Por: Juan Sánchez-Mendoza30/01/2011 | Actualizada a las 22:30h
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Quienes buscan espacios de poder, están
maleados Son los que están y los que por primera vez
intentan Congreso tiene ante sí denuncias contra ex
alcaldes El caso Guerrero, más de lo mismo contra el
tricolor La estructura
burocrática de segundo y tercero niveles –es decir, la que involucra a
directores de área, subdirectores, jefes de departamento y a otros empleados de
confianza--, empezó a conformarse la semana que nos antecede y por supuesto en
lo sucesivo habrán de darse a conocer el resto de los nombramientos. Pero sin prisas. Y por eso no debe
extrañar que algunas posiciones permanecieran acéfalas incluso hasta el ocaso
de febrero. Bajo este
entendido, creo pertinente advertir a los personajes que ambicionan conservar
sus ínsulas de poder dentro de la administración pública estatal, que el doble
juego a nada bueno conduce. El comentario
surge por saber que el chaqueteo (de servir a dos amos a la vez) más temprano
que tarde habrá de cobrarles la factura; y que las expectativas trazadas sólo
podrían cumplirse en tiempo y forma si el gabinete en pleno es diseñado para
moverse en una misma línea. Es decir, sin
dobleces ni dubitaciones. Por eso quienes
aspiran a formar parte de la estructura del poder (y los que buscan ser
confirmados en el cargo) –no digo ratificados, porque según la vox populi a los
beatos se les beatifica, a los santos se les santifica y a las ratas se les
ratifica--, obligados estar a mostrar lealtad y comprometer toda su sabiduría
para atender la misión encomendada por el jefe del Ejecutivo estatal. Igual deben
asimilar cualquier cambio estructural que se realice en aras de la unidad y el
fortalecimiento del régimen; aparte de agudizar su comportamiento estratégico
en pleno arranque (todavía) de la nueva administración pública, porque esto es,
precisamente, lo que marcaría la diferencia entre su éxito y su fracaso. También –quienes
logren colocarse como empleados de confianza--, tienen la responsabilidad de
aportar lo más valioso de sí mismos a la tarea colectiva, a fin de que el
patrón avale y reconozca su desempeño particular y de grupo, basado en la
articulación que logren en los planes, proyectos y acciones por él
establecidos. Obviamente esto
sólo podría darse cuando los actores conciban el ejercicio público como la
oportunidad de sobresalir en conjunto y no como un espacio para librar batallas
estériles en aras de asegurar un cargo en la administración pública, como tanto
se advierte en algunas dependencias. Ciertamente sólo
las grandes empresas y organizaciones cuentan con elementos probados que llevan
la camiseta bien puesta y anteponen los intereses de grupo a los personales, a
diferencia de las instituciones que son prácticamente incubadoras de
saltimbanquis, trepadores y oportunistas, aun cuando el jefe en turno se empeñe
en desterrar esas nocivas actitudes que tanto daño han hecho al ejercicio
público y más al conglomerado social. Falta de
congruencia Entre las
cofradías coyunturales que buscan incorporarse al servicio público o bien
mantener el control al menos en sus ahora ínsulas de poder –es decir, en las
secretarías--, la conformación de los grupos de trabajo y la lealtad de sus
integrantes son asuntos harto complicados. Ahí, por
desgracia, ocurre que los individuos (“auto-mentados”) institucionales
comúnmente carecen de sensibilidad, talento e identidad con la causa a la que
(sexenalmente) se afilian --de motu proprio o mediante recomendación expresa--;
desdeñando la importancia de manejarse con sencillez y ecuanimidad, pero
cantando loas por sus hazañas y arropando sus complejos en los mitos de
eficiencia y calidad, que, en apariencia, les distinguen. Y es que en el
aparto burocrático encontramos a muy pocos sujetos que muestran congruencia y
autenticidad. Sobre todo porque
regularmente los equipos (¿?) no pasan de ser una suma de facciones que son
incorporados a una misión, cavan su trinchera y esperan a que transcurra el
tiempo para cobrar sus servicios. Con marrullerías,
algo de labor partidista y uno que otro acierto en el área que dominan, durante
varios regímenes han logrado llegar a lo más selecto del grupo de interés. Y una vez ahí han
afianzado su egolatría y se ostentan como gurús. “Soy del equipo
original, amigo del Gobernador desde antes que entrara al mundo de la
política”, han espetado con toda seguridad, a lo largo de muchos años y
dispuestos siempre a seguir pegados a la ubre gubernamental, pues no les motiva
nada más que el salario, jugosas compensaciones y estímulos brindados por los
contratistas, proveedores y prestadores de servicios, “gracias al poder de su
firma”. Lo peor del caso
es que una vez refrendada “su autoridad” en la materia --al menos así actúan--,
sacan a relucir las prendas y debilidades que les distinguen. Por ejemplo,
hablan a nombre del jefe del Ejecutivo en turno, del que afirman ser
confidentes y compañeros de parrandas y mil batallas. Esos trepadores,
en su pisada, han aplastado callos de quienes consideran sus adversarios aún
dentro del equipo institucional, pasando por alto que con esa actitud han
puesto en riesgo todos los proyectos y planes gubernamentales. Pero les vale.
