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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Caciques desfasados

Por: Juan Sánchez-Mendoza 12/01/2011 | Actualizada a las 22:32h
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Otros fueron amos y señores allá en los municipios
Actualmente, los alcaldes poco los toman en cuenta
Es difícil lograr la cohesión que tanto requiere el PRI
Hay un claro divorcio entre el pueblo y el Presidente
 
Los viejos caciques, cuya decadencia se percibe cotidianamente en el campo, sindicatos y partidos políticos, casi nada tienen que ofrecer a cambio de seguir gozando de canonjías, privilegios y jugoso contratos de obra pública.
 
Sin embargo algunos presidentes municipales hacen como que les creen mientras ellos, los otrora amos y señores de comarcas, se ven ridículos pontificando, pues para nadie es secreto que actualmente carecen de influencia política.
 
Además su presencia en las comunidades es unipersonal y ya no son capaces de manejar siquiera a los integrantes de sus propias familias, como lo demuestra el hecho de que en un mismo clan haya controversias ideológicas.
 
 Usted quizá fue testigo, le informaron o simple y llanamente lo sabe de oídas, que antaño las posiciones en los ayuntamientos se otorgaban casi en exclusiva a quienes recomendaban los caciques regionales, porque según ellos ésta era la única forma de garantizar tranquilidad en las localidades y por ende gobernabilidad.
 
En ese entonces los caciques financiaban candidaturas, obstaculizaban otras, controlaban los órganos electorales, ejercían descaradamente el “dedazo”, manipulaban al sufragante, alentaban el relleno de urnas, ordenaban el robo de ánforas cuando sentían que el escrutinio sería adverso a su causa, amenazaban abiertamente a sus opositores, le exigían a los curas que desde sus púlpitos indujeran el voto, ponían y quitaban candidatos, y hasta se daban el lujo de administrar los recursos públicos sin que la autoridad pública en funciones, “apadrinada” por ellos, osara oponerse.
 
Práctica estéril
 
Esa vieja maña, la de los cacicazgos, si bien es discutible que en otra época cumplió una función, hoy está al borde del aniquilamiento.
 
Pero los que aún creen ejercer soberanías regionales no lo entienden así y se muestran irreverentes ante los políticos más jóvenes que ellos, quienes por cierto les dan coba para no pelear y hacen como que los necesitan en su proyecto inmediato, cuando en el fondo lo único que a éstos viejones provocan es tanta pena como diversión, pues sabido es que el tiempo no perdona y a muchos de caciques ya se les van las cabras.
 
En cualquier manifestación, mitin, reunión, encuentro, asamblea o como les llamen a las concentraciones municipales, regularmente asisten caciques en decadencia –disfrazando su verdadera piel de lobo con una de oveja, y haciéndose llamar clase política--, para dizque avalar a los alcaldes.
 
Desde su llegada al evento, el cacique en decadencia recibe atención especial, se le cita públicamente, se le aplaude --eso sí, con mucha “efusividad”--, y en cuanto se va los comentarios que se vierten sobre su figura son de desprecio y pena, pero con harto disimulo.
 
Incluso sé que los políticos “modernos” poco los toman en cuenta por saber que ya nada representan; que están más devaluados que el peso, y que su aportación en el terreno político-administrativo vale tanto como la de cualquier otro ciudadano.
 
Surge esta reflexión tras observar que en el campo todavía se dan intentos de cacicazgos; y que éstos se fincan en el hecho de que los dueños del teléfono rural, que también son propietarios de la tierra, el ganado, las parcelas, los solares, la tienda, la cantina, la veterinaria, el depósito de cerveza y otros negocios, creen que igual pueden decidir por sus semejantes en los asuntos de la administración pública.
 
Pero están equivocados, ya que los caciques, desde hace muchos años, dejaron de ser sustento del desarrollo municipal.
 
PRI, tras la cohesión
 
La cohesión que tanto requiere el Partido Revolucionario Institucional (PRI) para llegar plenamente fortalecido al proceso electoral (federal) del 2012, en teoría es sencillo lograrla, pero en la práctica hay necesidad de emplearse a fondo e ir al rescate de los cuadros que hasta hoy se sienten marginados.
 
