Por: Juan Sánchez-Mendoza23/02/2011 | Actualizada a las 08:27h
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Mal se ve el Presidente Constitucional de México, otra
vez, al írsele a la yugular a los mandatarios estatales y alcaldes --supongo
que todos, ya que evitó dar nombres--, pues presume que los unos y los otros
eluden la lucha contra el crimen organizado.
Incluso exhibe marcada ironía en su conjetura: “Creen que
es muy fácil tirarle la bolita al Gobierno de la República”, dijo en una
entrevista (exclusiva) que concedió al periodista Roberto Rock, de El
Universal.
Y fue más allá, al asegurar que la falta de resultados no
se puede imputar al que convoca, sino al que no responde.
Por si fuera poco, el señor de Los Pinos dice que él
nunca decidió que la tarea principal de su régimen fuera el tema de la
(in)seguridad, pero ya en el ejercicio del poder ha sido (y es) la más
destacada, la más visible, la más evidente, la más impactante.
Recuerda que en 2004, en actos de proselitismo político,
en Sinaloa y Tamaulipas alertó sobre el particular, asegurando en ésta entidad
que si no había un Gobierno que se hiciera responsable de la tarea elemental de
la seguridad de los tamaulipecos, en el futuro quien iba a gobernar no sería ni
el PAN ni el PRI, sino “los otros”.
Entonces, ¿ya como Presidente por qué nada ha hecho al
respecto?
¿Acaso su omisión no exhibe tolerancia?
¡Claro que sí!, pues si Felipe fuera congruente entre su decir y hacer ya
hubiere actuado en consecuencia –y más por saber, desde hace casi un lustro, lo
que en Tamaulipas iba a ocurrir durante su mandato--, pero dejó correr el
tiempo aun y cuando la información confidencial recibida le alertaba
cotidianamente sobre el problema.
Poco habló del caso Michoacán, su tierra natal, donde el ejercicio político si
ha estado coaligado con grupos delictivos –ahí está el caso del diputado Julio
César Godoy Toscano, pero a cambio se hizo la víctima al dolerse de que en el
combate a la delincuencia organizada lo hemos dejado solo.
En fin, una cosa es lo que Calderón Hinojosa diga y otra
es la realidad.
Pero no se vale que tratando él de curarse en salud
endose el problema –suyo desde el punto de vista de las atribuciones que a cada
autoridad le confiera la Constitución Política de México--, a los gobernadores
y alcaldes, quien ninguna autoridad tienen sobre las fuerzas federales
encargadas de combatir la delincuencia organizada.
Sí hay participación
En reiteradas ocasiones el gobernador Egidio Torre Cantú
ha insistido en la necesidad de formar un frente común contra la delincuencia,
por ser éste la mejor alternativa para fortalecer el pacto federal cuyo
sustento es la cohesión de todo el pueblo mexicano.
Sobre todo ahora, cuando el espectro de la inseguridad
atenta contra la paz, lastima y ofende a la sociedad y amenaza con vulnerar el
Estado de Derecho.
El presidente Felipe Calderón Hinojosa ha llamado a la
unidad nacional una y otra vez.
Y a esa convocatoria Tamaulipas ha respondido con
acciones concretas.
Ahí está el cumplimiento anticipado de los siete
compromisos signados por los tres órdenes de Gobierno en el Acuerdo Nacional
por la Seguridad, Justicia y Legalidad.
Incluso la administración de Egidio aporta otros
elementos para encarar la delincuencia, reforzar la eficacia de las
corporaciones policiales y fortalecer la prevención del delito, pues aquí se
entiende que en materia de seguridad y justicia no se puede fallar ni postergar
soluciones.
A ello obedece que Tamaulipas hoy aparezca con una
clasificación media en la variable de incidencia delictiva y violencia, según
la medición más reciente del Centro de Investigación para el Desarrollo.
Lamentablemente el señor de Los Pinos, otra vez, se fue
de la boca.
Esfuerzo de todos.
El trabajo contra la delincuencia debe ser permanente para alcanzar los
indicadores adecuados que garanticen la tranquilidad, la armonía y la
seguridad, pues sólo así Tamaulipas seguirá avanzando en el propósito de ser la
entidad más competitiva del país.
Por tanto, este esfuerzo debe redoblarse en todas las
regiones y encararse con firmeza también desde los municipios, pues es ahí,
precisamente, donde se tiene que revertir el desafío para prevenir los actos
delictivos, aun cuando éstos no toque combatirlos a la autoridad más cercana al
pueblo: los ediles.
En cuanto a la contribución social, es necesario que los
tres órdenes de Gobierno –sobre todo el Federal--, entiendan y atiendan un reclamo
sensato, como es la denuncia anónima, pues el pueblo teme hacerla por miedo a
ser involucrado en ilícitos donde nada ha tenido qué ver.
Y de eso nada dijo Felipe, cuando se presume en corto, lo
oscurito y abiertamente, que las instancias federales de denuncia anónima
juegan un doble juego.
Es decir, a dos amos sirven.
De ahí que comparta la apreciación de que un buen juez
por su casa empieza.
Una tasación que Calderón Hinojosa no acostumbra por aún
creer que el poder presidencial es omnímodo.
Reacomodo burocrático
La correcta sincronización del gabinete es necesaria para
alcanzar las metas trazadas por el Gobernador; y quienes forman parte de su
estructura, entre otras características, deben tener valores, creatividad y
disciplina, además del conocimiento en el ejercicio público; ser leales y estar
comprometidos con un mismo proyecto.
Todo integrante del gabinete está obligado a asimilar
cualquier ajuste estructural y programático que se realice en aras de la unidad
y el fortalecimiento del equipo; amén de agudizar su pensamiento estratégico,
porque eso es lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Igual tienen la responsabilidad de aportar lo más valioso
de sí mismos, de manera generosa, a la tarea colectiva, a fin de que el mandatario
(en un momento dado) avale y reconozca su desarrollo particular y de grupo,
basado en la articulación que logren en los planes, proyectos y acciones
establecidos.
Obviamente esta sincronía sólo se ha dado en contadas
áreas, donde el jefe del Ejecutivo estatal cuenta con seres humanos que
reconocen y hacen suyas las reglas del equipo; funcionarios que conciben al
entorno como la oportunidad de sobresalir en conjunto y no como un espacio para
librar batallas individuales y estériles en aras de asegurar cargos futuros en
la administración pública, o, como se observa, haciendo grilla.
Se hace camino al andar
En la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) un
comentario va de boca en boca, en cuanto al posible nombramiento de Idalia
Salazar Peña como directora del Instituto de la Mujer.
Quienes mucho saben de aguacates, dicen que la aludida
fue en la carrera universitaria de psicología compañera de Dinorah Blanca
Guerra Garza –actual titular de la Sedesol--, allá en Tampico, pero al concluir
sus estudios no volvieron a verse.
Dicen también que Idalia en alguna ocasión buscó a
Dinorah llamando telefónicamente a la Asociación de Psicología del puerto
jaibo, y grande fue su sorpresa al ser informada que desde hacía seis años ella
había causado baja por no ejercer su profesión.
Pero años más tarde, al enterarse de su nombramiento como
titular de la Sedesol, acudió a buscarla y tras un breve encuentro hoy Idalia
presume ser ya titular del Instituto de la Mujer, sin que exista nombramiento
de por medio.
¿Entonces dónde quedaría la disposición gubernamental de sumar talentos y no
acceder a caprichos personales?
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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