Para ellos es costumbre transexenal E incluso ahora
algunos ya se solazan grillando, injuriando y filtrando rumores, sin haber sido
confirmados en el cargo, asestando puñaladas traperas a sus mismos compañeros
de travesía. Funcionarios
cuestionados Los gambusinos
transexenales no son los únicos que le hacen daño al sistema político de
Tamaulipas. No, sino también algunos funcionarios de nuevo cuño, quienes no
arribaron solos al equipo. Dependiendo de su
jerarquía lo hicieron flanqueados por la secretaria, el asistente, el chofer,
el asesor, el encargado de informática y otros subordinados y seguidores, que
siempre están dispuestos a cumplir cualquier deseo de su benefactor. Lo advierto
porque esos aventureros más tardaron en recibir una encomienda que en
confrontarse con otras tribus que buscan exactamente lo mismo –el poder por el
poder mismo--, y de esas luchas intestinas emergen las filtraciones públicas y
muchos de los argumentos que caen en manos de los críticos sistemáticos del
Gobierno. Comentario aparte
merece la “exquisitez” de su comportamiento que contrasta con el desprecio
inocultable que les causan los sectores populares. También
consideran a la ciudad y al estado en que viven y laboran como pueblos pequeños
que no los merecen, por su complejo mismo de aristócratas. Sin embargo todo
su frenesí, aplomo y calentura, habrá de culminar cuando el Gobernador les
llame la atención y les exija seriedad, responsabilidad y trabajo, so pena de
prescindir de sus mediocres servicios. De cualquier forma
son los menos y poco tiempo tiene, casi nada, para evitar que los gambusinos
transexenales se incorporen a su proyecto. Amigos y enemigos El libro
intitulado “Las 48 leyes del poder” --de Robert Greene--, nos ilustra sobre
diversos temas de política práctica. Y uno de ellos,
en especial, lo recomiendo leer a toda la nueva clase política tamaulipeca,
porque según observo el Gobernador en turno con el autor coincide, por su
manera sensata de ser, espontaneidad en su trato con el conglomerado social y
análisis del comportamiento humano. Dice la obra en
su contexto: “Nunca confíe
demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos. “Desconfíe de los
amigos; suelen ser los primeros en traicionarlo, ya que caen fácilmente presa
de la envidia. “También suelen
convertirse en irrespetuosos y tiranos. “En cambio,
emplee a quien haya sido su enemigo, y le será más leal que un amigo, ya que
deberá hacer mayores esfuerzos para demostrar su adhesión. ”Lo cierto es que
usted debe temer más a sus amigos que a sus enemigos. “Si no tiene
enemigos, busque la forma de creárselos”. Al respecto,
Voltaire plasmó: “Señor, protégeme
de mis amigos, que de mis enemigos me protejo yo mismo”. Recomendación A quienes
integran el equipo de Egidio Torre Cantú, a un mes de haber iniciado su mandato
constitucional, igual dedico un pensamiento de Thomas Hubbard: “Si usted trabaja
para un hombre, por Dios, trabaje por él; hable bien de él y sea fiel a la
institución que él representa. “Si usted quiere
murmurar, condenar o encontrar faltas constantes, entonces es mejor que
renuncie a su puesto, y cuando esté fuera dé rienda suelta a la maldad de su
corazón. “Pero mientras
sea parte de la institución, ¡no censure!, si lo hace la primera ráfaga de
viento que pase se lo llevará, y probablemente usted nunca sabrá por qué”. Se hace camino al
andar *** En Guerrero
se repite la historia de una mala selección priísta. *** Y de ello le
comentaré en análisis por separado. *** Esta semana
será crucial en el Congreso del Estado, pues la presidenta de la Junta de
Coordinación Política de la LXI Legislatura, Anastasia Guadalupe Flores Valdez,
habrá de conocer denuncias acerca del desvío de fondos realizados por los ahora
ex presidentes municipales Óscar Luebbert Gutiérrez (Reynosa), Ramón Garza
Barrios (Nuevo Laredo), Óscar Pérez Inguanzo (Tampico) y Javier Gil Ortiz
(Altamira), así como las irregularidades cometidas por el (ex) secretario de
Obras Públicas del Gobierno estatal, Alberto Berlanga Bolado, entre otros. *** ¿Qué hará al
respecto? *** Por cierto,
contra el “Germán Muster” de Victoria –el tan mentado Arturo Díez Gutiérrez--,
hay igual mar de denuncias por omisión, opacidad, corrupción, negligencia y
hasta corrupción, que cualquier ciudadano tiene capacidad pa’ documentar. *** ¿Y acaso
habrá de sancionársele con el corte de más árboles? Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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