A ellos se les debe convencer mediante el diálogo permanente, abrirles espacios de activismo partidista e involucrarlos en un pacto político que debe sellar la gran familia revolucionaria, si acaso el interés común es jugarse el todo por el todo para recuperar la Presidencia de la República.
 
De otro modo se correría el riesgo de que esos inconformes sean contaminados por otros militantes cuya indefinición ideológica salta a la vista, y que la oposición trate de cooptarlos con el viejo cuento de hacerlos candidatos a senadores y diputados federales, como ya ocurrió en el pasado.
 
Lo más sencillo, para los malos consejeros priístas, sería dejarlos marcharse. Pero no es lo adecuado; y menos cuando hay quienes han dedicado años al partido y en esta ocasión sólo piden se les tome en cuenta como activistas; reclaman la atención del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) –no el de Beatriz Paredes Rangel, sino el que habrá de presidir Humberto Moreira Valdez--, y buscan participar abiertamente en el proyecto de retornar a la residencia oficial de Los Pinos.
 
Relevo doméstico
 
Por ahí debe empezar la tarea más importante del nuevo dirigente estatal del PRI.
 
Sobre todo cuando son múltiples las voces que exponen la necesidad de vigorizar la unidad hacia el interior del partido y la competitividad ideológica hacia fuera; una democracia de calidad y una política social de avanzada que fortalezca a los cuadros domésticos del tricolor.
 
Devaluación infame
 
Por más que el Gobierno Federal pretenda disfrazar la devaluación del peso, aduciendo que la crisis financiera mundial impacta en nuestra moneda igual que en otras divisas como el dólar y el euro, hay análisis catastróficos (externados por especialistas) que no admiten dudas en cuanto a su real desvalorización.
 
Por eso insisto, ya (casi) nadie cree en las promesas redentoras del mentado “hijo desobediente”.
 
Lo cierto es que existe devaluación y que aun cuando el señor de Los Pinos se niegue a declararlo, la sufrimos día con día los alrededor de 120 millones de mexicanos.
 
Divorcio Gobierno-pueblo
 
Nunca como ahora, en México, se había dado tan grave separación entre el pueblo y el Gobierno Federal.
 
Y es que Felipe Calderón Hinojosa continúa las prácticas neoliberales de anteriores regímenes, al tolerar que se encarezca el dinero en forma tal que podría acelerarse la debacle para las llamadas clases medias o clases emergentes, condenadas a desaparecer desde el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado.
 
No obstante sus amanuenses pretenden hacernos tragar el cuento de que él nada sabía del trance económico provocado por las medidas adoptadas por Vicente Fox Quesada, repetidas por él, y por ello él también exige más de esfuerzo y sacrificio, con el rollo de que sólo así logrará darse una recuperación.
 
Por ello la crítica popular no es benévola con el señor de Los Pinos; y menos cuando cerca de 80 millones de mexicanos que acarician la miseria ilustran un país frustrado, irritado; sin esperanzas tangibles de recobrar el bienestar suyo y de sus familias, al menos en los próximos años.
 
Hasta hoy se puede decir que Felipe y sus colaboradores controlan la economía, las finanzas, el dinero, pero no dan solución a los compatriotas que piden empleo, vivienda, seguridad.
 
La perspectiva de una mejor vida.
 
Hoy los mexicanos somos víctimas de la incompetencia e incapacidad del gobierno federal, y, por tanto, tendremos que esperar la llegada de otras autoridades para buscar andar hacia delante, porque está visto que hacia adelante, con el señor de Los Pinos, sólo caminan los ricos, los industriales, los banqueros, los privilegiados.
 
Como nunca antes, hoy se cometen errores en serie; nos enteramos de vejaciones contra los ciudadanos de este país; las policías son atropelladoras; los puestos públicos son acaparados por una minoría selecta, incapaz, depredadora; se fractura el aparato político y social; los gobiernos estatales son sojuzgados; la llamada clase política es víctima de persecución y de escarnio; el país está a la deriva.
 
Y por más que se diga que la administración de Calderón Hinojosa es el auténtico gobierno de la transición, el gobierno del cambio verdadero, más de 80 millones de mexicanos, en conjunto, opinamos lo contrario.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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