Por: Juan Sánchez-Mendoza17/01/2011 | Actualizada a las 22:32h
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Crece problemática por expansión demográfica Egidio ofrece ser el mejor aliado de la sociedad El transporte público afecta a miles de usuarios Ofensiva repartición de recursos autoriza el IFE La explosión demográfica de
cualquier localidad fronteriza trae consigo problemas que ameritan ser
atendidos adecuadamente, pues de lo contrario más temprano que tarde
provocarían crisis social y rebasarían todo control de la autoridad. Entre las disfunciones más
comunes sobresalen la inmigración, el desempleo, la inseguridad y la carencia
de servicios públicos adecuados. Cotidianamente somos testigos
de las críticas fundadas por parte de la ciudadanía o sus representantes, al comprobar
cómo los funcionarios federales le sacan la vuelta a la necesidad de apoyar con
más recursos a los municipios fronterizos que tantos miles de millones de pesos
generan al sistema hacendario vía impuestos, desde Tijuana (Baja California)
hasta Matamoros (Tamaulipas). Drenaje, pavimentación, agua
potable, alumbrado, seguridad, vivienda, servicios de salud y transporte
público, son algunas asignaturas que siempre han estado pendientes de resolver
en las localidades fronterizas, en tanto que éstas crecen a ritmos vertiginosos
y los presupuestos se achican ante la problemática. En este contexto se acarrean
verdaderos lastres, y, con todo y la oferta federal de atender el fenómeno para
regular el desarrollo urbano acá de este lado, las dificultades siguen al alza
porque no existe una adecuada planeación estratégica mediante la cual se
visualice el desarrollo y fortalecimiento de nuestra zona limítrofe con Estados
Unidos. Por eso es necesario construir
nuevos mecanismos de gestión y administración pública, que permitan a los
ayuntamientos fronterizos encarar en mejores condiciones los retos de
desarrollo y la competitividad. Así lo entiende el gobernador
Egidio Torre Cantú, ya lo creo, quien en la víspera inició una gira de trabajo
por los municipios tamaulipecos y fue en Nuevo Laredo, precisamente, donde dejó
constancia de que él es el mejor aliado de la comunidad fronteriza para llevar
a cabo todos los proyectos que deriven en beneficio familiar. Paisaje estatal Por lo que toca a los
alcaldes fronterizos, éstos saben que es tiempo de impulsar nuevas iniciativas
que aceleren la integración regional y fortalezcan el crecimiento de sus
comunidades. Pero no todos atienden
cabalmente esta premisa, pues hay ediles que aún no entienden la importancia de
su obligación administrativa, como puntualmente lo han consignado varios
analistas y lo comentan cotidianamente allá en la ribera del río Bravo. Sobre
todo en la llamada frontera chica. Todo lo contrario ocurre en
Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, donde Benjamín Galván Gómez, Everardo
Villarreal Salinas y Alfonso Sánchez Garza sí se han entregado de tiempo
completo a cumplir con su quehacer público. El caso de los presidente
municipales de la ribereña, también hay que reconocerlo, se cuece aparte, ya
que estos han optado por no meterse en grillas que no son de su incumbencia y
tratan de llevar la fiesta en paz, aunque en otros municipios, como Río Bravo,
la sospecha de corrupción, peculado, cohecho y un verdadero rosario de ilícitos
recae sobre el ex alcalde Roberto Benet Ramos, sin que hasta el momento se le
haya llamado a cuentas pese a las denuncias presentadas en su contra. En fin, esta es sólo una
pequeña observación del escenario político-administrativo que refleja la
frontera tamaulipeca. Municipios con problemas El crecimiento poblacional de
cualquier localidad, igual que en la frontera –o más, según se ha observado en
los municipios considerados rurales--, trae consigo complicaciones que
requieren atención inmediata. De esta manera las autoridades
continúan ceñidas a la tradición de generar grandes expectativas cuando asumen
un puesto, pero terminan arguyendo que no alcanza el tiempo, que los recursos
son insuficientes, que las leyes son imprecisas y obsoletas, o que simple y
llanamente los involucrados muestran poca disposición para superar la
problemática. Así hasta la saciedad y el
cinismo, como se ha visto en la zona conurbada del sur que conforman Altamira,
Madero y Tampico, en los regímenes que recién concluyeron Por eso la Ley de Transporte
del Estado de Tamaulipas permite a los particulares operar y prestar el
servicio público vía concesión en las principales ciudades, sin que hasta el
momento nadie logre meterlos en cintura para profesionalizar su quehacer
cotidiano. Estamos hablando de cerca de
10,000 unidades entre taxis, autobuses, microbuses y minibuses, que diariamente
trasportan a cientos de miles de pasajeros. Aquí, en la entidad, el
fenómeno empezó a crecer en la década de los 70as y de ahí en adelante no ha
habido poder humano que le ponga remedio. Han surgido organizaciones de
