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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Intriga palaciega

Por: Juan Sánchez-Mendoza 03/02/2011 | Actualizada a las 22:32h
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Especulan por presencia de Ruiz Pachuca en Victoria
Legalmente, es residente; políticamente ¿hace daño?
Forzoso que Egidio aplique disciplina gubernamental
Sano es abrevar en la cultura de la innovación política
Durante la semana que nos antecede, Mario Ruiz Pachuca estuvo en Ciudad Victoria. Y eso ha generado cualquier cantidad de conjeturas dentro y fuera de Palacio de Gobierno.
 
¿A qué vino realmente?
 
Sólo él y sus anfitriones lo saben.
 
Pero lo cierto es que su estancia resultó incomoda para más de un funcionario del actual régimen gubernamental.
 
Tanto que la especulación crece y se multiplica cotidianamente, sin que en apariencia exista motivo alguno para generar supuestos.
 
Lo digo porque al menos en el ámbito político se han tejido hipótesis variadas en torno al hecho. Y eso magnifica la figura del personaje --para bien o para mal--, quien fuera uno de los funcionarios más influyentes en el régimen gubernamental de Eugenio Hernández Flores.
 
Como ciudadano residente del llamado “Corazón de Tamaulipas” –lo sigue siendo hasta en tanto (él) no cause baja de manera personal ante la instancia adecuada (el Ayuntamiento de Victoria)--  Ruiz Pachuca está en todo su derecho de vivir, salir, regresar y exhibirse libremente.
 
¡Ah!, pero en el rejuego sucio de la política, no está bien visto que un ex servidor público de su talante reaparezca en el escenario, so pena de ser considerado “pero del mal” y causante de casi todos los conflictos del presente.
 
Hay quienes dicen que Mario vino simple y llanamente a supervisar su casa (en el buen sentido de la palabra), recoger algunas pertenencias y saludar amigos.
 
Otros aseguran que su presencia se dio para “medirle el agua a los tamales” –personalmente--, en torno al escándalo que ha provocado el endeudamiento millonario del Gobierno y los municipios –próximo a ser dictaminado por la LXI Legislatura del Congreso local--, e incluso voces que sugieren llegó a provocar.
 
Lo cierto es que tanta especulación a nada bueno conduce.
 
Y menos cuando los actores del actual régimen las vestiduras se rasgan en su obsesión de romper con el pasado mediante la intriga.
 
Para bien de Tamaulipas el gobernador Egidio Torre Cantú está ocupado en menesteres importantes.
 
Por ello no da importancia a la intriga palaciega.
 
Igual de cierto es que Mario cometió un error político al exhibirse en público aquí en Ciudad Victoria; otro al reunirse, como dicen, con amigos columnistas; y uno más: confiar en la prudencia de quienes todo cuentan y hasta difunden por su lengua suelta.
 
Fuera de eso, no tiene razón de ser la intriga palaciega.
 
Pero esta se da, cierto, porque quizá a los asesores y colaboradores más cercanos del mandatario en turno no les ha caído el veinte de que la fiesta hay que llevarla en paz. Ver hacia delante y no buscar culpables pa’ disfrazar su falta de sensibilidad político-administrativa.
 
Disciplina, ante todo
 
Hay una sabia conseja popular que advierte: “en boca cerrada... no entran moscas”.
 
Pero la sentencia no la entienden ni atienden puntualmente ciertos burócratas de primer nivel que, seducidos por el canto de las sirenas, acostumbran dar rienda suelta a su locuacidad.
 
Así, algunos titulares de distintas áreas han buscado los reflectores declarando cuanto se les ocurre por el simple placer de considerarse noticia, sin entender que lejos de fortalecer su imagen lo único que provocan es poner en entredicho su presencia en el gabinete.
 
La falta de sensibilidad política, en ellos, ha sido una constante.
 
Igual que la imprudencia y la emisión de juicios a la ligera, por lo que se hace indispensable que al alto mando tome cartas en el asunto y de una vez por todas les haga saber que en su régimen, por salud del mismo sistema, ningún funcionario puede ni debe manejarse por “la libre”.
 
Esto quiere decir que todos, absolutamente todos los servidores públicos del nivel que fuere, obligados están a conducirse en una misma línea –la que marque el Gobernador--, a menos que en el fondo su compromiso sea con otra gente y con un proyecto político distinto.
 
