Por: Juan Sánchez-Mendoza09/02/2011 | Actualizada a las 09:28h
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La disposición de suspender el pago por el uso de
teléfonos celulares a los funcionarios gubernamentales de primero y segundo
nivel –obvio es que esta medida igual afecta a los de menor monta--, anunciada
por el secretario de Administración, Jorge Abrego Adame, sería quizá uno de sus
primeros aciertos.
Y digo tal vez, porque sé que a muchos servidores públicos desde su estreno en
el nuevo aparato burocrático se les dotó de radios (Nextel) u otros aparatos de
telefonía móvil (en su mayoría Telcel), por lo que la pregunta queda en el
aire: ¿a ellos también les será aplicado el recorte?
Eso por un lado. Y, por otro, el mismo Abrego Adame dice y asegura que los
viáticos tienden a minimizarse, por ambas medidas ser parte del programa de
austeridad diseñado para reducir el gasto corriente.
Sobre el resguardo de vehículos (propiedad del Gobierno estatal) y la dotación
de combustibles (gasolina y diesel) nada marcó al respecto –en la entrevista
banquetera que ayer concedió al entrar a Palacio--, pero se supone que en los
dos rubros igual se aplicarán medidas tendientes al ahorro de recursos
económicos.
¡Qué bonito se siente al leer que por fin habrá de ponerse un freno a tantos
excesos! ¿O no es verdad?
Pero, ¡oh!, la realidad es más triste.
En el caso de los celulares, ya le comenté que hay funcionarios que los han
venido utilizando desde el inicio del actual régimen, con cargo al erario,
aunque Jorge diga que a partir de enero cada funcionario pagará su telefonía
celular (¡Uf!).
Y con respecto a los viáticos, el asunto se antoja más espinoso por ser
precisamente ahí, en ese rubro, donde ha existido una grave y clara desviación
de recursos.
Por tanto, Abrego Adame bien haría en precisar el monto que para la
administración pública representaba cada cuenta y de qué cantidad se habla con
la eliminación de pagos telefónicos y la reducción de viáticos, pues hasta
donde tengo entendido nunca nadie (de los ex servidores públicos) estuvo
conforme con las asignaciones recibidas para cumplir con su trabajo fuera de
Ciudad Victoria.
Él dice, por ejemplo, que en el informe final de entrega-recepción vertido por
su antecesor, Alejandro Jiménez Riestra, debe plasmar los destinos correctos de
esos recursos, so pena de que el Gobierno actual actúe en consecuencia.
¿Qué espera, entonces, para ofrecer a la sociedad tamaulipeca un informe claro
y conciso en cuanto al tema?
De retrasar más ese diagnóstico podría ser tildado de encubrimiento.
¿O no?, tomando en consideración el añejo refrán popular que reza: “tanto peca
el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”.
Por eso el programa de austeridad podría quedar en entredicho
Ruptura en la “izquierda”
La llamada izquierda del sistema político mexicano –donde coinciden los
partidos Convergencia, de la Revolución Democrática (PRD) y del Trabajo (PT)
está al borde de enfrentar, otra vez, momentos peligrosos para su avance
político, merced a la descalificación que a priori se hace del proceso interno
con el que habrá de elegirse candidato a la gubernatura del Estado de México.
Así lo dejan entrever las últimas desacreditaciones entre Jesús Ortega Martínez
y Alejandro de Jesús Encinas Rodríguez, que nuevamente avalan una de las tesis
más recurrentes de la inconformidad.
En efecto, desde que inició la disputa por la candidatura gubernamental de la
izquierda, persiste esa ruptura que ha modificado los escenarios interpartidistas
y por ende ha desencadenado un clima de incertidumbre, a tal grado que los
contendientes ni siquiera se han preocupado por evitar la confrontación ni en
tender un sólido puente de plata a la democracia que tanto dicen buscar.
Ejemplo de ello son los epítetos que se lanzan y el descrédito que se promueve
en contra del árbitro de la contienda, el Instituto Estatal Electoral del
Estado de México –que tampoco es garantía de nada--, por no conformar un grupo
político que en verdad ofrezca imparcialidad en el proceso relevista.
Los protagonistas de este affaire parecen soslayar que su cerrazón mantiene en
suspenso la permanencia de la izquierda como la tercera fuerza política
nacional, y que si bien ya son otros los tiempos también son otras las
circunstancias, porque en esta justa nadie es más ni nadie es menos.
Igual hay quien se empeña en acusar a Andrés Manuel López Obrador de ser el
principal promotor de ese clima de anarquía, en lugar de ofrecer respuestas
sólidas que eviten desbordamientos. Incluso han caído en el juego de la
ultraderecha y los grupos radicales que en el PRD convergen, sin entender,
quizá, que la estructura del partido es insuficiente al menos para elegir al
candidato priista.
Por tanto, resulta absurdo pensar que un método eleccionario incubado por la
izquierda ahora no tenga la credibilidad que en su momento su propia clase
política nacional le diera al proponerlo.
Presiones propias y ajenas
La conducción del proceso lectoral en el Estado de México --en las circunstancias
políticas actuales--, donde los golpes bajos son alentados por la mezquindad de
quienes aspiran al poder, no es tarea fácil.
Ni menos podría serlo cuando hay presiones internas y del exterior, que buscan
hacer de esa entidad un negocio de gavilla.
Por eso, como ya se ha hecho costumbre en toda víspera sucesoria, un grupo de
oportunistas vuelve a mostrar sus fauces. Y cual si fueran lobos hambrientos de
poder se lanzan a la caza de quienes no comulgan con sus ideas.
Antaño fueron ex priístas los que tomaron por asalto el membrete, luego los
embaucadores que encabezaron intentos opositores para arribar a la jefatura del
partido, y ahora es la ultraderecha quien abandera causas encaminadas a
maniatar la estructura del PRD.
Por ello la preocupación de la militancia que ante el inevitable choque de
trenes no sabe si participar o simple y llanamente dejar hacer y dejar pasar.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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