Por: Juan Sánchez-Mendoza10/02/2011 | Actualizada a las 22:39h
La Nota se ha leído 1840 Veces
Asonada en Seguridad Pública, sin razón de ser Ofrecen a policías mucho más de sus reclamos Lo peor, es que el secretario ‘ofrezca su
cabeza’ Oportunismo opositor ante descalabros priístas La sublevación de casi un
centenar de policías en las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública
(SSP), cuyo titular es el general Ubaldo Ayala Tinoco, sí tuvo y no razón de
ser. Desde un punto de vista
objetivo, la protesta resulta válida cuando el manifestante siente agredidos
sus más elementales derechos laborales –los alzados mostraron inconformidad por
el cambio de horario propuesto y ante la falta de viáticos y vales de gasolina
para desarrollar comisiones asignadas--, pero acorde a la legalidad no le
asiste ningún derecho para entorpecer el trabajo de terceros; el libre tránsito
y la toma de inmuebles, pues estaría incurriendo en delitos graves. Por tanto, los alzados (que se
supone son vigilantes de que la ley se cumpla a cabalidad) incurrieron en
ilícitos, pero a final de cuentas se les ofreció atender en lo inmediato todas
y cada una de sus demandas. Y… todavía más. Así: 1) conservarán su
(actual) horario de 24 horas de trabajo por 48 de descanso;2) un incremento
salarial; 3) más equipamiento y 4) cuanta otra prestación demanden. Incluso, el militar se
comprometió a renunciar (en un mes o quizá en 45 días) si acaso el gobernador
Egidio Torre Cantú no cumple en tiempo y forma las exigencias de los efectivos
que cobran (sin que aporten nada a la seguridad pública) en las policías
Especial, Estatal Preventiva, Rural e Integral. ¿Qué le parece? En lo personal considero que
Ayala Tinoco se excedió al prometer tanto por tan poco –lo digo porque el
pueblo tamaulipeco es presa de la delincuencia organizada e igual de la
desorganizada (léase la del fuero común)--, y que mal hace en agarrar partido a
favor de los polizontes y no en abono del Gobierno estatal –que precisamente lo
contrató para resolver conflictos y nunca para crearle más problemas--, pues
probado está que los policías harto contribuyen al mar de violencia registrado
en la geografía estatal. Entonces, ¿de qué se trata? En menoscabo de la
responsabilidad que el general Ubaldo Ayala Tinoco –al que la Comisión Nacional
de los Derechos Humanos (CNDH) tanto le ha fincado recomendaciones en contra--,
debo advertir que quizá se fue de la boca por no conocer la situación real que
aquí se vive, al menos en materia de seguridad pública (que por cierto es su
“fuerte”), pero entre su ignorancia sobre las deficiencias que existen en todas
y cada una de las corporaciones y su ofrecimiento, hay mucha tela de dónde
cortar para advertirle que está equivocado. Y que no es jugándole las
contras al mandatario estatal como podría resolverse el asunto de los policías
alzados. En fin, tantos laureles y
condecoraciones en la práctica de poco han servido. Basta echarle un vistazo a la
hemeroteca. ¿O no? Oportunismo opositor Nadie en su sano juicio se
atrevería a negar que un partido político triunfador se integra con fortalezas.