La disciplina, bien lo sabemos, en cualquier actividad es necesaria para alcanzar el éxito. Y no es jugándole las contras al jefe o navegando a la deriva como se llega a buen puerto, sino atendiendo las directrices del timonel que sí sabe a dónde va y a dónde lleva el navío.
 
En este inicio de la travesía sexenal, por cierto, el Gobernador sabe lo importante que es reiterarle su confianza a quienes con él colaboran, pero también está convencido de que quienes no funcionen simplemente se irán.
 
Pero a la calle.
 
La mesura, inexcusable
 
El comentario surge por la necesidad inmediata que se prevé de fortalecer algunas áreas de la administración pública, a fin de que en este 2011 puedan implementarse estrategias acordes a la realidad actual.
 
Por eso quienes integran el gabinete, sobre todo los de primero y segundo niveles, harían bien en actuar con mesura e impulsar gradualmente los cambios que se requieran en las dependencias que manejan.
 
Y no se trata de solapar yerros ni aceptar evidentes disfunciones en ninguna área de la administración, sino de llevársela tranquila y corregir lo que se requiera de manera inteligente, sin provocar innecesarias crisis y conflictos que puedan dañar la excelente imagen que tiene el mandatario estatal.
 
Usted como el que esto escribe, sabemos que hay personajes de altos vuelos en el actual régimen que podrían tener las mejores intenciones de cumplir a cabalidad la encomienda otorgada, pero equivocan el procedimiento en tanto que apuestan a la fuerza y al autoritarismo, más que al convencimiento y la toma de conciencia por parte de sus subalternos o de los segmentos sociales que tienen qué ver con el área que representan.
 
Al respecto, los estudiosos de las organizaciones recomiendan el cambio con responsabilidad, basado en liderazgos incluyentes y democráticos, donde la persuasión y el entendimiento sean instrumentos a utilizar más que los mecanismos de fuerza.
 
En el mismo sentido, los actuales funcionarios están obligados a actuar con responsabilidad y aplicar mucho sentido común en el ejercicio de su quehacer administrativo.
 
Además debe quedarles muy en claro que su presencia en el gabinete es para resolver problemas y no para crearlos; y que la línea la marca el Gobernador, en tanto que ellos simplemente deben aplicar correctamente la instrucción recibida y cuanta estrategia les sea marcada llevarla a los hechos con la habilidad adecuada.
 
Por tanto, valdría la pena que los indisciplinados de la administración pública estatal abandonaran su prepotencia y altanería y tomaran el ejemplo del mandatario, quien en cada reunión e intervención pública (que tiene) refleja conocimiento profundo de la problemática; sencillez y talento, además de probada sensibilidad política para entender lo que está mal y lo que está bien.
 
Él sí sabe que los cambios a realizar no se darán de la noche a la mañana, sino que son parte de un proceso que hay que manejar en forma gradual y ejecutarlos a la brevedad posible.
 
Cavilaciones
 
De acuerdo a textos atribuidos a Nicolás Maquiavelo, se debe considerar que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más peligroso de manejar, que la implementación de un nuevo orden de cosas.
 
El cambio es necesario y, diríamos, inevitable, pero los individuos en lo más íntimo se aferran al pasado.
 
Todos desean el cambio en abstracto, un cambio superficial, pero no un cambio que modifique de manera fundamental sus hábitos, ya que les resulta profundamente perturbador.
 
El mismo Maquiavelo subraya que:
 
“El profeta que predica y provoca cambios, sólo puede sobrevivir por la fuerza de las armas; cuando las masas inevitablemente ansían volver al pasado, sólo les queda recurrir a la fuerza armada.
 
“Pero el profeta armado no podrá perdurar, a no ser que genere con rapidez una serie de valores y rituales que remplacen a los de antaño y cambien ansiedades de quienes temen al cambio.
 
“Es más fácil y menos sangriento practicar una suerte de estafa. Predique el cambio todo lo que quiera, y hasta implemente reformas, pero cúbralas con la reconfortante apariencia de hechos y tradiciones del pasado”.
 
Todo esto forma parte de lo que se conoce como cultura de la innovación.
 
Algo que no deben ignorar los funcionarios públicos, pues su desconocimiento podría ser el argumento de una fracaso seguro.
 
Corolario
 
En los días por venir, seguramente, los parlanchines serán llamados a cuentas… y a partir de entonces, usted lo verá, hablarán menos y podrían ponerse a trabajar en serio.
 
Se hace camino al andar
 
*** No es la censura el mejor remedio para acallar verdades, bajo el entendido de que los carniceros de hoy serían las reses (sacrificadas) del mañana.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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