Por: Juan Sánchez-Mendoza27/01/2011 | Actualizada a las 08:50h
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Políticos
anteponen adjetivos a la altisonancia Es decir,
pervierten el uso de nuestro lenguaje Transformación
estructural priísta es prioritaria Empiezan a surgir
nombramientos esperados Nuestro lenguaje, basto y rico en matices, es la forma
empleada por el hombre para comunicarse con sus semejantes. En su expresión oral y escrita permite el entendimiento
social tanto como el aprendizaje, amén del intercambio de valores y contenidos
culturales entre los distintos núcleos que al orbe pueblan. De ninguna forma podemos prescindir de este rasgo
distintivo que nos identifica como seres humanos y nos separa del reino animal,
pues se supone que somos gente civilizada gracias al desarrollo de las
posibilidades de comunicación, entre las que destaca la lengua. Especialistas en historia y antropología --basados en
investigaciones sólidas que sustentan su apreciación--, sostienen que el
trabajo y la articulación del lenguaje (que nos permite evocar significados
comunes con otros semejantes) son acontecimientos fundamentales que han
contribuido a la conformación del género humano, desde que se ha tenido
conocimiento de que hubo vida (humana) en el planeta. Actualmente la expresión y el manejo del lenguaje
(entendido como idioma) tiene diversos usos: desde la comunicación cotidiana
(con fines prácticos) a través de lenguas diversas, hasta su utilización a
manera de herramienta persuasiva (cuando se trata de imponer la voluntad propia
o de grupo). El encadenamiento de palabras que tengan coherencia y
sentido, permite a las personas crear una imagen pública o enjuiciarla a través
de la expresión de las ideas, la crítica, o, simple y llanamente, la
descalificación. De ahí que el idioma utilizado con fines oscuros y
malignos --una vez que encuentra bocas de salida masiva--, sea un poderoso
recurso que podría acabar con la más sólida presencia pública, tanto como
formarla o fortalecerla, aun cuando el sujeto de referencia presente conductas
reprobables. Palabras tendenciosas Las frases hechas, las figuras del discurso, las
contraposiciones y demás arsenal del lenguaje oral y escrito, son oro molido en
boca de líderes civiles y religiosos, militares, comunicólogos y, sobre todo,
políticos. Ellos tienen la idea de que así podrían convencer a sus
receptores de que son los portadores de la lógica y la verdad, mientras que el
adversario poco le significa por considerar que (éste) vive equivocado; es
decir, en el error. Pero en fin… de acuerdo a las recomendaciones de expertos
en comunicación persuasiva, a los enemigos hay que exhibirlos con todos sus
defectos y desproporciones. Ésto tratando de adueñarse de la situación, a la vez que
se nulifica al oponente. En función del ejercicio de poder, cotidianamente somos
testigos de los dardos envenenados que salen del ronco pecho de ciertos hombres
públicos y sus panegiristas, quienes no desaprovechan la oportunidad de exhibir
la “inteligencia y dominio del idioma” que poseen, aunque sus palabras
regularmente reúnan las connotaciones estridentes y folclóricas que reflejan su
auténtica forma de ser; su verdadero yo. Figuras retóricas, simulación, fabulación, epítetos y
calumnias, forman parte de los recursos utilizados en la guerra verbal desatada
en la disputa por el poder; y quien calumnia habitualmente emplea la palabra
maldiciente, el lenguaje difamatorio y denigrante, aún consciente de que su
discurso es hablilla, chantaje, amenaza o simple tontería. La calumnia con frecuencia es alegato contra la persona
ausente, a quien se degrada mediante palabras --aquí las víctimas también
pueden ser instituciones, grupos, símbolos, proyectos u opiniones--, y con ella
se pretende arraigar en los receptores para ganar su asentimiento, inoculando
(siempre) el odio y destruyendo al antagonista. Por eso el embuste es ampliamente utilizado entre los
actores políticos, diplomáticos, hombres de negocios, periodistas, etcétera,
tanto como la difamación o la maledicencia. Perversidad del emisor Hay individuos que acostumbran utilizar el lenguaje oral
no precisamente para expresar ideas o proyectos, sino para enjuiciar y
ridiculizar a sus contrarios a través del reducido y generalmente ordinario
repertorio que tienen del riquísimo idioma. En esa agresión, por tanto, no hay nada figurado o
cifrado, simple y llanamente se acude a la vulgaridad, por ser ésta inherente a
su personalidad. Bajo esa tesitura aparecen actores de todos los estratos
sociales, económicos y políticos; dirigentes partidistas, aspirantes a cargos
de elección popular, hombres de negocios y figuras devaluadas por los
pervertidores del idioma o por quienes a éstas representan, en un claro afán
por destacar mediáticamente. Incluso los vocablos concebidos por ellos mismos amenazan
desplazar la palabra cantinflear (que significa hablar mucho y no decir nada)
del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que, supongo,
escasos son quienes alguna vez lo han consultado. En este rubro encajan muchos actores políticos del plano
nacional y también del ámbito doméstico, que por falta de espacio no consigno
pero usted bien sabe a quienes me refiero. Sin embargo a ellos poco les importa la buena o mala
imagen que pudieran lograr con sus exabruptos ante la opinión pública. Por eso y más (en ocasiones) los comunicadores
profesionales tampoco cuidamos el manejo del lenguaje. Cambios en el tricolor La renovación estructural del Comité Directivo Estatal
(CDE) del PRI, en lo que atañe a las secretarías y organismos que son manejados
por Lucino Cervantes Durán, es una asignatura que amerita resolverse en lo
inmediato, a menos que se pretenda dilatar los movimientos hasta que los “auto
destapes” prematuros (con miras al proceso electoral del 2012) resulten
incontenibles De otra forma no se entiende la demora para renovar la
estructura partidista que al tricolor dé vitalidad, rumbo y certidumbre, en
esta etapa donde la mentada “gran familia revolucionaria” anda con las pilas
bajas. La necesidad de reorganizar al partido, igual encuentra
sustento en los desajustes que atraviesan sus comités municipales, donde la
indisciplina, insubordinación, controversias y “madruguetes” se han vuelto cosa
cotidiana, sin que haya autoridad capaz de meter en cintura a los grupos que ya
se disputan las candidaturas al Congreso de la Unión, a más de un año de
iniciarse formalmente el proceso. Por otro lado, debe tomarse en cuenta la inconformidad
que persiste entre decenas de los priístas que colaboraron en la campaña
priísta por la gubernatura del estado y siguen reclamando el pago de
honorarios, viáticos, apoyos prometidos y empleos ofertados. De ahí la necesidad del cambio. No para enjuiciar a
quienes se van, sino para fortalecer al PRI en aras de lo que viene. Se hace camino al andar Los nombramientos extendidos en la víspera, en cuanto a
servidores públicos de mediano pelo se refiere, significan el inicio
operacional de la estructura burocrática –sólo eso--, pues con tantos generales
y sin mandos medios ningún proyecto podría avanzar. El gobernador Egidio Torre Cantú estuvo ayer en Reynosa y
su presencia fue harto significativa para respaldar al presidente municipal
Everardo Villarreal Salinas, de quien dijo tiene un aliado para aterrizar los
planes y programas en beneficio de esa localidad fronteriza. De última hora, me reportan que el Gobierno del Estado
condena la muerte de la señora Nancy Jonne David (cuando en el país vecino del
norte recibía atención médica), y la autoridad estatal ofrece a la comunidad
mormona indagar, en coordinación con las instancias federales, sobre las causas
del atentado e ubicar a los responsables. ¿Usted les cree? Yo tampoco. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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