No con debilidades. Pero ya en los hechos, y dado
el poco o nulo arraigo alcanzado, lo que salga es bueno, según razona “La
chiquillada”. La idea es seguir “mamando”,
sin importar las posibilidades reales de éxito. Exponerse a perder el registro
y, en consecuencia, el financiamiento público, no está en los planes de
membrete alguno. Y si en función de conservar
las prebendas tuvieran que aliarse con el mismísimo demonio, lo harían. De eso
no hay duda. Los tiempos de la exquisitez y
la virginidad política hace mucho que cayeron en desuso. Ahora priva el gusto
por saludar con sombrero ajeno y estar vigente a costa de lo que sea. Incluso
de ofertar al mejor postor, en público y en lo oscurito, las siglas que
representan. Como cualquier ramera. Por eso y por mucho más, nadie
puede reclamar a la sociedad civil que haya perdido la capacidad de asombro y
no encuentre diferencias entre los personajes opositores que se ostentan como
férreos abanderados de las causas mayoritarias. Entre ellos la distinción la
marcan el color y las siglas. Pero en el fondo no hay diferencia sustancial. Menos extraña al grueso del
electorado que actualmente la “pepena” o los “escurrimientos” estén en su etapa
más productiva. Ni que membretes como el Partido de la Revolución Democrática
(PRD), Partido del Trabajo (PT), Partido Nueva Alianza (Panal), Convergencia,
Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Partido Acción Nacional (PAN),
todavía anden desatados “reclutando” a priístas descontentos, como se ha visto
claramente en los procesos electorales para elegir gobernador de Guerrero y
Baja California Sur. En la geografía estatal los
seis parecen no existir. Pero cuentan con registro oficial y hay claras
evidencias de que repiten lo que mejor saben hacer: echarse en brazos del
poderoso --en este caso del PRI--, con el interés de sufrir el menor desgaste y
al menos conservar las oficinas que rentan en el estado. Como fuere, tanto “chaqueteo”
empieza a exhibirse. Recursos negados Por salud del propio sistema
político mexicano, el Gobierno Federal está obligado a reintegrar a los estados
y municipios los miles de millones de pesos que arbitrariamente les ha quitado
para cubrir otros pagos de su endeudamiento. Máxime cuando esos recursos
los contempla el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2011 –aprobado por
la Cámara de Diputados--, en lo que se refiere al Programa de Apoyo para el
Fortalecimiento de las Entidades Federativas (Pafef), y que para el grueso de
los 2 mil 438 ayuntamientos de la República Mexicana significarían la manera
más adecuada de sortear el ejercicio actual sin necesidad de recurrir al
endeudamiento. Sin embargo las autoridades de
la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP) no han dado visos de querer
resarcir la concusión de esos dineros y, por el contrario, avivan la crisis
avalando incrementos a los precios de la leche, la gasolina y otros productos,
aun cuando en su acometida (contra el pueblo) aticen el fuego de la hoguera. La respuesta más reciente a
ese desacierto fue, sin temor a equivocarme, el reclamo de la Conferencia
Nacional de Gobernadores (Conago) en el 2010. De entonces a la fecha ni el
señor de Los Pinos, Felipe Calderón Hinojosa, ni su gabinete económico, han
vuelto a abordar el tema, pese a que la mayoría de los ayuntamientos afectados
hoy no tienen recursos con qué cubrir los salarios de las últimas quincenas y
menos cuentan con dinero para la asistencia social. Por si fuera poco, los incrementos
a los precios de la leche y combustibles; los abusos en las tarifas de la
Comisión Federal de Electricidad (CFE); la despiadada persecución que contra
los empresarios realizan el Sistema Tributario, el Instituto Mexicano del
Seguro Social (IMSS) y el Infonavit, cuando menos, animan el descontento hacia
el Gobierno Federal, cuyos jerarcas torpemente siguen agrediendo a los
contribuyentes como si ello resarciera el repudio en su contra. Lo peor del caso es que hay
dos rumores que empiezan a cobrar fuerza –sobre todo cuando se dice que cuando
el río suena, es que agua lleva--, refiriendo la posibilidad de que el señor de
Los Pinos dimita antes de concluir su período constitucional. La elucubración no es
descabellada –como podría suponerse--, y menos cuando hay voces autorizadas de
la ultraderecha que a Felipe le recomiendan no abrir más la boca y menos
ordenar que sean censurados periodistas, como Carmen Aristegui, tan sólo por
criticarlo. De cualquier forma unos y
otros –los mandatarios de las entidades federativas y los ediles--, en un justo
reclamo, piden que la Federación les devuelva el dinero que les es atracado
ignominiosamente. Se hace camino al andar *** En los ayuntamientos de la
geografía estatal se tiene la certeza de que conviniendo arreglos con los
empresarios de los medios de comunicación masiva la crítica no hará acto de
presencia durante sus regímenes. *** Pero yerran en su
apreciación, pues así como la prensa en su conjunto ha contribuido al
crecimiento de los políticos, igual ha causado la pérdida de su credibilidad al
exhibir mediante otros canales tanto sus excesos como sus debilidades. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas