Por: Juan Sánchez-Mendoza25/02/2011 | Actualizada a las 09:28h
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Estamos a siete días de que Barack Hussein Obama II, el
presidente de la Unión Americana, reciba en Washington a Felipe Calderón
Hinojosa, para intercambiar información acerca de la lucha contra la
delincuencia organizada que ambos magnifican (mediáticamente) allende el río
Bravo y acá de este lado, respectivamente.
Y son esos siete días tiempo más que suficiente para que
el señor de Los Pinos adquiera la información necesaria con qué reclamar a su
homólogo de la Casa Blanca el origen real del problema.
O sea, la demanda de estupefacientes por parte de la
juventud que puebla los 50 estados en que se divide el país gobernado por el
natural de Honolulu (la capital de Hawái).
Esto bien lo sabe (pero nunca lo ha externado
públicamente) quien se autonombra “El hijo desobediente” –nacido en Morelia
(Michoacán), México--, por exagerar en su trato diplomático hacia el exterior y
acusar (sin probarlo fehacientemente) a los gobernadores y alcaldes de su país
de eludir el tema, cuando por ley es obligación suya combatir toda acción
ilícita del orden federal (a través de las fuerzas armadas y/o la instancia
encargada de perseguir a los transgresores).
Al menos es lo advierte nuestra Carta Magna.
De ahí que el encuentro publicitado por los colaboradores
de Barack y Felipe atrape la atención –sobre todo cuando los mexicanos hemos ya
perdido toda la capacidad de asombro ante los sucesos cruentos que se registran
cotidianamente en la geografía nacional--, pues si ellos dos, en su calidad de
jefes de Estado, realmente quisieran aniquilar el problema, bastaría con
endurecer las leyes para castigar (en Estados Unidos) el consumo de enervantes
y más estrictamente el tráfico de armas.
Acá de este lado, el Gobierno Federal debiera atender
eficazmente el problema de la desigualdad social, pues probado y
comprobado está que los grupos delictivos se engrosan con jóvenes desamparados
tanto familiarmente como en competitividad en su entorno, por lo que resulta
para ellos más fácilmente obtener recursos para alimentarse, comprar
estimulantes (o robarlos, según sea el caso), sin que la vida nada les importe.
Al fin y al cabo, dicen, “es mejor morir a balazos que sufrir golpes y padecer
hambre en casa”.
De ahí que insista: el problema delincuencial que en todo
México se vive, no obedece a situaciones políticas, sino a la falta de
identidad de nuestros jóvenes-hermanos y a la falta de oportunidades laborales.
En fin, el martes próximo (uno de marzo) el señor de Los
Pinos, por mero trámite, habrá de solicitar permiso (al Senado de la República)
para viajar al país vecino del norte a charlar con su homólogo de la Casa
Blanca.
Oferta a desempleados
El atractivo salario de 19 mil pesos mensuales –más
seguro de vida, becas para capacitación y apoyos que incidan en la economía
familiar--, que la Procuraduría General de Justicia (PGJ) ofrece por causar
alta en la Policía Estatal Investigadora (PEI), resulta poco atractivo pa’ los
miles de desempleados (con estudios de educación media superior y superior) que
hay en toda la geografía tamaulipeca, ya que se registraron apenas 150
solicitudes y de esa cantidad sólo 48 aspirantes lograron aprobar el examen de
conocimiento para asistir en marzo próximo al curso que ofrecerá el Instituto
de Capacitación Técnica y Profesional, a cargo de Rafael Díez Piñeyro.
De ahí que el funcionario se duela (y con justa razón)
del desinterés ciudadano para trabajar como policías investigadores.
Sobre todo por saber que en Tamaulipas se requiere al menos
de 300 efectivos más para atender las necesidades de operatividad, a fin de que
la población pudiera ver cumplidas sus demandas, ya que de los 900 elementos
que debieran estar trabajando sólo se cuenta con 680 agentes en la Policía
Ministerial.
De cualquier forma Díez Piñeyro no quista el dedo del
renglón para cumplir cabalmente su encomienda, y por eso dice que durante el
2011 se llevarán a cabo tres cursos más, a fin de reclutar a los 120 agentes
que se requieren para integrar la Policía Estatal Investigadora.
Respuesta inmediata
Heriberto Félix Guerra se muestra como uno de los
funcionarios más sensibles del Gobierno Federal, pues apenas surgió el
escándalo por la sospecha de que Lucía Irene Alzaga Madaria incurrió en actos
ilícitos como delegada de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), giró la
instrucción al Órgano Interno de Control iniciar una auditoría.
Un comunicado de prensa así lo confirma.