trabajadores del volante, se han repartido las rutas, se han abierto otras más
y se ha obligado a las autoridades a reconocer su presencia. No obstante por la
confrontación entre los mismos concesionarios que siempre han buscado el
monopolio del transporte, existe la necesidad de renovar otra vez la ley en la
materia para ordenar esta actividad y modernizarla en beneficio del usuario. Al paso del tiempo se ha
pretendido justificar la inoperancia de la reglamentación vigente, dado que
casi el 50% de las unidades no han sido renovadas. Entonces, ¿quién falla? Los dueños del autotransporte
se niegan a modernizar sus unidades hasta en tanto no les autoricen nuevos
aumentos de tarifas –y ni aún permitiéndoselos renovarían el parque
vehicular--, y las autoridades simple y llanamente se limitan a reiterar que ya
se está levantado un padrón confiable –eso lo he escuchado durante décadas--, a
fin de obligar a los concesionarios a prestar un mejor servicio –también
durante décadas lo he oído--, pero sólo para justificar su indolencia para
enfrentar el problema. Lo peor del caso es que el
pueblo sigue pagando caro tanto desgarriate. Comunicación inadecuada Las críticas más recientes de Felipe Calderón Hinojosa en contra de los
medios de comunicación masiva, actualiza o reedita, según el punto de vista de
cada cual, el viejo problema de la comunicación presidencial, que, en sí mismo,
no es un dificultad de origen, sino la dificultad derivada de la interpretación
política que del país hace e impone él como Presidente de México. Desde el régimen de Miguel de
la Madrid Hurtado (1982-88) y hasta la fecha (inclusive), el problema del
manejo de prensa en Los Pinos se ha complicado, o, mejor dicho, globalizado sin
que mejoren sus contenidos en cuanto a la concepción histórica y política de
nuestro país y su enmarcamiento ruinoso frente al mundo. Esto porque los últimos cinco
jefes del Ejecutivo federal, incluido Felipe, se dejaron seducir por las mieles
informativas de los grandes consorcios estadounidenses que cabildean e influyen
en la política de Washington. Especialmente en el Senado del país vecino del
norte, que en una clara actitud intervencionista se ocupa una y otra vez de
todo cuanto aquí se hace, pero magnificando nuestros problemas para ocultar que
el origen de muchos males se encuentra allende el río Bravo. Bajo esas condiciones hoy se
abre un mercado costosísimo de dependencia y cabildeo informativo con los
gringos; principalmente con los “chamanes” de los medios más influyentes que
mandan aquí y del otro lado de la frontera norte, sin que el Presidente de
México tenga mayor capacidad de maniobra. A raíz de ello se acentúa el
fracaso en el manejo de la comunicación social de la Presidencia --incluidos
todos los órganos en la materia--, y a los responsables del área, para
justificar su actividad, no se les ocurre otra cosa que amordazar a la prensa,
mediatizarla, privarla de contenidos, acosar periodistas, cercarlos desde las
propias oficinas editoriales o bien encarecerles el medio y el modo de escribir
y opinar sobre la realidad de su país. En cuanto a la televisión, a
la vez que se roba la imagen pierde los contenidos y hasta pareciera que se
gobierna a través de ésta, cuando antaño los presidentes de México se
relacionaban con las masas populares a través de la palabra escrita. Por eso la crisis de la
comunicación presidencial se ha viciado. A grado tal que cuando Calderón
Hinojosa creyó alcanzar las alturas quiso decretar en México la seguridad
pública a través de la pantalla chica –no de manera real, sino mediática--,
tomando por modelo las estupideces que puso en boga Joseph Paul Goebbels en
cuanto a su desprecio por la prensa escrita. En su primer intento
fracasó. Está visto, por lo que ahora hay quienes aseguran que Felipe está
decidido a corregir el rumbo y de aquí en adelante caminará muy de la mano con
los medios impresos, “porque seguramente así se lo ha recomendado su nuevo
equipo de prensa”, según advierten algunos lectores de noticias de la pantalla
chica. En lo personal tengo mis
dudas. Pero tampoco soy aguafiestas ni acostumbro ahuyentar la cándida ilusión
surgida en las entrañas mismas de algunos editores. Se hace camino al andar *** Para los cerca de 54
millones de pobres que hay en México, el reparto de recursos económicos a los
partidos políticos –provenientes de nuestros impuestos--, dispuesto por el
Instituto Federal Electoral (IFE), significa más que un recordatorio maternal. *** ¿Y cómo no?, si en el
presente año al PRI le serán entregados cerca de mil millones de pesos; casi
800 al PAN; más de 400 al PRD; aproximadamente 300 al PVEM; más de 200 al PT y
al Panal; y poquito menos a Convergencia. *** ¡Ah!, pero eso sí, pa’
justificar ese derroche el mismo IFE “amenaza” con multar a Enrique Peña Nieto
por promoverse mediáticamente en entidades donde este año habrá elecciones. *** ¡Bah! Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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