Por: Juan Sánchez-Mendoza01/02/2011 | Actualizada a las 22:43h
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Los priistas
le siguen ganando a los priistas Sin razón de
fondo oposición festina triunfo En Guerrero se
repite lección contra tricolor Funcionarios
públicos deben cuidar la casa El triunfo
electoral de Ángel Heladio Aguirre Rivero amerita ser analizado en su justa y
real dimensión, pues erróneamente los partidos coaligados en la alianza
“Guerrero nos une” festinan el acontecimiento. Por principio de
cuentas, hay que reconocer que Ángel Heladio es uno más de quienes se han ido
del Partido Revolucionario Institucional (PRI) por conveniencia propia y no por
congruencia ideológica –igual que en su oportunidad lo hicieran Cuauhtémoc
Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador, Ifigenia
Martínez, Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard Casaubón, Gabino Cué Monteagudo,
Diódoro Carrasco Altamirano, Ricardo Monrreal Ávila y muchos otros--, al ser tratados
con el mismo desprecio con que ellos trataron a miles de priístas cuando
ostentaron el poder partidista y/o político-administrativo (cobijados también
por el tricolor). Es decir, cuando
vieron amenazadas sus ambiciones de poder y se les marginó, eso sí,
incorrectamente, de todo proceso interpartidista con que el tricolor simula
(claramente) la imposición de candidaturas –tanto para la Presidencia de la
República como para las gubernaturas; el Congreso de la Unión, las legislaturas
estatales y los ayuntamientos--, atentando contra su real posicionamiento
político. De otra forma no
se habrían ido como viles “chaqueteros” –aunque en los membretes antagónicos al
PRI les llaman “conversos”--, y menos aceptado contender electoralmente en
representación de los membretes que otrora tanto criticaron, combatieron y
menospreciaron. Son los casos de
Acción Nacional (PAN), Convergencia, del Trabajo (PT) y de la Revolución
Democrática (PRD), que, por cierto, hoy se solazan vociferando avanzar en el
terreno político-electoral, cuando está visto que en Guerrero, Oaxaca,
Aguascalientes, Tlaxcala y Zacatecas, por lo menos, quienes han ganado la
elección han sido puros ex priístas que aún no logran definirse
ideológicamente. Por eso el título
de esta colaboración: Son los mismos. Y ni modo que sea
cuento. ¿O acaso el PT,
PRD, Convergencia y PAN creen que en verdad han avanzado en el terreno
político-electoral? No, hombre, lo
que ocurre es que la disputa por el poder es cierta, pero sólo entre políticos
del mismo color. Es decir, entre priístas. Momentos de
disciplina “No hagas
nada sin considerar las consecuencias”, reza una sentencia que encontramos en
distintas fábulas de las escritas por Esopo a finales del siglo VI (a.C.)… y en
la actualidad se mantiene vigente. Cito la frase
porque ésta (en Tamaulipas) cobra mayor relevancia ahora que el Gobernador anda
de gira por distintos municipios de la geografía estatal en busca de la unidad
que contribuya al desarrollo del estado, mientras que su equipo más selecto de
colaboradores se mantiene en casa atendiendo los quehaceres propios de su
investidura y advertido de que grillar en ausencia del jefe equivale a firmar
su sentencia de muerte… política, claro está. Así deben
entenderlo quienes sudan calenturas propias y de grupo, pues manejarse con
cuidado, ser leales, disciplinados y planificar el futuro a mediano y largo
plazo es, sin lugar a dudas, un excelente criterio en el que deben abrevar, si
acaso entre sus planes se encuentra recorrer el camino de principio a fin, o,
en su defecto, ser promovidos en la administración pública. Sobre todo cuando
sabemos que todas las inherencias, obstáculos y giros del azar no pueden
dejarse al margen cuando se es profesional en los asuntos del poder; y que la
convicción central de todo buen servidor público es manejar las circunstancias
e impedir que éstas sean las que determinen el rumbo a seguir. Parte del éxito
de un estratega radica en su sensibilidad de considerar anticipadamente los
posibles escenarios y actuar en función de ello. De ahí que la
improvisación y los movimientos en falso, tanto como los aceleres en ausencia
del patrón, sean sólo asuntos anodinos que en forma inevitable en el corto
plazo están condenados al fracaso. Y como decía Carl
Von Klausewitz: “Hay muy pocos hombres, y constituyen las excepciones, capaces
de sentir y pensar más allá del momento presente”. La falta de
planeación, por otro lado, significa un grave problema que pudiera llevar al
caos cualquier proyecto, individual o colectivo, aunque igual de nefasto es que
aun cuando existen previsiones los encargados de atender una misión y una
visión a corto, mediano o largo plazo, sean los mismos que pudieran poner en
crisis lo establecido merced a su proclividad futurista. Por eso y más,
aunque distante de Ciudad Victoria en el aspecto físico, Egidio Torre Cantú se
mantiene puntualmente informado de cuanto aquí ocurre, porque en Palacio de
Gobierno cuenta también con colaboradores leales a su proyecto, que
difícilmente se prestarían a un doble juego. Legalidad
desatendida Aun cuando en
Tamaulipas existe una amplia y sólida estructura jurídica que norma la conducta
entre los individuos, se adolece de cultura para aplicar, acatar y respetar las
leyes. Tan pronto entra
en vigor un nuevo ordenamiento, éste se incumple pese a que los transgresores
tienen conciencia de estar actuando al margen de la ley y que en razón de ello
podría venir una sanción. Reza un principio
jurídico que la ignorancia del precepto no exime de la culpa al infractor, por
lo que nadie se salva de verse inmerso en problemas legales, en un momento
dado, si como frecuentemente ocurre soslayamos nuestras obligaciones ciudadanas
y los servidores públicos, encargados de aplicar la ley, lo hacen de manera
incorrecta y siempre buscando el beneficio personal. La salida más
fácil por parte de los transgresores es recurrir al “influyentismo” o de plano
al cohecho, a fin de no ser alcanzados por el brazo de la justicia ante un
ilícito cometido, a lo que fácilmente se prestan las autoridades, si no todas,
al menos sí las que cotidianamente están en contacto con la población. En el colmo del
cinismo, hemos oído hasta la saciedad la ordinaria frase que sostiene que las
leyes se hicieron para violarlas; y a fuerza de escuchar ese absurdo algo se
queda en el colectivo social, como si fuera motivo de orgullo para los
infractores y los corruptos representantes de la ley. De ahí la
necesidad impostergable de inculcar de manera sistemática valores cívicos a los
niños, adolescentes y adultos, aun cuando en los tres niveles del gobierno no
se entienda que la problemática empieza en casa y corroe todo el tejido social,
sin que hasta el momento exista plan o proyecto alguno de hacer que la ley se
aplique y respete conforme a derecho. Claro que el
camino para el respeto a la legalidad no es la revuelta o la desobediencia
pública ante tanto abuso, pero sí la exigencia de que la autoridad cumpla lo
establecido en la ley y predique con el ejemplo sin prestarse al cohecho ni
cualquier otro método de corrupción. Por eso se han
perdido el principio de autoridad y los valores cívicos. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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