miente porque la desunión interpartidista es notoria –ahí están los casos de Guerrero y Baja California Sur que no admiten lugar a dudas--, y porque el golpeteo de los grupos de interés priistas, obvio, es tanto que ya se habla de un proyecto alterno que beneficiaría a Manlio Fabio Beltrones Rivera, si acaso el puntero de la carrera sexenal, Enrique Peña Nieto, sucumbiera en la elección local de julio próximo allá en el Estado de México.

Cierto es que Moreira Valdez no tiene contrincante para relevar a la tlaxcalteca. Pero también es cierto que el ex mandatario de Coahuila no es un dios ni cosa que se le parezca, y exhibe vulnerabilidad.

Sobre todo porque no es lo mismo actuar como comediante que exhibirse como un político sensato, maduro, serio, propositivo y frío, ya que los tiempos políticos del mismo país reclaman sensibilidad, simpatía y profesionalismo a los nuevos líderes.

¿O acaso Moreira sólo le apuesta a dirigir al PRI para cumplir con una encomienda de grupo?


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Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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