Y en éste, el secretario federal revalida su compromiso de velar por la
transparencia y la legalidad, así como con la política de cero tolerancias
respecto a actos de corrupción en los que pudieran verse involucrados
funcionarios de esa institución.
O sea, no pasa por alto lo que ocurre con Lucía Irene,
quien ha dicho que tras limpiar su nombre simplemente se irá del cargo.
Como fuere, Félix Guerra enseña claramente olfato
político. Más sobre la Sedesol
La administración de los recursos económicos federales,
según advierte nuestra Constitución Política, es atribución exclusiva del
Presidente y no existe forma, al menos hasta ahora, de disputarle en términos
legales cómo, cuándo y dónde ejercer el gasto.
Por eso hay colaboradores de Felipe Calderón Hinojosa que
rehúsan compartir con los gobernadores de extracción priísta la asignación del
gasto social (aprobado en tiempo y forma por el Congreso de la Unión), a fin de
evitar que éste se realice equitativamente y ser ellos quienes sigan
ejerciéndolo de manera centralista (como hasta hoy ocurre) en beneficio de las
entidades que regentean militantes albicelestes.
Dicho en otras palabras, en una errónea interpretación
del artículo 90 de nuestra Carta Magna, hay funcionarios de la Sedesol, bajo el
mandato de Heriberto Félix Guerra, que amparan su proceder exclusivista y
excluyente (del manejo de recursos) con desplantes centralistas que nada tienen
qué ver con la disposición jurídica que determina concentrar los dineros
públicos para su repartición justa y equilibrada.
Hago esta reflexión ante la necesidad que existe de
revisar el marco jurídico a fin de que los 31 estados de la República Mexicana
y el Distrito Federal, como entidades libres y soberanas que son, tengan mayor
participación en el manejo de los ingresos recabados vía impuestos.
Sobre todo en lo que respecta al manejo del rubro social,
insisto, pues de cada peso que las entidades fronterizas envían a la Federación
ésta sólo les regresa alrededor de cinco centavos y quizá hasta diez (cuando
bien les va), obligándolas a subsidiar a estados con índices graves de
marginación y pobreza y, lo peor, negándoles (a los regímenes subsidiarios) la
oportunidad de ayudar a sus pueblos directamente.
En fin, el tema es tan interesante que amerita otro
análisis.
Actitud retrógrada
Convencido de que la aplicación de los recursos federales
en cuanto al rubro social hasta hoy resulta errónea, el gobernador Egidio Torre
Cantú ha dicho que los diputados federales del Partido Revolucionario
Institucional (PRI), su partido, trabajan en una iniciativa para reglamentar
que los estados y municipios definan las reglas de operación de esos dineros y
así evitar el centralismo de éstos.
También ha reconocido que las reglas actuales de
operación de dependencias como la Sedesol han marginado a Tamaulipas (en la aplicación
de esos recursos), a pesar de los altos impuestos que aquí se pagan y se envían
a la Federación para su manejo discrecional. El desplante del mandatario tamaulipeco (por donde quiera
vérsele) conlleva la peculiaridad de ir a rescate de quienes menos tienen y más
lo necesitan, para éstos poder acceder a la competencia globalizada.
Se hace camino al andar
El alcalde Miguel González Salum está invitado para
acompañar este día al gobernador Egidio Torre Cantú --en la oficina del
mandatario--, a la reunión con empresarios Delphi; y por la tarde preside la
ceremonia de graduación de la LXIV generación del Instituto Tecnológico de
Ciudad Victoria.
Alonso Sánchez Garza estará en Ciudad Victoria este fin
de semana –concretamente en Palacio de Gobierno--, para presentarle al
mandatario estatal sus propuestas que de mucho podrían contribuir al diseño del
Programa Estatal de Desarrollo para el ejercicio constitucional 2011-2016.
El rompimiento de Andrés Manuel López Obrador con Jesús
Ortega, derivado de la alianza que el dirigente del Partido de la Revolución
Democrática (PRD) pretende concretar con el membrete albiceleste en el proceso
electoral del Estado de México, anima a la clase política del Sol Azteca a
llamar a la unidad, por lo que advierto que la tan cacareada coalición
finalmente habrá de abortarse.
Eso, por un lado, significaría que el mentado “Peje” no
es ya la mejor opción para la llamada izquierda, sino un problema; y por otro
que a falta de liderazgos el PRD se sometería al capricho del tabasqueño,
acrecentando nuevamente su figura política.
¡Bah! Lo cierto es que con tanto arguende igual se complica el panorama para
todos los aspirantes a la Presidencia de la República.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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